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‘El rey que rabió’: el trono está vacío en La Zarzuela, y tú puedes ser la reina (o no)

4 junio, 2021
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Partamos de una premisa: El rey que rabió es una zarzuela perfecta. Y lo es desde que se estrenó hace 130 años (aniversario que se cumplió el pasado mes de abril) en ese mismo escenario del Teatro de La Zarzuela al que ahora regresa, en una nueva producción del coliseo. Solamente por ver y escuchar el famoso Coro de doctores del tercer acto –puro teatro del absurdo antes de que este existiera– merece la pena ir a la calle Jovellanos.

El trono está vacío porque el rey se ha fugado. Quizás tú puedes ser la reina que busca el rey. O no. Igual que el perro que mordió al rey pudo contagiarlo de rabia. O no. Porque es un animal que “suele ladrar muchísimo. O suele no ladrar”. Para seguir parafraseando a Miguel Ramos Carrión y a Vital Aza, autores del libreto al que puso música Ruperto Chapí, “todos estos signos pruebas son de rabia. Pero al mismo tiempo, signos son de tal: de que el animalito no tiene mal. Y de esta opinión, nadie me sacará; que el perro está rabioso, o no lo está”.

Lo dicho estamos ante una obra maravillosamente absurda (¿o no?) en la que el rey de un país imaginario, es decir, España, se escapa del palacio en donde su Gobierno lo tiene secuestrado. Y los ministros lo tienen encerrado para que el monarca no vea lo que ese Gobierno está haciendo con el pueblo, que no es otra cosa que robar, sablear a los ciudadanos a través de indecentes impuestos. Llenarse sus bolsillos, mientras la gente se arruina porque no tiene trabajo, en este caso, porque las cosechas de ese país rural no dan para lo que cuesta la vida.

Cuando Daniel Bianco, director de La Zarzuela, programó este título para cerrar esta histórica temporada no podía ni soñar que íbamos a tener a un rey que no estaba en palacio. Mucho menos que estaría fuera de su país por asuntos, como mínimo, poco claros. Si sabía ya, sin embargo, que su heredero se había casado con una persona que no era de la corte, como el protagonista de esta zarzuela. Pero no que una pandemia nos iba a tener en jaque, y que el Gobierno iba a tener a sus ministros asesorados por unos doctores (o no) que, como los del coro, nos dicen una cosa… y la contraria. Nos podemos quitar la mascarilla, o no. Nos podemos poner esta vacuna, o la otra… “Doctores sapientísimos, que han estudiado bien. Son en sus obras lingüistas, del nuestro carecer…”.

Eso, y no otra cosa, es nuestra zarzuela. Un género que retrata a una sociedad de un país que no es imaginario, España. Que, aunque haya cambiado mucho, “juzgando por los síntomas que tiene el animal”, igual no ha cambiado nada. Esa es la grandeza que tiene nuestra zarzuela. “Todos estos signos pruebas son de rabia. Pero al mismo tiempo signos son de tal, de que el animalito no tiene mal”. Lo dicho: en este sublime Coro de doctores (que es el que asesora al Gobierno de esta zarzuela de Chapí en tres actos) podemos encontrar la respuesta a muchos de los problemas que tenemos hoy: puedes planear tu veraneo… o no.

Un momento de la nueva producción de El rey que rabió en el Teatro de La Zarzuela. [Fotos: Javier del Real]

Como decimos, esta joya de Chapí vuelve a lo grande al escenario en el que se estrenó en una producción dirigida por Bárbara Lluch, que regresa a La Zarzuela tras su maravillosa Bernarda Alba de 2018. El montaje es impecable, visualmente impactante. Y precioso. Ayuda la exquisita iluminación de Vinicio Cheli,  desconcierta el llamativo (a veces excesivo y otras brillante) vestuario de Clara Peludo Velentini. O igual no es ni excesivo ni brillante. Que doctores tiene la zarzuela…

Hay dos repartos. En la función de estreno, Enrique Ferrer da vida a un rotundo rey, con muy buena planta, que convence desde que sale a escena. El gran Jorge Rodríguez-Norton promete ser también un buen monarca en el segundo de los repartos. Rosa, la aldeana que enamora al rey que escapa de palacio es Rocío Ignacio, injustamente cuestionada en su famosa romanza del segundo acto: ni era el momento, ni era para tanto. Esas cosas no deberían ocurrir (igual estaba Corinna en el paraíso, y quería boicotear a la futura esposa; o no). María José Suárez crea una magnífica María, la labradora. Al igual que hace el resto del extenso elenco. Lo mismo que el coro titular, sobre todo en una obra en la que los coros son tan importantes. Y tan maravillosos.

La función peca de un exceso de histrionismo. El absurdo de las letras de Ramos Carrión y Vital Aza no es, necesariamente, sinónimo de gritos y sobreactuación. De hecho, gana mucho cuando las cosas se calman.

El Teatro de La Zarzuela termina su temporada dando una nueva lección de saber estar. Ha mantenido de forma heroica, casi sin tocar, su temporada, mientras sus homólogos en otras ciudades del mundo estaban cerrados. Recupera obras del repertorio de nuestra zarzuela grande y les da una nueva vida, pese a que la historia que cuentan es la de siempre.

En este país imaginario el rey no está en palacio. En el Palacio de La Zarzuela también falta un rey. En España tenemos un Gobierno que seguramente se plantea si el rey que no se ha ido está rabiando… o no. Todo puede ser.

Pero en el Teatro de La Zarzuela hay un trono vacío y están buscando a una reina. Puedes ser tú, lector. “Todos estos signos pruebas son de rabia. Pero al mismo tiempo signos son de tal, de que el animalito no tiene mal”. En la zarzuela [el género] todo es posible. O no.

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