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Los héroes (y víctimas) LGTBI nos salvan la vida a todos, sea en Kiev o en Sitges

11 abril, 2022
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La comunidad LGTBIQ+ de Ucrania vive un momento muy complicado, como todo el país. Luisgé Martín reflexiona sobre cómo los avances conseguidos por el colectivo peligran de manera muy preocupante debido a la invasión de Rusia.

Hace apenas unas semanas, tres hombres de Vilafranca del Penedés quedaron a través de Grindr con un joven y le dieron una paliza por maricón.

Es el mismo método que se lleva usando desde que comenzó la caza de brujas en Rusia: los homófobos se crean perfiles falsos en aplicaciones de contactos sexuales, quedan con gais desprevenidos y les golpean para escarmentarles.

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Los países no suelen cambiar por las leyes: cambian por las generaciones. Pero sí es cierto que las generaciones están influidas por las leyes y por los liderazgos de su país.

España es un ejemplo mil veces repetido: una sociedad terriblemente conservadora y represiva en lo religioso y en lo moral acabó convirtiéndose muy deprisa en una de las sociedades más tolerantes y abiertas en lo que a la cuestión LGTBI se refiere. ¿Por qué? Porque hubo un estallido de libertad en las generaciones más jóvenes de los años 80, y porque esas generaciones, cuando llegaron al poder, hicieron leyes para proteger esa libertad.

Algo parecido podría haber pasado en Rusia y en Ucrania, pero no pasó. Aunque aparentemente parece más fácil llegar a la libertad moral desde el marxismo que desde el catolicismo, no fue así. Pero en Ucrania empezaba a verse un horizonte.

Las manifestaciones del Orgullo –como símbolo– eran cada vez más numerosas en Ucrania, y desde hace algunos años la policía protegía a los manifestantes de los ataques de los matones, que seguían acudiendo a intervenir. En Rusia, en cambio, se habían dictado las famosas leyes anti LGTBI, que castigan cualquier demostración que pueda ser entendida como una defensa de una sexualidad no ortodoxa.

Hace cinco años estuve en bares gais de San Petersburgo, y descubrí con sorpresa que en ese intramuros había una actitud gozosa que se parecía mucho a la que yo viví en el Madrid de principios de los 80: escondida pero feliz. Pero nada más: fuera había miedo y salvajes dando palizas a homosexuales indefensos. Eso eran Ucrania y Rusia hasta el 24 de febrero. Dos países que se parecían mucho en las distancias cortas pero que caminaban en direcciones radicalmente opuestas.

Uno, hacia el modelo europeo, que, pese a cualquier pesar, sigue siendo el único en el que desarrollar un proyecto de vida personal sigue siendo posible. Y otro, hacia el autoritarismo, la intolerancia y la marginación de cualquier disidencia sexual. La guerra ha hecho saltar todo esto por los aires, y aunque en una guerra conviene ser siempre pesimista, existe la posibilidad de que todo tenga un final medio feliz.

La cuerda puede romperse por uno u otro lado, y si finalmente se rompe por el lado correcto supondrá sin duda un avance histórico (aunque nunca irreversible) para los derechos LGTBI. Hay un hecho que debemos recordar: hoy, en el campo de batalla, en los dos ejércitos, hay gais empuñando fusiles.

Estoy seguro de que también en el lado ruso hay gais que, imbuidos de ese espíritu nacionalista tóxico que tanto daño está haciendo en nuestro tiempo, luchan en defensa de la gloria de su país. Pero los gais que han tenido que coger las armas en Ucrania no solo luchan por la libertad de su patria, sino por la libertad a secas, por su derecho a seguir soñando con un futuro en el que puedan amar a quien quieran sin tener miedo por ello.

No hay épica limpia en una guerra. Los héroes, que son muchos, son siempre héroes innecesarios. Pero son, en cualquier caso, héroes que nos salvan la vida a todos. Porque Kiev, Mariúpol, Odessa o Moscú son lugares que nos parecen lejanos en el mapa. Pero Vilafranca del Penedés no. Vilafranca del Penedés está a media hora de Sitges, uno de esos lugares que cualquier gay español sabe que está cerca de su corazón.

LUISGÉ MARTÍN ES ARTICULISTA Y ESCRITOR. SU ÚLTIMA OBRA PUBLICADA ES LA PIEZA TEATRAL AMOR PURO (DOS BIGOTES)

IlUSTRACIÓN: IVÁN SOLDO

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