09/08/2020

Llegó Lisette Oropesa y ‘dio el canto’ en ‘La Traviata’ (y el Teatro Real se vino abajo)

19 julio, 2020
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Hablemos claro: la nueva normalidad es un horror. Incluso hablando aún más claro, una mierda. Pero es lo que hay, y es en la que nos toca vivir por ahora. Por eso, en esta nueva normalidad, hay que buscar lujos como el que nos regaló Lisette Oropesa en esta especialísima Traviatatan llena de símbolos. Es una de las reinas del actual Met y, desde ahora, la nueva diosa laica del Teatro Real.

Con un aforo del cincuenta por ciento, el Real sonó el día de su debut [en estas funciones] como si estuviera abarrotado. Insólito lo vivido tras la bajada de telón del primer acto: los aplausos no cesaron durante minutos y minutos, hasta que volvió a levantarse para comenzar el segundo. Quien esto firma no había visto nunca nada parecido en el coliseo de la Plaza de Oriente.

Hay cinco Violettas en estas funciones, las primeras tras el coronavirus, y a la soprano estadounidense –de origen cubano y nacionalidad española– le han tocado cuatro [quedan el 22, el 25 y el 28 y aún hay entradas, y de todos los precios] de la recta final de la temporada. Un regalo en unas representaciones de la ópera de Verdi que quedarán para siempre en nuestra memoria.

[Fotos: Javier del Real]

Todo es diferente desde que el Real levantó el telón el pasado 1 de julio por vez primera tras el drama que seguimos viviendo. Por eso estas 28 Traviatas de este mes de julio son tan especiales. Si cada noche de ópera es, siempre, diferente de la anterior y la posterior, con esta joya verdiana se riza el rizo en este verano de 2020: cinco repartos, versión semiescenificada, vestuario personal de los cantantes, distancias de seguridad en el escenario, Violetta que no puede morir junto a Alfredo… Como tantas personas han tenido que morir solas estos días.

Nicola Luisotti saca muy bien todo el (buen) jugo que la Sinfónica de Madrid sabe dar: espléndida la orquesta del Real, al igual que el Coro Titular de la casa. Bravo, una vez más, por nuestros cuerpos estables. Es muy complicado tocar y cantar así. Y tenemos mucho que agradecer a nuestro coro y nuestra orquesta.

Ahora, en la recta final, llega Lisette Oropesa. Hay que ir a verla, y sobre todo a escucharla. Aunque sea solo por los escasos segundos en los que su Amami Alfredo nos transporta a las grandes que todos tenemos grabadas en nuestro cerebro, que es el mejor disco duro que puede existir.

Es cierto que estamos necesitados de cosas bellas. Y no es menos cierto que la Oropesa nos regala el oído. Cuando aún recordamos su Lucía de hace dos años (y su Gilda del Rigoletto de 2015), ahora llega su Violetta, que la consagra en el Real: de casta diva, diosa casta, a diva absoluta. Pero con la cercanía que requieren las divas del siglo XXI. Su elegancia en escena, además, suma muchos puntos.

El Real, insistimos, está al cincuenta por ciento de aforo por razones sanitarias. Los que estaban el 18 de julio llenaron con aplausos todos los huecos; una acogida de las que hacen historia. La sombra del bis sobrevoló la sala tras su sublime Addio del passato del acto final. Al igual que también sobrevoló la ilusión de que saliera a ser ovacionada tras el telón que cerraba el primero. Como antes, como se podía hacer cuando primaba la voz.

Ahora que todo es distinto, igual sería bueno que los teatros permitieran que todo cambiara, aunque solo fuera para que todo siguiera igual… Estas funciones tan especiales tienen el encanto de retrotraernos a aquellos años en los que había función diaria del mismo título. Y con repartos tan variados cada día que ese ajuste de casts, sobre la marcha, permitía licencias que hoy ni se contemplan. En 1925, cuando el Real se cerró de forma inesperada por ruina, la función programada para ese día era Carmen. Como el tenor enfermó, se cambió sobre la marcha por Lucía: “El público fue a ver Carmen con Miguel Fleta, y se encontró con Lucía“, publicó Abc el 20 de marzo.

A veces “es preciso que todo cambie para que todo siga igual”. Lo sentenció Giuseppe Tomasi di Lampedusa y lo inmortalizó Visconti. Y Visconti, de ópera, algo sabía. No podemos ser los últimos gatopardos.

Disfrutar de la ópera como lo estamos haciendo es un regalo inesperado que está llegando a nuevos públicos. Lisette Oropesa ha sido otro regalazo. Pero este, como se vio por la ovación, más que esperado. Y por muchos años.

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