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El triunfal (y necesario) regreso de ‘El barberillo de Lavapiés’ al Teatro de La Zarzuela

15 junio, 2022
Léetelo en 4 minutos

Esta obra maestra de Barbieri –y de la zarzuela grande– vuelve en la brillante producción del Alfredo Sanzol en la que Borja Quiza y Cristina Faus dan vida a un Lamparilla y una Paloma de antología.

Hay que decirlo bien claro: El barberillo de Lavapiés es una de esas obras redondas de nuestro repertorio. En 2019, el Teatro de La Zarzuela estrenó una nueva producción de esta joya de Franciso Asenjo Barbieri, y ahora la repone. La conclusión es que no solo no ha envejecido, sino que en estos tres años ha ganado. Y mucho.

En 1998, este mismo coliseo subió a escena la apuesta de un entonces no tan popular Calixto Bieito que hizo temblar el patio de butacas a base de abucheos y pateos. Gustó a aquellos que pensábamos que se debía renovar el género. Pocos años después se repuso, y –vista con frialdad y más distancia– al menos quien esto firma pensó, en ese regreso, en lo equivocado que estaba por ese primer –y falso– entusiasmo.

Alfredo Sanzol –actual director del Centro Dramático Nacional– ha renovado el clásico, pero sin perder un ápice del espíritu de la obra original. ¿En qué consiste esta ‘actualización’? Pues simplemente en ver con ojos de hoy esta zarzuela que tiene, en verdad, un argumento atemporal: picaresca (o corrupción) en la política, cortesanos del rey y una sociedad transversal en la que la nobleza y el pueblo llano (Lavapiés) se cruzan sin el menor de los problemas. Es decir, Madrid 2022.

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Borja Quiza es Lamparilla, el sacamuelas y barberillo de Lavapiés. [Fotos: Javier del Real]

Si a eso se le añade un reparto redondo, el éxito está servido. El barítono gallego Borja Quiza –como ya hiciera en 2019– da vida a un Lamparilla de antología. Con una voz perfectamente proyectada, tiene una dicción (castiza) perfecta, y realiza un trabajo actoral prodigioso, creando a un barberillo divertido, simpático, entrañable. Realmente, un lujazo. Cristina Faus está al mismo nivel con una Paloma exquisita, pero chulapa y castiza en el plano interpretativo, e impecable en el canoro. Ella también estaba en el estreno de hace tres años y repite ahora. Una pareja de lujo. La prueba es el bis del Dúo de la tirana que el público pidió la noche del estreno.

Al mismo nivel está el resto del reparto, así como la Orquesta Titular del Teatro de La Zarzuela (Orquesta de la Comunidad de Madrid), con José Miguel Pérez-Sierra en la batuta. Estupendo el coro de la casa que dirige Antonio Fauró, como podemos comprobar en momentos como el famoso Coro de las costureras. Una función de altos vuelos, musicales y teatrales.

Borja Quiza y Cristina Faus en un momento de El barberillo de Lavapiés, que regresa a la Zarzuela.

Sanzol adapta el chisposo y divertidísimo libreto de Larra (Luis Mariano, hijo del famoso periodista) que se estrenó en este mismo teatro en 1874. En esta comedia de enredo se suceden muchos escenarios, desde los montes de El Pardo hasta la plaza de Lavapiés. Pero en esta función la escena es, sin embargo, una gran caja negra con una serie de paneles que delimitan los espacios en los que sucede la trama, las intrigas, los engaños, los amoríos, las conspiraciones de nobles al servicio de Carlos III… Eso sí, con un elaboradísimo vestuario de Alejandro Andújar, también responsable de la escenografía. La iluminación de Pedro Yagüe y las coreografías de Antonio Ruz consiguen el resto.

Barbieri –uno de los promotores del Teatro de La Zarzuela, y responsable de la inauguración de esta hoy emblemática sala en 1856 – era un gran defensor de la ‘lírica española’. Por eso esta obra está llena seguidillas, jotas, caleseras… pero no es, sin más, una zarzuela folclórica. Tampoco una simple burla, una parodia graciosa de El barbero de Sevilla de Rossini. Músico de gran formación (y de origen italiano por parte de madre: el apellido Barbieri parece ser que llegó a nuestro país a la corte de Carlos III, cuando el Borbón vino de Nápoles al trono español, justo en los años en los que ambientó esta obra), conocía a la perfección lo que se cocía por la Europa musical de esos años. Como cuenta Andrea Merli en el magnífico programa del Teatro de La Zarzuela de mayo de 1998, se permitió decirle ‘no’ a Verdi cuando este le pidió ayuda para documentarse –para su Don Carlo– sobre la música que se escuchaba en la época de Felipe II.

Musicalmente hablando, El barberillo de Lavapiés es una joya. La apuesta que ahora recupera el teatro de la calle Jovellanos nos pone esta obra en junio de 2022 sin que se pierda nada de la esencia original.

Mucho público joven salía del teatro no solo sorprendido, sino con una sonrisa. Los abonados, ya de cierta edad, lo hacían encantados. Ese es el camino. Si para llenar un patio de butacas de gente de menor edad hay que echar, cabreados, a los aficionados de toda la vida, algo se está haciendo mal. Porque, al final, y para terminar castizos, esa aventura no es “ni chicha ni limón” y no sirve para nada.

Pero, como dice el personaje de Lamparilla en el primer acto, “basta ya de política, que hay unos pájaros negros por aquí que no me gustan. ¡Merendemos!”. Pues pasemos todos a merendar –y a disfrutar– al Teatro de La Zarzuela con este imprescindible Barberillo de Lavapiés.

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