'Jugar con fuego', el Madrid castizo Barbieri se va al fútbol en el Teatro de La Zarzuela (y quien juega con fuego…)

Ruth Iniesta deslumbra como la duquesa de Medina, y el fantasma de un merecidísimo –y solicitado– bis en su romanza del tercer acto sobrevoló el ambiente. Está más que justificado que se lo permitan en las próximas funciones.

Esta obra no se representaba en el escenario de la Plazuela de Teresa Berganza desde hace veintiseis años. Foto: Elena del Real.
Esta obra no se representaba en el escenario de la Plazuela de Teresa Berganza desde hace veintiseis años. Foto: Elena del Real.
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

26 marzo, 2026
Se lee en 6 minutos

Temas: , , , ,

La ópera y la zarzuela dedicaron muchos años, décadas, del pasado siglo XX a jugar a ‘épater le bourgeois’ y a ‘épater a los castizos’ respectivamente. Ya bien entrado el siglo XXI, ambos, los castizos y los burgueses, están ya más empachados que epatados; llevan muchos años epatados, y ya no necesitan ni Omeoprazol. Por ello, desde hace ya unos años, las reinterpretaciones de los libretos se centran en ponerse al día según códigos actuales como sostenibilidad, igualdad, denuncia social de acoso…

Marina Bollaín, directora de escena de esta función es, además, la encargada de actualizar el libreto de Ventura de la Vega de esta zarzuela castiza de Barbieri que, sin embargo, se basa en una comedia francesa y que ahora regresa al Teatro de La Zarzuela. Para muchos musicólogos Jugar con fuego es la primera zarzuela grande de la historia del género, con tres actos, en la línea de la ‘opéra-comique’ que triunfaba en esos años (se estrenó en 1851 en el Teatro del Circo de Madrid) en el país vecino. Una categoría, la zarzuela grande, que tantas alegrías nos dio en años posteriores.

Jugar con fuego teatro de la zarzuela

Una estupenda Ruth Iniesta da vida a la Duquesa de Medina en Jugar con fuego en el Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.

Ambientada en el Madrid popular de una verbena dieciochesca en la ribera del Manzanares, la historia narra la típica comedia de enredo entre marqueses, duquesas y las clases populares, pues era habitual que la nobleza disfrutase de estas fiestas –como bien se refleja tanto en crónicas como en pinturas de la época– junto a los madrileños más castizos. Eso, exactamente, es lo que pasa hoy en el fútbol: empresarios (¿los verdaderos nobles de ahora?), famosos de las revistas del corazón (¿la nueva aristocracia), ricos sin más (la burguesía de toda la vida) y los aficionados del pueblo se juntan en estadios como el Bernabéu, en el que supuestamente se sitúa esta adaptación. Si la obra hiciese gira, perfectamente podría ser el campo de fútbol de la ciudad en la que se encuentre ese escenario.

En esos estadios se juntan las élites con trajes y modelazos, con los ciudadanos en chándal y pantalón corto. Como ocurría en las verbenas del Madrid del XVIII (pero también de XIX y de principios del XX). Por ello la idea de adaptar estos vodeviles decimonónicos –con personajes tan transversales, otro término hoy en día de actualidad– no está falta de sentido.

Soberbia Ruth Iniesta

Lo que resulta curioso es que en todas esas ‘actualizaciones’ a nadie se le ocurra trasladar la acción al Madrid castizo de hoy, en el que las verdaderas ‘modernas’ actuales, que rompen con todas las etiquetas tradicionales, comparten barra –bebiendo limoná con sus parpusas y chalecos– con las chulapas y chulapos de toda la vida, una comunión absolutamente perfecta en la que nada chirría; una realidad a la que los libretos originales de ciñen como un perfecto guante hecho a medida. A veces la realidad supera a la ficción.

Ruth Iniesta, que comenzó este curso lírico en Les Arts de Valencia con Fausto, regresa al escenario de La Zarzuela y lo hace triunfando a lo grande. Atacó con tal delicadeza y canto exquisito su romanza Un tiempo fue que en dulce calma que el fantasma del bis sobrevoló durante muchos minutos la preciosa sala de la Plazuela de Teresa Berganza. Se le tuvo que haber concedido. Seguramente se consumará en las próximas funciones. Es de justicia.

La soprano encabeza un reparto que, en la noche de estreno, fue compacto, sólido y perfecto para esta divertida zarzuela de enredos amorosos: un estupendo Alejandro del Cerro como su enamorado Félix; José Antonio López, el ‘acosador’ marqués de Caravaca, soberbio en la romanza y coro finales, la conocidísima ¡Quién me socorre! y David Lagares, como el duque, padre de la duquesa. Un cuarteto perfecto para el final del primer acto, junto al estupendo coro del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró.

Una espectacular escenografía de Blanca Añón sitúa, en la adapración de Bollaín, los tres actos en la cantina del estadio previo al partido, la sala VIP en el descanso y la salida del campo tras el final (en el original son la ribera del Manzanares, un salón del Palacio del Buen Retiro y un manicomio). Por utilizar lenguaje futbolístico, la noche del estreno la directora jugaba en casa, y cuando un equipo juega en su campo, la grada siempre anima. Salvo unos contados (y sonoros) abucheos, la afición premió la propuesta. Es lo que tiene jugar con fuego: a veces uno se quema y, a veces, no. Como bien lo reflejó Vital Aza en El rey que rabió, «el rey está rabioso, o no lo está»; es la magia (y la grandeza) de la zarzuela.

Shangay Nº 583
Portada de la revista Anuario 2025
  • Marzo 2026
Shangay Voyager Nº 45
Portada de la revista Shangay Voyager 45
Anuario 2025
Portada de la revista Anuario 2025
  • Diciembre 2025