Cada vez que hablamos de la importancia de ofrecer oportunidades a nuevas miradas y voces disidentes que puedan aportar algo diferente a la industria del cine y que, con sus películas, ayuden a mostrar la realidad de personas que existen pero que no están representadas en la ficción, nos referimos a casos como este. Ian De la Rosa firma Iván & Hadoum, su ópera prima, una historia de amor ambientada en los invernaderos de Almería que ya fue premiada con el Teddy Award de la Berlinale, y es ya una de las grandes revelaciones de este 2026.
La película sigue a Iván, un chico trans que trabaja como carretillero en una explotación agrícola, y a Hadoum, una joven hispanomarroquí recién incorporada a la planta de empaquetado. Cuando surge el amor entre ellos, las presiones laborales, familiares y sociales comienzan a tensar la relación. Un Romeo y Julieta contemporáneo, en la que el cineasta evita cualquier artificio romántico para construir un relato profundamente arraigado en la realidad social de los márgenes.

Lo más interesante de la propuesta de De la Rosa es precisamente aquello que decide no hacer. Iván & Hadoum evita convertir la identidad trans de su protagonista en un problema narrativo permanente. Iván es trans, sí, pero también es trabajador, hijo, novio, amigo y alguien atravesado por aspiraciones y contradicciones.
El director, también un hombre trans, ya había expresado su deseo de ver más películas donde ser trans no constituyera el conflicto central, y esa filosofía impregna toda la obra. De hecho, ya había trabajado como guionista y director en series como Veneno y Vestidas de azul, donde la identidad trans es la columna vertebral de las historias.
EL VALOR DE EXISTIR EN PANTALLA
Durante décadas, las personas trans han ocupado un lugar marginal en el audiovisual. Cuando aparecían, a menudo era desde la caricatura, el trauma o la tragedia. Los hombres trans, además, han sufrido una invisibilidad casi absoluta. Por eso resulta tan relevante que Iván & Hadoum plantee una historia romántica clásica protagonizada por un personaje trans cuya identidad no eclipsa su trama.
La importancia de esta representación va mucho más allá de la comunidad trans. El cine construye imaginarios colectivos, y ampliar quién puede protagonizar una historia de amor implica ampliar también nuestra idea de quién merece ser amado, deseado y recordado. En tiempos marcados por discursos reaccionarios y ataques a los derechos LGTBIQ+, películas como esta funcionan como una herramienta cultural.
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De la Rosa apuesta por un naturalismo contenido que rehúye el melodrama. El paisaje del llamado «mar de plástico» almeriense se convierte en un escenario tan áspero como hermoso, mientras las interpretaciones de Silver Chicón y Herminia Loh sostienen con autenticidad una historia que habla de amor, identidad y pertenencia.
Iván & Hadoum no pretende cambiar el mundo. Pero sí consigue algo quizá más difícil: mostrarlo un poco más amplio, más complejo y más habitable para quienes durante demasiado tiempo quedaron fuera del encuadre.












