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‘La Bohème’ regresa al Teatro Real por Navidad (y Michael Fabiano y Ermonela Jaho derriten la nieve)

11 diciembre, 2021
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Mecano debería volver este mes de diciembre aunque solo fuera para cantarle a Michael Fabiano aquello de “quédate en Madrid”. El tenor estadounidense hace un Rodolfo en estado de gracia en La Bohème, que regresa al Teatro Real para calentar el frío invierno y derretir la nieve que inunda la escena. Y lo hace con una pareja de antología, pues al lado del norteamericano está la soprano albanesa Ermonela Jaho, con quien genera una química mágica y sensual, pese a que, a priori, son dos estilos completamente diferentes de voz, el torrente abrumador de uno, frente a la contención sutil de la otra.

Hace muy bien el Real en programar Bohème en estas fechas. Y más si es con este voltaje canoro. La ópera de Puccini es sinónimo de éxito de taquilla, y eso es algo que viene siempre muy bien. Solo los snobs culturales desprecian estos títulos populares, que no por ello dejan de ser obras maestras. Snobs, sine nobilitatis, que normalmente no son el perfil del público que pasa por taquilla para ver una ópera.

Fabiano dejó bien claro, desde el minuto uno, que la noche de estreno iba a ser memorable. Lo fue. El tenor vive un momento espléndido (no en vano fue, posiblemente, el mejor Cavaradossi en la Tosca ‘galáctica’ que cerró la temporada pasada), parece que quiere disfrutar de él en nuestro escenario, y de paso hacernos disfrutar a nosotros. Lo consigue. Y el público se lo agradeció fulminando la leyenda de que los abonados a la première no son de los de romperse las manos.

Un momento del primer acto con Michael Fabiano (Rodolfo) y Ermonela Jaho (Mimí). [Fotos: Javier del Real]

Tanto a nivel vocal –más que espléndido– como actoral, lo da todo en esta función que cierra el año: desde el primer acto hasta el cuarto. Si el tenor puso las cartas boca arriba desde el minuto uno, Ermonela Jaho lo hizo en el 23 con una sentidísima, sutil, Sì, mi chamo Mimì, tras el no menos magnífico Che gélida marina de Fabiano. Empezó la fiesta, que siguió con su primer dúo con Rodolfo [Oh, soave fanciulla]. La soprano compone una Mimí delicada, frágil; exquisita. Quizá podría parecer que demasiado al lado de su potente enamorado. Pero, pese a moverse en estos dos mundos en principio tan diferentes, se nota que hay química entre ellos, y el resultado es de una compenetración bestial.

La producción de Richard Jones, ya vista hace unos años en este teatro, que es coproductor de la misma con el Covent Garden, arranca en una buhardilla que más que parisina parece nórdica (con una puerta, eso sí, de los enanitos de Blancanieves), en la que, en el cuarto acto, la pobre Mimí no tiene ni donde morirse. Pero es una puesta escena que funciona, jugando con la idea de decorados a la vista en medio del inmenso escenario del Real, con tramoyistas moviendo las carras, lo que le da un cierto encanto retro. Todo ello se complementa muy bien con ese aire que también tiene de opereta, tanto en el vestuario como en todo el segundo acto en el Barrio Latino de París y en café Momus, todo un icono en el mundo de la ópera. El tercero, quizás el más complicado a nivel teatral, está muy bien resuelto con ese inmenso escenario casi desnudo y cubierto de nieve.

Ruth Iniesta (Musetta), Lucas Meachem (Marcello), Joan Martín-Royo (Schaunard), Michael Fabiano (Rodolfo) en el segundo acto, el más espectacular de la ópera de Puccini.

Fabiano y Jaho forman una pareja de lujo que se completa con otra que no se queda atrás: la Musetta de Ruth Iniesta y el Marcello de Lucas Meachem. La soprano zaragozana conquista a la audiencia con el que sin duda es el papel más goloso de la ópera, en un segundo acto –el momento más espectacular aquí planteado, como hemos dicho, como si fuera una lujosa opereta parisina– con decorados que no paran de moverse hasta la apoteosis final tras su espléndida Quando men vo soletta per la via. Divertida, descarada, con manotazo al camarero incluido antes de quitarse la ropa interior sobre la mesa, sobre todo, lo que está es muy bien cantada. Sí que es cierto que en estos momentos, puestos a tirar del fondo de armario con producciones de la casa, se echa de menos la espectacular –y extremadamente exquisita– recordada producción de Giancarlo del Monaco de 1998, en los comienzos de este nuevo Teatro Real. Pero ese es otro asunto.

Volvamos a 2021. El principal teatro de ópera de España ha conseguido tener, temporada tras temporada y título tras título, a lo más granado de la lírica mundial del momento. El Real, como dirían los británicos, se ha convertido en the place to be. Es un hecho que todos pasan por aquí, pero –y esto es mucho más complicado– lo importante es que todos quieren pasar por aquí. Y repetir. Madrid es, por fin, una primera plaza de la lírica mundial. El milagro se ha conseguido con una equilibrada programación en la que no se expulsa a nadie del patio de butacas (¡qué fácil es vaciarlo con snobadas, y qué difícil es volverlo a llenar!), junto con una muy estudiada selección de los artistas que la hacen posible. Lejos nos parecen aquellos cercanos tiempos en los que el criterio era el pertenecer a cierto círculo de snobs culturales. Snobs que no son muy aficionados a pasar por las taquillas…

Un momento del cuarto acto, con Krzysztof Baczyk (Colline), Joan Martín-Royo (Schaunard), Lucas Meachem (Marcello), Michael Fabiano (Rodolfo).

El elenco de esta Bohème resulta espléndido en su totalidad. De una compenetración increíble: todos están magníficos. Y con muchos cantantes españoles como el Schaunard de Juan Martín-Royo o el Benoit de Vicenç.Esteve. El segundo de los repartos también promete, con voces como Pablo García López, Raquel Lojendio o Manel Esteve. La Orquesta y el Coro del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid y Coro Intermezzo) junto con los Pequeños Cantores de la JORCAM nos regalan una nueva noche de buen gusto musical. Nicola Luisotti, otro habitual de la casa, disfruta a los mandos del foso, lo transmite al escenario y nos hace pasar una gran noche de ópera a los que estamos en la sala. Esa es la magia de una obra tan maravillosa como La Bohème.

Los que vean este tipo de títulos y funciones como una cosa para las masas no cultivadas pueden esperar unos meses, que recibirán su ración de cultura elitista en esta misma sala antes de alla stagion dei flor. Mientras tengamos este nivel musical y canoro, que nos lluevan muchas Bohèmes así…, y que artistas como Fabiano vayan buscando piso en Madrid para que Mecano tenga, en verdad, un motivo consistente para su reunificación. El ya nos dijo en una entrevista hace algunos años que le encantaría vivir aquí… Que lo cumpla. Nos gustan los súper tenores (y las súper estrellas)

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