22/01/2019

David Bowie: la estrella que siempre ha fascinado a otras estrellas

8 enero, 2019

David Bowie habría cumplido hoy 72 años, y el día 10 se cumplen tres años de su muerte. Aniversarios que siguen resonando con fuerza, porque la sombra de Bowie es muy, muy alargada.

Tras su fallecimiento, son incontables las muestras de admiración y respeto que siguen surgiendo, porque nunca habrá otro Bowie y se le echa mucho de menos. En Shangay siempre le hemos tenido muy presente, e incluso fue portada de nuestra revista en 2002, coincidiendo con la publicación del recopilatorio Best of Bowie. Un lanzamiento curioso en aquel momento, porque se llegaron a editar veinte versiones distintas, porque el repertorio del mismo se adaptaba al país en que se le lanzaba –de paso, provocando la histeria de los coleccionistas–.

Con motivo de aquel lanzamiento, reunimos opiniones sobre David Bowie de personas muy distintas, para componer un crisol bicolor tan potente como los ojos de la desaparecida estrella, aunque mucho más desequilibrado en cuanto a tonalidad. Salvo la excepción que confirmaba la regla, todos los encuestados –fuesen anónimos o populares– coincidían en una admiración rendida que remite a la adolescencia y que marca de por vida.

Atención a los recuerdos, anécdotas y muestras de respeto de artistas como Brett Anderson, Alaska, Genís Segarra, Guille Mostaza, Ibon Errazkin o Amaya Arzuaga sobre Bowie. Opiniones que nos dieron en 2002, sí, pero que dudamos que hayan variado un ápice casi dos décadas después. Y si lo han hecho, sería interesante actualizarlas. Bowie bien lo merece.

David Bowie por Iván Soldo

* Alaska (Fangoria)

“Mi pasión por Bowie empieza a los doce años de forma visual, a través del libro Gay Rock de Eduardo Haro Ibars, que yo ojeaba en el Drugstore de Madrid. Vi su fotos y pensé: “debe ser la bomba”, así que me compré Space Oditty. A partir de ahí, mi devoción fue absoluta. Pero claro, tenía doce años: en lugar de gustarme los New Kids on the Block me gustaba Bowie, era una fan enamorada adolescente. Además, me descubrió un mundo nuevo: las posibilidades de la opción sexual, de una imagen distinta…, fue el punto de partida de muchas cosas.

La fascinación por lo musical se me acabó con Scary Monsters, y hasta Hallo Spaceboy no volvió a gustarme un disco suyo. Si analizamos el secreto de su longevidad, se me ocurren dos posturas. Siendo buena, digo que es una persona con mucho talento muy interesada por todo lo que ocurre a su alrededor: el arte, la moda… Si soy mala, diría que si Bowie sigue ahí es porque es una esponja, y en cuanto oye hablar de algo va corriendo a enterarse. Yo, que en general soy muy anti-recopilatorios, en ocasiones considero que son positivos, porque la gente carece de memoria histórica, y la gente joven carece de cultura musical.

No está mal que a las pequeñas gays se les recuerde que existe algo más además del chochi, y que un personaje tan importante hizo cambiar la mentalidad de mucha gente. Es vergonzoso que la mayoría de gays pequeñas (y medianas) no conozcan a Bowie”.

* Brett Anderson (Suede)

“Le admiro y le aprecio. Siempre ha sido muy cariñoso conmigo, y seguimos viéndonos una vez al año o así. Pero no lo considero mi mentor, mi modelo a seguir o algo parecido, que es lo que mucha gente se empeña en reflejar. Ha sido una influencia importante para mí, como lo han sido Neil Young o The Sex Pistols. Quizá al principio de nuestra carrera, cuando yo era bastante más joven, se me notaba mucho que es uno de mis artistas favoritos, y seguro que por eso se me relaciona siempre con él”.

* Rafa Cervera (periodista, autor de Lejos de todo y Alaska y otras historias de la movida)

“Bowie me parece uno de los artistas más importantes e influyentes del siglo XX, así de claro. Si los 60 pertenecieron a Dylan y los Stones, los 70 fueron suyos. Intuyó el futuro, se atrevió a experimentar con estilos y prácticamente todos sus discos de esa década son clásicos. Hizo música negra siendo blanco y reescribió las fórmulas del rock alemán siendo británico.

La lista de nombres a los que ha influenciado es interminable y en algunos casos muy evidente: David Sylvian, Carlos Berlanga, Gary Numan, Bernardo Bonezzi, Siouxsie, McNamara, Boy George, Marilyn Manson… Ahora mismo es un artista en la cincuentena que sigue siendo fascinante por su necesidad de seguir buscando nuevos territorios sin dejar de escribir excelentes canciones. La aparición de un nuevo “grandes éxitos” suyo en temporada prenavideña siempre hará más llevadero el encontrarse en los anaqueles con productos similares firmados por personajes tan irritantes como Kenny G”.

* Nacho Canut (Fangoria)

“Escuché Starman por la radio a principios de los 70, tendría 14 o 15 años, y quedé fascinado. Hasta entonces, los discos que me compraban solían ser de los Beatles; los conocía a través de mi padre y ya se habían separado. Bowie era mi descubrimiento, ¡y qué descubrimiento! Me hice fan fatal a muerte: en las carpetas del colegio me pegaba sus fotos y tenía que aguantar los comentarios despectivos de mis compañeros de clase. Me daba igual; yo soñaba con que algún día un platillo volante aterrizara en el recreo, saliera Bowie con un modelón y me abdujera.

La fiebre se me pasó años más tarde con el punk, y en los 80 (con los horrores de Let’s Dance, los duetos con Tina Turner y las arañas de cristal) me olvidé de él. En los 90 empezó a gustarme otra vez, y su último disco, Heathen, está entre mis favoritos. Bowie se vuelve loco cada cierto tiempo y comete suicidios artísticos, que a veces le salen bien y muchas, fatal. Nunca ha sido un gran vendedor ni falta que le hace, con la base de fans que tiene podría seguir viviendo hasta que le apeteciera dejarlo.

Su ambigüedad la llevó siempre tan bien que yo tardé en darme cuenta de por qué los demás niños se empeñaban en llamarle maricón. El mundo no tardó en devolverme a la realidad, pero yo siempre esperaré que venga a recogerme en su platillo volante y me lleve a un mundo más fashion e interesante”.

* Ibon Errazkin (miembro de Single, su último álbum en solitario es Foto aérea)

“Bowie era mi cantante favorito cuando era pequeño. Creo que cuando salió Scary Monsters ya tenía todos sus discos anteriores. Era tan fan que hasta me compré los discos en directo (me encanta la portada de David Live), las recopilaciones e incluso un disco de canciones de su primera época, bastante insulsas, titulado El Rey del Gay Power (así, en español). Luego hizo Let’s Dance, que no estaba muy allá, y Tonight, que era aún peor, y dejé de seguirle. Creo que en los 80 y los 90 se le ha visto bastante despistado, y he llegado a cogerle bastante manía leyendo entrevistas suyas de los últimos años. Mi disco preferido sigue y seguirá siendo Low”.

* Genís Segarra (Hidrogenesse)

“Pienso que David Bowie da mucha envidia si te fijas en lo que hizo del 72 al 82, pero ahora mismo no creo que influya a nadie ni tenga ningún interés de ningún tipo. Si se hubiera muerto o retirado hasta yo sería fan, pero la verdad es que le detesto. Detesto lo que representa, ese consenso que hay acerca de su relevancia en la Historia de la Música. Es como lo mismo igual exactamente que los Beatles. Qué pesados. En resumen, que tener un ojo de cada color me parece simplemente un defecto físico”.

* Amaya Arzuaga

“Lo mejor de Bowie es su mirada bicolor y su capacidad de crear y conservar el mito. Lo peor, los discos que ha editado últimamente.”

* Guille Mostaza (productor, miembro de Mostaza Gálvez)

“Tiene arte, lo tiene todo. Lo buenísimo de Bowie es que es él; es decir, ha cobrado vida como entidad propia y no se ha reducido a ser una mera víctima de su producto, siendo aún más camaleónico a la hora de elegir lo que quiere hacer que a la de decidir cómo lo pondrá en escena.

No se cortaba, no sabía lo que es el pudor, y por ello merecería que todos lo niños del cole se aprendiesen su biografía tan al dedillo como la de Miguel de Unamuno, por poner un ejemplo. Ahora un disco recopilatorio…, pues sí, es una gran idea. A ver si de una vez editan uno decente, que lo único que se puede encontrar por ahí son atentados necrófilos contra el gusto de los consumidores. Es necesario que la gente se entere de que no todo se ciñe a clónicos sin alma”.

* Jordi Labanda (ilustrador)

“Descubrí a Bowie cuando salió Let’s Dance, porque al no tener hermanos mayores no conocía su carrera anterior (aunque después fui tirando del hilo). Blue Jean, a pesar de lo denostada que está, es una de mis diez canciones favoritas, y el vídeo es uno de mis superfavoritos. Es más, yo solo me he disfrazado dos veces en mi vida, y en una de ellas (la fiesta de carnaval de COU) me disfracé de Bowie en Blue Jean, con el maquillaje y todo.

Si Bowie sigue ahí es por su carisma (una cualidad que tienen cuatro) y porque es sexy. Todo el mundo quiere ver a gente sexy. Además, Bowie te propone continuamente cambios estéticos y maneras de vivir distintas. En ese sentido le veo como a Madonna: en ambos casos, un cambio de look continuo no se soporta si no viene acompañado de una obra interesante. Fijo que me compro el DVD con los vídeos, eso va a misa. Blue Jean lo tengo que ver en mi pantalla las veces que me dé la gana”.

* Moli (productor y artista 3D como Thvnderkatart)

“Descubrí a Bowie a mediados de los 70, y me fascinó desde el primer momento. Bowie es único; dejó en estado de shock el encorsetado panorama del rock de principios de los 70, y se puede decir que creó un universo propio. Se ha reinventado a sí mismo múltiples veces con toda naturalidad, y sus composiciones son sublimes. Con una carrera tan extensa, variada y de tanta calidad, es normal que influya a los artistas más jóvenes, y pienso que seguirá siendo referente para muchos todavía por aparecer”.

* Manuel Baltar Arnaiz (abogado y fan reconocido)

“It’s a god-awful small affair, to the girl with the mousy hair” (Life on Mars). “¿Pero quién coño canta esta canción?”, me pregunté cuando tenía catorce años. Bueno, pues resulta que era David Bowie. Así comenzó mi adicción a la obra y a la persona del ‘Maestro’. Un hombre que me ha dado más momentos de felicidad que todos mis amantes juntos; un hombre por el que he hecho más locuras que por cualquiera de mis histéricas amigas; un hombre, en definitiva, que me cambió la vida. ¿Y por qué Bowie?, os preguntaréis. Pues porque es el artista más innovador, sorprendente, dúctil, enigmático, insolente, inspirado, ambiguo, escandaloso y valiente de la historia de la música.

La primera vez que vi a Bowie en persona fue el 27 de marzo de 1987, en una rueda de prensa en la que, por supuesto, me colé. Yo estaba en la universidad y ese mismo día tenía un examen del que salí como alma que lleva el diablo, para irme a la puerta de la disco donde se celebraba el evento. Allí me esperaba mi hermana intentando chupársela a alguien para que me dejaran entrar…, pero nada. Mi cara de angustia o vaya usted a saber qué (estar más bueno que mi hermana, por ejemplo) hizo que, sin darme cuenta, me encontrara ante una puerta abatible tras la cual se suponía estaba el Maestro. Empujo y, efectivamente, allí apareció. Él, sentado en un taburete e iluminado con un cañón de luz que le hacía parecer un Dios, más magnético que un océano de imanes. Para colmo, además de hablar con los periodistas se había traído su banda y en riguroso directo se marcó dos temas de su ultimo disco. ¡Yo muerto, claro!

¿Mi mayor locura? Pues tres años después. Me enteré por casualidad de que actuaba en Londres, y para allí me fui, sin entradas, sin hotel y sin putita idea de cómo era eso del extranjero. Eso sí, con un poco de dinero que mi madre me prestó, consciente de que, seguramente, no me haría falta para el ajuar. Llegué y me fui a Victoria Station a pasar la noche. Al día siguiente, a por las entradas y por supuesto ‘sold out’, ¡horror! Le lloro un poco al tío del box office que me las vende a precio de oro… ¡y me acabo quedando en Londres de okupa durante ocho días! A cambio, pude asistir al mejor concierto de mi vida. Aunque no lo recuerdo muy bien, porque me pasé llorando las dos horas.

Carreras tras limusinas, noches en la puerta de los estadios para verle, esperas interminables en los hoteles donde se hospedaba, compra de todo tipo de ‘fetiches Bowie’, y meterle la mano por la pernera del pantalón hasta llegar a tocarle la rodilla en su último concierto en Madrid, resumen de una vida que desde hace 20 años, 15 días, 5 horas, 18 minutos y 45 segundos está dedicada a su santa devoción.

Según te adentras en su mágica obra te vas dando cuenta de la multitud de artistas en los que ha influido, desde Psychedelic Furs a Marilyn Manson (que, por cierto, a veces me recuerda a un Ziggy Stardust enfermo de algo muy malo), pasando por todos los nuevos románticos de los ochenta hasta Placebo e incluso la camaleónica Madonna, declarada fan de David. Tanta influencia, tanto respeto, no pueden ser casualidad, la vigencia de su obra es patente, tal vez esto es lo que más nos sorprenda de Bowie, que haya podido superar con calidad artística su proceloso trayecto por el showbiz.

La obra musical de Bowie siempre merece la pena ser repasada y, por supuesto, también su obra visual. Algunos de los mejores videoclips y de las más sorprendentes puestas en escena de los últimos 30 años llevan su firma. David Bowie posee una de las carreras más diversas y densas de la historia de la música: cine, teatro, vídeo, pintura, mimo, Internet… Por ello, una recopilación más o menos total de su obra nos ayudará a descubrir ese algo que le da coherencia y la fusiona como parte de un todo, el ARTE”.

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