19/11/2018

Philippe Jaroussky: “El mundo gay es muy duro con los contratenores”

22 octubre, 2018
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Es uno de los mejores contratenores del mundo. Philippe Jaroussky está en el top five de estos cantantes que, en los últimos años, se han convertido en las súper estrellas de la ópera. Y, como se puede esperar de un cantante de su nivel, no tiene pelos en la lengua. Al menos en lo que al tema gay se refiere.

Está en Madrid para protagonizar en el Teatro Real el estreno en España de Only the Sound Remains. Una ópera contemporánea de la compositora finlandesa Kaija Saariaho. Una historia ¿de amor? entre dos hombres, que navega entre la vida y la muerte: “Hay escenas muy sensuales entre los dos personajes, porque uno, el espíritu, está desesperado de serlo, y quiere entrar en el cuerpo del otro, que es un monje. Esto le da una dimensión muy especial al espectáculo”, nos dice.

Muy implicado en la visibilidad LGTB, está muy preocupado por lo que ha ocurrido recientemente en París, donde ha habido tres agresiones homófobas en menos de un mes. “Amigos míos, muy cercanos, las han sufrido y han tenido un coraje enorme al ahora de enfrentarse a ellos”, nos dice preocupado.

Sabe que el sambenito de los contratenores es que muchos piensan que son los ‘herederos naturales’ de los castrati, que en el barroco eran unas megastars mundiales. Farinelli, sin ir más lejos, se vino a España ‘fichado’ por la corte de Felipe V, para curar la depresión del monarca. En ese momento, el cantante tenía una carrera triunfal en Viena o Londres. Fue nombrado director de los teatros de corte y se quedó en nuestro país.

“El castrato tenía más fuerza, probablemente, que nosotros. Pero ser un contratenor es una manera de decirle al mundo que ser un hombre hoy no es hablar grave, jugar al fútbol o hacer la guerra… Eso es una idea vieja de lo que es ser un hombre. Y esa es, quizás, la razón del éxito de los contratenores desde hace veinte años. Una parte del público se reconoce en esta forma diferente de proponer qué es ser un hombre”, nos asegura sobre esa leyenda que persigue a los cantantes de esta tesitura.

Quedamos con Philippe en el Teatro Real pocos días antes del estreno, para que nos hablara de todo. De Only the Sound Remains, pero también del barroco, de las grandes divas de la ópera o de la fascinación que la lírica despierta en el mundo gay.

Y sí, también de ópera contemporánea. En el montaje que estrena en el Real se juega con el sonido, mediante amplificación, para dar una nueva dimensión a su voz, que es una de las más deseadas por los teatros de ópera de todo el mundo.

El estadounidense Peter Sellars, uno de los directores de escena más fascinantes del momento, se caracteriza por dar una nueva visión a los clásicos de la ópera. Su punto de vista, siempre rompedor, no deja a nadie indiferente. Aquí afronta una obra nueva en esta coproducción del Real con la Opera National de Paris, la Nationale Opera & Ballet de Ámsterdam, la Canadian Opera Company de Toronto y la Finnish National Opera de Helsinki.

Only the Sound Remains se estrena en España en el Teatro Real. (Fotos: Javier del Real)

SHANGAY ⇒ Todo el mundo dice que Only the Sounds Remains es un espectáculo que no se puede definir. Pregunta reto: ¿Podrías definir esta ópera para Shangay?
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ [risas] Una cosa fundamental para entender esta obra es que es un encuentro entre dos personajes. Son dos hombres en el escenario. Digamos que es el encuentro de un espíritu joven y un monje que se conocían en el pasado y tenían, digamos (es mi interpretación, pero estoy seguro de que es así) una relación de amistad muy fuerte, que se acerca a una relación homosexual. Quizás no como la pudiéramos entender hoy, pero sí como podemos pensar que hubiera sido en la antigüedad. Este espíritu había sido, también, el ‘favorito’ del emperador de ese momento en Japón. Hay escenas muy sensuales entre los dos personajes, porque el espíritu está desesperado de serlo, y quiere entrar en el cuerpo del monje. Esto le da una dimensión muy especial. Hay una cosa muy fuerte entre Devone Tines [el barítono que es coprotagonista del espectáculo, junto a la bailarina Nora Kimball-Mentzos] y yo. Un encuentro entre dos personajes, sí, pero, también, entre dos cantantes, dos seres humanos. No podría decir de otra ópera en la que esto ocurra. Con esta sutilidad de relación. Es muy interesante ver este espectáculo para analizar las relaciones entre las personas, quizás en este momento, a veces, demasiado superficiales.

“Quizá siga habiendo una parte de hombres heterosexuales que piensen que tener una sensibilidad a las artes es mostrar una cosa demasiado femenina. No lo sé…”

SHANGAY ⇒ ¿A qué te refieres?
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ Pues a que a veces ‘consumimos’ a la gente como si fuéramos a comprar. No me refiero solo al sexo, sino también a la amistad. Tengo la impresión de que cada vez hay más gente que se relaciona con gente solo por lo que le pueda dar a su vida. Algo material o por cualquier otro tipo de interés. Pero amistad, con profundidad, amistad real, me parece cada vez más y más difícil. Somos de la ‘generación Facebook’ y tenemos muchos amigos. Pero, ¿qué es un amigo? ¿Qué es una relación fuerte entre dos personas? Me parece que este espectáculo habla también de esto.

SHANGAY ⇒ Pasas sin anestesia del repertorio barroco, en el que eres una estrella mundial, a la ópera contemporánea. En el barroco también hay muchas relaciones homosexuales encubiertas…
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ ¡Claro! En muchos de los libretos. ¡Hay muchas relaciones gays en los clásicos!

SHANGAY ⇒ La creación contemporánea es un campo arriesgado y difícil, con menos aceptación por parte del público. Y son libretos que un cantante tiene que estudiar y aprenderse, que luego se representan en muchas menos ocasiones… Y encima para tirarte a una piscina, con menos agua, con respecto a tu repertorio habitual, de éxito seguro.
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ Mi carrera está marcada por cantar lo que me gusta cantar. Así de claro. La mayor parte de ella ha sido barroco, pero si miramos el camino desde el principio, he sido violinista durante doce años, he tocado el piano diez… Comencé a estudiar composición, porque siempre he tenido una gran admiración por los compositores. Para mí, la composición está a un nivel mucho más alto que la interpretación. Es un milagro: partir de nada y componer. Es como pintar o escribir un libro. Para mí es el nivel máximo, crear algo. Yo no creo nada. Siempre he tenido admiración por los creadores. Un cantante le puede dar algo especial a una obra. Pero la obra es la obra, independientemente de quien la cante. Callas puede haber dado mucho al personaje, pero Tosca es Tosca… Como tengo esa fascinación por los creadores, por los actuales la siento aún más. Porque es muy difícil crear algo ahora. Y Kaija [la autora de la ópera] tiene un lenguaje propio. Único. Siento una gran admiración por ella. Como cantante, tengo una gran frustración, porque me gustaría poder componer. Tengo ideas, escribo, pero no tengo la capacidad de crear una instrumentación. Y me gustaría poder decir que quiero utilizar mi fama, mi carrera, para defender cosas en las que creo. Sería muy fácil dedicarme solo a tener el máximo éxito. Muy fácil: me voy a cantar las mismas veinte o treinta arias en recitales, piezas que conozco súper bien, y funciona… ¡Ya está! Arias que canto desde hace veinte años y el público se vuelve loco.

SHANGAY ⇒ Estás directamente involucrado en este arriesgado proyecto…
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ No lo es tanto. Evidentemente, la gente no se va a volcar, a gritar, como en una ópera de Vivaldi. El público no tiene la misma reacción. No esa reacción, digamos, un poquito histérica. La música, en especial la clásica, no está solo para fuegos de artificio. Hay siempre otra lectura más profunda. Cuando escucho un quinteto de Schubert tengo una experiencia mucho más profunda. Como filosófica. Algo que no tengo si escucho el disco de Lady Gaga, o un álbum pop. La música sinfónica, instrumental o una ópera, provoca sentimientos que nunca te va a dar la música pop. La experiencia que estamos proporcionando al público con Only the Sound Remains nunca se podría tener con el pop. Los sentimientos que se tienen al escuchar a Schubert o Stravinski, es imposible… Y cuando afronto ese repertorio, yo también, como cantante, voy a sentir esas cosas. Hacer un proyecto así puede ser un riesgo. Pero para mí es también una manera de encontrar otro tipo de público. Naturalmente, la música barroca ahora tiene mucho éxito. Pero hay otro público. Por ejemplo, tengo un amigo que nunca ha estudiado música, no sabe leerla y, sin embargo, solo escucha música contemporánea. Va a todos los conciertos que hay en París. ¿Qué quiere decir esto? Pues que hay un público para ello, y es una audiencia que no me conoce. Es muy interesante ese público que no viene al teatro para escucharme a mí.

SHANGAY ⇒ ¿Por qué la creación musical contemporánea, al contrario del teatro, la escultura, la pintura o la literatura, no ha logrado conectar con el público mayoritario? ¿Por qué no existe esa comunión?
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ No estoy de acuerdo con esa reflexión. Hay que separar los tiempos. Quizás sí fue así en el pasado. Ahora hay creadores, como Kaija, que componen de una manera que todos pueden entender. Quizás treinta o cuarenta años antes hemos tenido mucha música súper especial, súper difícil y súper experimental. Creo que ahora la música contemporánea se ha acercado más al público. Es posible que sea necesario un poco más de tiempo para que este vuelva.

Un momento del ensayo de Only the Sound Remains en el Teatro Real.

SHANGAY ⇒ Pues cambio la pregunta… ¿Qué falló para que esa comunión se rompiera hace años, durante gran parte del siglo XX? ¿A qué se debió ese divorcio entre los creadores y su público?
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ Te lo digo: hay muchas razones para ese divorcio. Uno, que la música fue más experimental, más como una demostración. Muy difícil de tocar, explorando todos los sonidos, con juegos, asociaciones… Una cosa, digamos, más demostrativa. Pienso que, por ello, ha perdido una parte de su público. Cuando alguien va a una ópera o a un concierto, quiere escuchar y sentir. No ver una demostración. Es lo mismo para un cantante, no tiene que hacer solo notas espectaculares. La creación contemporánea perdió ese sentimiento de ser ‘tocado’ por la música. Ahora, quien escuche a Kaija va a tener emociones. Es imposible no tener emociones fuertes escuchando esta música, que no quiere demostrar nada. Está al servicio del sentimiento. Hay ahora toda una generación de compositores que aprovechan toda esa experimentación previa, pero vuelven a un campo en el que el público pueda entender. Por ello esta ópera me parece súper interesante. Una forma de música moderna, que es nueva, pero que tiene la capacidad de ser directa y de llegar al corazón del público. Necesitamos algo más. Conozco su trabajo y su forma de trabajar. Es como un cuadro de Van Gogh: de lejos es una maravilla, y de cerca también. Incluso más. Cuando más canto esta función, más me gusta. Porque descubro detalles. Por ello recomiendo a quien venga que dedique una hora, no más, a conocer su música. Lo van a disfrutar mucho más. Buscarla en YouTube y descubrirla.

“La diva es una idealización de la mujer. Y quizá gusta mucho a los gays porque se acerca a la idea que tenemos de la madre”

SHANGAY ⇒ La ópera es terreno abonado para los iconos. Y muchos de ellos lo son para el público gay. Muchos cantantes también lo son. ¿Qué es lo que tiene este mundo que despierta tanta fascinación? Cualquier teatro de ópera o ciclo de lied parece un local gay…
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ Sí, es cierto. En Francia también. Pienso que hay una razón, que puede ser un poco caricaturesca, lo sé. Pero todavía puede ser duro para un hombre heterosexual asumir una forma de sensibilidad a las artes. Es la idea, insisto caricaturesca, de que el hombre hetero va al fútbol, le gustan los deportes… Pero es aún así. Que un hetero diga “me encanta la ópera” es raro. A mí me ocurre. Cuando un chico me dice, “me encanta La Callas”, yo mismo pienso que, por supuesto, es gay. Pienso también que yo no tengo un público muy gay. Hay muchas más mujeres, como la Bartoli, que sí lo tienen. El mundo lírico gay es bastante duro con nosotros, los contratenores, que no somos grandes voces. También pienso que la imagen de una mujer fuerte hace mucho. Nosotros tenemos una idea, un poquito diferente, de la mujer. La diva es una idealización de esa mujer. Y quizá nos gusta mucho a los gays porque se acerca a la idea que tenemos de la madre. De la madre ideal, la mujer de nuestra vida. La diva es un poco eso, la mujer de nuestra vida. La idealización de una mujer que tiene magia, una personalidad muy fuerte. Pienso que es una sensibilidad al arte, a la cultura. Y una manera que tenemos de asumir aspectos de nuestra personalidad. Quizá siga habiendo una parte de hombres heterosexuales que piensen que tener una sensibilidad a las artes es mostrar una cosa demasiado femenina. No lo sé… Tengo muchos amigos heterosexuales a los que claro que les gusta la ópera. Pero igual es más fácil para nosotros asumir este aspecto de nuestra personalidad.

Una escena del montaje de ‘Only the Sounds Remains’ que está dirigido por Peter Sellars.

SHANGAY ⇒ El sambenbito del contratenor es que se supone que es el heredero natural de los castrati. ¿Cómo lo llevas?
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ Es que no sabemos cómo eran, en realidad, las voces de los castrati. La historia de estos cantantes me ha fascinado desde el principio. Siempre me ha tocado. He leído mucho sobre el tema. Imaginar la vida tan dura de un castrato, que venían de un mundo tan pobre… Esta tragedia, este sacrificio, les dio algo en la voz. No solo en el aspecto físico, sino también mental. El no saber cómo realmente cantaban, permite a cada uno tener su propia idea de cómo era Farinelli. Yo, por ejemplo, sé que cantaba mucho más como un hombre que como una mujer, porque he visto sus partituras. El castrato tenía más fuerza, probablemente, que nosotros. Pero ser un contratenor es una manera decir al mundo que ser un hombre hoy no es hablar grave, jugar al fútbol, hacer la guerra… Eso es una idea vieja de lo que es ser un hombre. Y esa es una parte del éxito de los contratenores desde hace veinte años. Una parte del público se reconoce en esta forma diferente de proponer qué es un hombre.

SHANGAY ⇒ ¿No es eso también un poco caricatura?
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ Sí. Pero hay mucha caricatura también en el mundo gay. Hay muchos gays que solo quieren estar entre hombres. Es muy reductivo. A veces, a mí me gusta ir a bares con amigos, pero otras veces me digo “solo hay hombres en este bar”… Tenemos que abrirnos un poquito más.

SHANGAY ⇒ ¿Te han reconocido alguna vez en algún bar?
PHILIPPE JAROUSSKY ⇒ Sí, alguna vez [risas].

Peter Sellars, director de escena, e Ivor Bolton, director musical del Teatro Real, en un momento del ensayo.

Only the Sound Remains
se estrena el  23 de octubre en el Teatro Real
más info aquí

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