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Bob Pop: “Soy un privilegiado por ser un maricón conocido”

30 diciembre, 2021

Bob Pop es uno de los protagonistas de la bandera LGTBI del Anuario 2021 de Shangay, año en que destacó por, entre otras muchas cosas, su serie autobiográfica Maricón perdido.

Ser tan polifacético (“aunque ante todo me considero escritor”) le ha rendido a Bob Pop (Roberto Enríquez, 1971) en 2021, un año que difícilmente olvidará. Su multitalento le permitió viralizar continuamente en sus colaboraciones en el –recientemente desaparecido– programa televisivo Late Motiv, y sigue ocurriendo en sus participaciones en Hoy por hoy de la cadena SER.

Continúa interpretando el monólogo teatral Los días ajenos de Bob Pop, basado en una de sus novelas (Los días ajenos). Y la primera que escribió, Mansos, juega un papel muy relevante en su serie autobiográfica, Maricón perdido. Este año se ha hablado más que nunca de Bob Pop, aunque él no se considera, ni mucho menos, una celebrity. “Dar la cara es parte de este trabajo. Con los años y el oficio se te quitan los pudores, y lo llevo bien”.

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No solo fue cuestión de oficio el lograr olvidarse del pudor, como confiesa. “También necesité la validación ajena. Cuando te hacen sentir que tu exterior no es lo suficientemente válido, comienzas a cultivar el interior, esperando que alguien pase a la trastienda… a trastear”, dice entre risas. Lo suyo es pensar que 2021 ha sido una año de una enorme validación, pero Bob Pop no lo siente así. “Ha sido más bien un año de muchísimo amor, me he sentido queridísimo y muy bien entendido”.

Cuenta que le obsesiona que no le malinterpreten, y este año le ha quedado claro que lo que cuenta llega sin dobleces. “Y no he notado cuchillos afilados preparados para ver cuándo me la pegaba, es muy reconfortante”. Han sido meses de una gran exposición pública, tanto artística como personal. “Desde que se estrenó Maricón perdido en junio, he ejercido de vedete residente sin parar”.

Siendo Maricón perdido autobiográfica, en los medios ha podido arrojar –aún más– luz sobre sí mismo. Porque Bob Pop tiene una gran facilidad para convertir su vida en obra. “Tiene que ver con que lo he hecho todo el tiempo”, explica. “Los sucesos menos deseables solo adquieren sentido cuando los puedes convertir en una historia. Y si te han pasado a ti, tienes más información para contarlos. Jorge Ponce me dijo en una ocasión una cosa muy bonita, que me encanta marear la vida”.

De manera que siempre busca que le pasen cosas, porque sabe que así siempre va a contar con un material de trabajo interesante, sea para fabular o comentar. En Maricón perdido se comprueba que no tiene reparos en compartir vivencias que no todo el mundo se atrevería a hacer públicos. “Es que si no te expones, no te abrazan. Y mi experiencia es que, cuando lo haces, llegan antes los abrazos que las piedras…”. La manera en que comparte su realidad le ha convertido en un referente LGTBIQ+, algo que él toma con prudencia. “El mío es un trabajo en una cadena de montaje. Soy una pieza de algo muy grande que conformamos entre todes”, afirma. “Mi responsabilidad es la de no fallar en esa cadena tan importante”.

“El mundo cis hetero debería aprender de nuestros avances, no esperar a ‘normalizarnos”

En Maricón perdido descubrimos que todos sus referentes mientras crecía eran artistas, no personas cercanas. “Fueron la música pop, los libros y el cine los que me ayudaron. Me hacían muy feliz, y me hacían ver que había otras vidas posibles, que no tenían que ver con la mía, y que me ayudaban a aprender”. Con los años sí fue encontrando referentes de carne y hueso. “He tenido la suerte de dar con hombres y mujeres que me han servido como ejemplo. Y cuando lo necesito me pregunto: “¿Qué harían fulanito o menganita en esta situación?”. Cojo el teléfono y les pregunto”. Cita a Belén Gopegui, Berto Romero, Jorge Ponce y a su marido (“aunque son muchos más”).

En verano de 2022 cumplirá diecinueve años de relación con Mauricio Rétiz, que se dice pronto. “¡Es un santo!”, apunta. “Me he dado cuenta de que las fantasías sexuales siempre decepcionan cuando bajan a la realidad, mientras que las fantasías románticas siempre superan a la realidad… Siempre es mejor el amor cuando lo vivimos que cuando lo imaginamos”. Mauricio trabajó como foto fija de la serie, con lo cual, si alguna faceta le faltaba por conocer de Bob Pop, “allí vio claro que soy muy burro y no me amilano”.

Dice que si es escritor es por haber sido ante todo un lector empedernido. Aunque en 2021 seguramente ha sido mucha más la gente que ha visto su serie que la que ha leído uno de sus libros. No le molesta. “Todo me parece bien. No son placeres incompatibles, y entiendo que el audiovisual es muy goloso. Leer no te catapulta a un lugar privilegiado. A mí, que tengo 50 tacos, me ha enseñado mucho, pero habrá personas de otras generaciones a las que les enseñen de una manera parecida los videojuegos”. Al preguntarle por un libro, un disco y una serie especiales para él de este año dice: “Existiríamos el mar, de Belén Gopegui; Crucidramas, de Vic Mirallas y la última temporada de Sex Education”.

Sorprende que cuente que todas las horas que pasó en saunas y en parques haciendo cruising de adolescente también le sirvieran para ejercitar su imaginación. “No sabes la de historias que se me ocurrían en esos tiempos de espera (en ocasiones larguísimos, porque triunfaba poco)”. ¿Volvería Bob Pop a una sauna? “Ahora que voy en silla de ruedas, no, porque las saunas son un festival de escaleras y no podría. Si estuviera en condiciones bípedas, y con permiso de mi marido, sí”.

Enfermo de esclerosis múltiple, no duda en denunciar en sus redes los problemas de movilidad que se encuentra en ciudades como Madrid, que dice que para él resultan más peligrosos que el hecho de ser maricón. “Es porque soy un privilegiado por ser un maricón conocido. Me he encontrado más veces con bordillos difíciles que con gilipollas”, asegura. “Pero es cierto que las ciudades no están preparadas para alguien en silla de ruedas ni LGTBI… Tenemos que avanzar en los dos sentidos”.

A pesar de que estamos viviendo momentos complicados en cuanto a aceptación de la comunidad por determinados sectores, no se muestra tan pesimista. “Estamos viviendo una reacción de reaccionarios (nunca mejor dicho) ante avances que se están produciendo y que ellos nunca hubieran imaginado. Ahora tenemos que pagar el precio de esa transición, pero vamos por el buen camino”. Agradece que la ‘g’ de gay ya no sea la inicial dominante en LGTBIQ+, “para que no acaparemos con el homopatriarcado un movimiento mucho más amplio”. Vio claro lo importante que era para él incorporar en su obra aspectos relacionados con la realidad de la comunidad, y en ello sigue. “Fue Andreu Buenafuente el primero que realmente me dio ese altavoz, me enseñó a contar las cosas de una manera divertida y televisiva, y me validó”, asegura.

“Me he sentido queridísimo y muy bien entendido este año”

Tiene miedo a repetirse, y por eso siente la necesidad de seguir aprendiendo todo el tiempo. Por eso no deja de leer, de investigar y de ir a congresos, para conocer puntos de vista y posibilidades de pensamiento desde otros lugares. Transmite una imagen de gran valentía, aunque él no se ve así. “Soy insensato más que valiente. Y muy curioso, en plan Dora la exploradora. Pero miedo no siento”. Solo en ciertas ocasiones. “Cuando tengo tratamientos médicos o revisiones me da cosita. No tengo miedo a la muerte, pero sí a dejarle a la gente que está a mi alrededor una papeleta: por favor, que me muera en un sitio cómodo, que sea fácil transportarme, que no tengan que llamar al juez… Me da miedo ser un coñazo”. Y le da pavor que se le considere como un referente por hablar abiertamente de su enfermedad. “No quisiera por nada del mundo que alguien de 20 o 30 años a quien se la hayan diagnosticado piense que su futuro es estar en una silla de ruedas como yo, porque cada recorrido de la enfermedad es único”.

Como Bob Pop es muy de vivir el día a día y no mirar hacia el futuro, solo le pide al año nuevo seguir pasándolo bien, que le sigan sucediendo cosas bonitas “y que la gente que quiero esté bien”. Muchas de esas personas forman parte de su familia elegida, que tan feliz le hace. “Es que las personas LGTBI de nuestra generación nos hemos tenido que inventar muchas cosas para las que no teníamos referencias”, explica. “Yo no tenía un referente de boda cuando me casé, y me lo pasé muy bien porque no tenía que cumplir expectativas”. Esa capacidad de poder inventar le apasiona: “Rituales, modelos de familia, de convivencia, de pareja… Eso nos ha dado una gran libertad. Por eso el mundo cis hetero no debería esperar a ‘normalizarnos’, sino que debería aprender de nuestros avances en cuanto a descubrimientos”.

FOTOS: MANO MARTÍNEZ
VÍDEO: PABLO CARRASCO DE JUANAS
AYUDANTE DE PRODUCCIÓN: JAVIER MONSALVE
AGRADECIMIENTOS: @ESTUDIOBCN

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