La voz (no) humana de Ermonela Jaho (y la de Malin Byström): desamor en el Teatro Real

Rossy de Palma debuta en el coliseo madrileño con un monólogo llamado 'Silencio', que sirve de nexo entre 'La voz humana' de Poulenc y 'La espera' ('Erwartung') de Schönberg.

La voz (no) humana de Ermonela Jaho (y la de Malin Byström): desamor en el Teatro Real
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

18 marzo, 2024
Se lee en 4 minutos

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Ermonela Jaho regresó al Teatro Real para debutar en el papel de La Mujer (Elle) en La voix humaine de Poulenc. Y se llevó al público de estreno de calle, en este difícil rol que es un durísimo monólogo de una mujer atormentada, enganchada al teléfono, reclamando amor al hombre que la ha abandonado. La soprano albanesa dejó claro que su voz no es humana, por cómo afronta este reto que la mantiene en escena –en tensión, al igual que a los espectadores– los cuarenta minutos que dura esta obra desesperada.

La voz humana es una obra dura. Un monólogo de Cocteau que Poulenc llevó a la ópera en 1959 tras su estreno parisino y que definió como «tragedia lírica en un acto». Es un reto para las sopranos, y muchas las grandes se han acercado en algún momento de su carrera a este papel. Ermonela Jaho triunfó a lo grande en su debut. Al igual que lo hizo la Orquesta Titular del Teatro Real, dirigida por Jérémie Rhorer. Una obra que nunca se había visto en el Teatro Real y que consolida la apuesta del coliseo por la ópera del siglo XX, tal y como hemos visto en estos tres primeros meses de 2024.

Ermonela Jaho (Elle) en La voz humana. Foto: Javier del Real.

Ermonela Jaho (Elle) en La voz humana. Foto: Javier del Real.

Esta obra siempre ha fascinado a grandes personajes de la cultura, entre ellos, a Pedro Almodóvar, que recientemente la llevó al cine en un mediometraje protagonizado por Tilda Swinton. Ambos estaban presentes en la sala. Y ambos aplaudieron a rabiar. Medio universo almodovariano estaba esa noche en el patio de butacas, desde Bibiana Fernández hasta Loles León, para apoyar a Rossy de Palma, que debutaba en la ópera de Madrid en un doble papel: el de Marthe, la criada de la protagonista de La voz humana, y luego en Silencio, un monólogo que ella misma concibió junto a Christof Loy, director de escena de toda esta apuesta, que es una nueva producción del Teatro Real.

La escenografía de La voz humana, como no podía ser de otra manera, es una gran estancia, casi desnuda, y un teléfono con un larguísimo cable que servía para que la soprano diera todo lo que sabe, que es mucho, y enamorase a la audiencia.

Rossy de Palma en 'Silencio' en el Teatro Real. Foto: Javier del Real.

Rossy de Palma en Silencio en el Teatro Real. Foto: Javier del Real.

Tras el arrollador triunfo de Ermonela Jaho, el teatro estaba con ganas de más. Y el comienzo de la segunda parte, a telón bajado, sirvió para que Rossy de Palma estrenase este monólogo, Silencio, con tintes de humor, en varios idiomas (francés, alemán, español…), con sonido amplificado, que ayudó un poco a desengrasar y preparar para lo que venía. Enfundada en un espectacular traje diseñado por ella, cuya cola ocupaba el inmenso escenario del Real, la actriz mallorquina termina su pieza con «todo el amor que sentí por ti, me lo voy a dar a mí».

Era necesario desengrasar porque lo que venía después era harina de otro costal: Erwartung (La espera) de Arnold Schönberg,  «monodrame en un acto», compuesto en 1909, cincuenta años antes que La voz humana, y estrenado en 1925 en Praga. Una obra corta, muy compleja, sobre otra mujer desesperada, que Malin Byström bordó hasta la desesperación. La soprano sueca también arrasó en la noche de estreno con este durísimo rol. Las protagonistas de ambas obras no tienen nombre (La mujer, Elle, en el caso de la obra de Poulenc, y La Mujer, Die Frau, en la de Schönberg), pero ambas tienen el denominador común del desamor que las lleva a la máxima expresión del dolor.

Malin Byström (Eine Frau), en 'La espera'. Foto: Javier del Real.

Malin Byström (Eine Frau), en La espera. Foto: Javier del Real.

Malin Byström también conquistó a la sala, en una noche de estreno que fue todo un éxito. Dos obras cortas, muy difíciles de cantar, con una Orquesta Sinfónica de Madrid que volvió a deslumbrar. La propuesta escénica de Christof Loy, rigurosa e imponente, pese a tratarse de dos obras intimistas, resaltaba la crudeza de ambas óperas. Y un estreno mundial de un monólogo, con Rossy de Palma, que logró quitar un poco de hierro al asunto y llevar estas dos partituras a un universo que ya ha conquistado el mundo como es el de Almodóvar. Éxito total del Teatro Real a sumar al del reciente estreno de La pasajera, que se puede ver hasta el 24 de marzo. Está claro que este mes hay que pasar por el coliseo de la Plaza de Oriente.

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