18/10/2019

Tamara Rojo reinventa ‘Giselle’ y apaga el conato de bronca en el Teatro Real

10 octubre, 2019
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Madrid tiene siempre ganas de ballet. Y, para ser más exactos, de ballet de gran repertorio. Por eso todo el papel está prácticamente vendido para las cuatro funciones programadas de esta Giselle que Tamara Rojo acaba de estrenar en el Teatro Real. Y como la gente tiene ganas de ballet de repertorio, con una buena sinfónica en directo, cualquier cosa que le saque del guion provoca, como mínimo, conato de bronca. Eso fue los que pasó la noche de la première.

Londres tiene dos teatros de ópera en los que hay dos compañías de ballet. La Royal Opera House Covent Garden es sede del legendario Royal Ballet y de su prestigiosa escuela de danza (por si hay dudas, en la que estudió Billy Elliot). Un clásico en el mundo de la danza mundial. La otra sede es la English National Opera, con sede en el cercano London Coliseum, y que, pese a su proximidad a la zona de Covent Garden, está en las antípodas estéticas: producciones arriesgadas en lo escénico y que rayan la blasfemia operística porque se representan siempre en inglés, en vez de en su idioma original. Esta ópera es la sede del English National Ballet, que dirige Tamara Rojo, que ahora trae esta Giselle reinventada al Real. Antes de ser directora del ENB, la bailarina española (que realmente nació en Montreal) fue prima ballerina del Royal Ballet y triunfó en los mejore ballets clásicos de todo el mundo. Vamos, que sabe lo que hace.

Hace unos años encargó al coreógrafo Akram Khan una nueva coreografía de esta cumbre del ballet romántico, que para ella ha sido un personaje fetiche, pues con él se consagró en los mejores teatros del mundo. El resultado es esta obra que ahora llega a Madrid, y que ella bailó la noche del estreno (repetirá el día 12 en la función de las 21h).

Fotos: Javier del Real

Es un espectáculo brutal, impecable, bestial; rotundo, bellísimo y perfecto. El ENB cumple 70 años y demuestra que está en un momento maravilloso. No hay que hacer comparativas con sus vecinos del Covent. Son dos mundos diferentes, como pudimos comprobar (una vez más) con el no menos imponente Lago de los cisnes, cuya nueva coreografía trajo la pasada temporada el Royal al mismo escenario del Real.

Con sonido amplificado (que fue lo que molestó a varios espectadores, en especial a una mujer que gritó a mitad del primer acto “el sonido está muy alto”), la Orquesta Titular del Real hace un interesantísimo crossover a la música electrónica, pues la partitura original de Adolphe Adam de 1841 se ha ‘reinterpretado’ por Vincenzo Lamgana y ‘orquestado’ por Gavin Sutherland, que la dirige en el foso (“¿dónde está la música?”, increpó otro espectador justo después de la citada señora). El diseño de sonido era espectacular y con gran efecto dramático, pero incomodó –por sus decibelios– a muchos espectadores (y con un “cállese, señora; un respeto a los artistas” se zanjó el conato de rebelión).

Pero vamos al grano: Tamara Rojo crea un Giselle moderna, empoderada, que trabaja en una fábrica de ropa: “Es una líder emblemática para su comunidad, una mujer fuerte que sirve de inspiración para el mundo; no es una niña, es una mujer con experiencia, embarazada de su primer hijo, capaz de enfrentarse al poder”, dijo en la rueda de prensa. La coreografía es bellísima, de una elegancia increíble. Y ella está, sencillamente, maravillosa.

Junto a ella, James Streeter como Albrecht, su enamorado, que pertenece a otra clase social en esta versión que se ha trasladado a un mundo de inmigrantes (pobres oprimidos) y terratenientes (ricos opresores) que impide que el amor entre ellos sea posible. Su paso a dos del segundo acto es la delicadeza más pura hecha ballet.

Los bailarines principales (la noche del estreno Jeffrey Ciro, Hilarión; Isabelle Browers, Bathilde y Fabian Reimair, Terrateniente) así como toda la compañía crean un espectáculo de esos que nadie debería perderse. A nivel escénico, un simple muro que separa a los ricos de los pobres consigue un impactante efecto dramático gracias a potente iluminación de Mark Henderson. La ovación final a la compañía fue indiscutible, con ciertos abucheos a la música.

Sí, Giselle se reinventa con esta nueva versión que Tamara Rojo encargó para la compañía que dirige. Hablamos de una bailarina que se formó en la compañía de Víctor Ullate, que hace solo unas semanas anunció su desaparición. Con esta Giselle ha viajado ya por algunas grandes capitales de la cultura con gran éxito, y ha posicionado al ENB en primera línea de fuego. Definitivamente, algo estamos haciendo mal en España.

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