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Je suis Lisette Oropesa (et j’habite au Teatro Real)

31 marzo, 2022
Léetelo en 2 minutos

La soprano estadounidense enamoró en Madrid con un recital de bel canto en francés, con obras de Rossini y Donizetti, en el que fue su regreso al coliseo en el que hizo historia con una Traviata de antología hace casi dos años.

Hace unos días, en conversación con Shangay, Lisette Oropesa nos aseguró que era de esas cantantes que sabían decir ‘no’ a muchos proyectos, pese a los cantos de sirena que teatros muy importantes del mundo le hacían para que debutara en determinados roles o hiciera determinadas cosas. Pero en esa misma conversación dijo también que con el Teatro Real había ocurrido lo contrario, y había dicho “muchos más ‘síes’ que ‘noes’ para los próximos años.

El primero de estos ‘síes’ llegó ayer, 30 de marzo, con un maravilloso recital de bel canto en francés, una lengua en la que –nos confiesa– le apasiona cantar: “Hay más vocales, más opciones, más sonidos… Solo con eso puedes hacer un montón de colores. El sonido te fuerza a sacar otro sonido. Es como pintar con más colores”. En ese concierto, y en ese idioma, dejó muy claro, quién es Lisette Oropesa. Sin perder su dulce sonrisa, su carisma que emana cercanía y el glamour de una diva del siglo XXI, la soprano estadounidense dijo bien claro: “Je suis Lisette Oropesa, et j’habite au Teatro Real”.

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El repertorio escogido ayudó mucho. Para poder estrenar en la Ópera de París, los compositores italianos tenían que adaptarse a las normas de la casa. Es decir, reescribir sus óperas para que, por ejemplo, incluyeran ballet y, por supuesto, que fueran en francés. Eso fue lo que pudimos escuchar en el escenario del Real con arias de Guillaume Tell, Le siègue de Corinthe o Le compte Ory, de Rossini, y de Les martyrs y Lucie de Lammermoor, de Donizetti. En 2018 ya nos había enamorado en este escenario con una Lucia di Lammermoor en su versión original (y más conocida) en italiano. Con La fille du régiment, compuesta originalmente por este último en francés, se cerró el programa oficial. Como propinas, Robert, toi que j’arme de Robert le Diable, y Merci jueves amies, de Les Vêpres Siciliennes.

Lisette Oropesa en un momento del recital en el Real. [fotos: Javier del Real]

También ayudó mucho la magnífica orquesta titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid), bajo la batuta de Corrado Rovaris, con el espléndido coro de la casa, el Coro Intermezzo, dirigido magistralmente por Andrés Máspero.

Oropesa es muy querida en Madrid y ella lo sabe. La última vez que lo comprobó fue en el espectacular concierto que dio en el Teatro de La Zarzuela con un programa de zarzuela española y americana. Cerró con una estupenda Cecilia Valdés que aún resuena por los pasillos del teatro de la calle Jovellanos. Recordemos que es estadounidense, pero de origen cubano (y del que ella hace gala). Ahora, en su regreso al Real, volvió a enamorar desde que, con su voz limpia, clara, brillante y deliciosa, atacó el primer Rossini, Ils s’éloignent enfin, de Guillaume Tell.

Todo fue a más desde ese momento. Y llegamos al primer éxtasis con su Lucie, que nos recordó, como no podía ser de otra manera, su Lucia de hace cuatro años. Pero con La hija del regimiento y su Salut à la France! fue cuando de verdad tocamos el cielo.

La soprano tiene todo lo necesario para ser la gran diva y dama de la ópera que es. Aquí lo sabemos desde aquella histórica Traviata, cuando se convirtió en la primera mujer en bisar en el Teatro Real. Una función que, además, hizo que todos los ojos de la lírica mundial mirasen a Madrid, porque todos los demás teatros del planeta seguían cerrados tras el confinamiento.

A sus cualidades vocales se le unen las escénicas y físicas, con una imagen muy actual, moderna y divertida. No hay más que ver su Instagram para comprobarlo. Canta como los ángeles, su voz es delicada y hace con ella lo que le viene en gana. Es guapa, glamourosa y con un imagen impecable, que corresponde a la época en la que vive. Vegana confesa, hace proselitismo de la vida sana sin caer en el radicalismo ni en la intransigencia.

¿Se puede pedir más? Pues sí, ella lo tiene, y es fundamental para completar su éxito: transmite, cae bien, conecta con el público, es cercana desde el escenario. Y todo ello sin dejar de ser diva ni estrella.

Por todo ello, sí que puede presumir, en francés, que es como más sofisticado, de ser quién es y decirlo muy claro: “Je suis Lisette Oropesa”. Y, para nuestro placer, nos ha confirmado muchos ‘síes’ en el Teatro Real, por lo que también puede apostillar: “Et j’habite au Madrid”.

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