19/09/2019

Relatos gays de fin de semana: ‘Telenovela’

20 enero, 2019
Léetelo en 3 minutos

El actor se abalanzó sobre mi cuerpo directo a buscar mi boca. Yo tenía algún año menos que ahora y, en aquel entonces, tener a un galán de telenovelas tan cerca se me antojaba un hito inalcanzable. Nos habíamos conocido en la fiesta de un amigo común.

Él llegó con su sonrisa dispuesto a que el resto de comensales de la cena le hiciesen las reverencias a las que estaba acostumbrado. Los famosos son así y, sobre todo los guapos; se crecen irremediablemente, en cualquier acto al que acudan, quieren ser el centro de atención. Así que, aunque a todas luces aquello era una cena entre amigos, él dejó claro desde que cruzó la puerta que había que hacerle caso, y mucho.

Sus modales eran siempre correctos; los apretones de manos fuertes, las sonrisas siempre bien encajadas. La gesticulación de la cara; ni excesiva ni poca. Los movimientos; suaves y sencillos. Pero a todo, a todo, le ponía esa chispa de galán de telenovela a que sus fans, algunas y algunos de ellos presentes en la sala, les gustaba tanto. Aunque en las ciudades todo se sabe y los rumores corren de WhatsApp en WhatsApp como la pólvora, su groupie número uno, presente en la sala por su condición tanto de fanática fan como de amiga íntima, se encargaba de verter, de tanto en tanto, un jarro de heterosexualidad por encima de su ilustre y admirado actor, que servía para poco, por no decir que para nada, porque los presentes, curtidos en el viejo oficio del rumor, sabíamos de sobras qué se cocía entre las bambalinas de aquella telenovela.

Cuando su cuerpo se abalanzó sobre mí, horas después, directo a buscar mi boca, me vino a la cabeza la imagen de la fanática fan, groupie y amiga íntima, hablando de los escarceos que, según la revista del corazón de moda, el galán de telenovela tenía con una actriz muy famosa y muy guapa. Y tentado estuve de preguntarle si no hubiese sido porque, en tal inoportuno momento, una carcajada se me escapó entre los labios mientras el actor introducía su lengua en lo más profundo de mi boca.

Si hay algo peor para los actores que no hacerles caso, es que se rían de ellos. Así que mi galán de telenovela, que se había quitado los pantalones y la camiseta quedándose en ropa interior sobre la cama del apartamento que yo tenía en aquel entonces, se levantó y se vistió apresuradamente mientras intentaba recomponer su maltrecho ego.

Él creyó que me reía de sus besos. Desde la ventana de mi habitación pensé en decirle que no era así, pero él se metía en el taxi y yo no podía parar de reír. No volví a saber nada de él hasta esta semana que le vi en una revista del brazo de una actriz.

x

Shangay

Toda la actualidad LGTB + Cultura + Sexy + Ocio. Contenidos exclusivos cada semana en tu correo.