14/12/2019

‘Un marido ideal’, alta (e impecable) corrupción con toque Oscar Wilde

24 noviembre, 2019
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La casualidad ha querido que Un marido ideal regrese a Madrid en pleno escándalo por la corrupción de los ERE de Andalucía. Bueno, la casualidad o no, porque raro es el día en que en este país no salte un escándalo de corrupción política. El caso es que esta obra de Oscar Wilde vuelve a nuestros escenarios en una impecable producción de Juan Carlos Pérez de la Fuente en versión de Eduardo Galán. Una alta comedia (¿o no?) de esas que te hacen pasar una buena tarde de buen teatro.

Han pasado 120 años de su estreno y, desgraciadamente, el tema sigue de máxima actualidad. La historia es de sobra conocida. Robert Chiltern (Juanjo Artero) es un ministro del Gobierno británico con aspiraciones de llegar a primer ministro que se ve salpicado por un escándalo de corrupción de juventud. Todo salta cuando Laura Cheveley (Candela Serrat), una poderosa periodista de The Times, le chantajea con unas cartas, pues ella pretende sacar partido a una importante operación del Reino Unido en Argentina a la que, en principio, el ministro se opone. La esposa de Robert es Gertrudis (María Besant) y está convencida de la honradez de su esposo; nunca ha podido sospechar cuál es el origen de su fortuna. La hermana del político es Mabel (Ania Hernández) y solo piensa en casarse con Arthur (Dani Muriel), íntimo de su hermano, y que tiene un pasado no demasiado claro con Laura, la periodista. El enredo está servido. Y no hacemos spoiler si decimos que Robert llega a ser primer ministro del Gobierno de su Majestad…

Pérez de la Fuente y Galán trasladan la acción original de finales del XIX a finales de los 60 y con unos guiños estéticos en el vestuario a los 30. Pero lo curioso es que en 2019 hemos leído en prensa como Rocío Monasterio, de Vox, ha saltado a los papeles por unos ¿errores de juventud? en los que firmaba proyectos como arquitecta sin serlo, y presumía de conseguir licencias en el Ayuntamiento para obras que luego, según se ha publicado, ejecutaba sin tenerlas. En resumen, que se podría adaptar a cualquier época…

Juanjo Artero y Candela Serrat en pleno chantaje…

Una comedia de enredo de este tipo necesita de una producción elegante. Recordemos que hablamos de Oscar Wilde y no de las corrupciones patrias, que son más casposas y cutres. Aquí todo es exquisito y de guante blanco. La adaptación de Galán es ágil y divertida. La apuesta escénica de Pérez de la Fuente, también. Todo ello ayudado con un sólido reparto para dar vida a los sibilinos diálogos del dramaturgo irlandés, todo un icono (y referente) de la cultura gay antes que fuera denominada queer o LGTBI.

Ania Hernández y Dani Muriel en un momento de la función.

Pérez de la Fuente firma también la escenografía, que resuelve de forma muy inteligente el cambio de escenario. Sobria, elegante y muy eficaz. Mismos adjetivos que valen para definir los figurines de Adnan Al-Abrash, el responsable de todo el exquisito vestuario.

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