Ya lo contamos en la crítica del estreno en estas páginas: ‘El exceso de Romeo y Julieta eleva a Nadine Sierra al cielo del Teatro Real’, titulamos el pasado 28 de mayo tras la primera representación. Anoche, día 13 de junio, la soprano estadounidense se consagró en el coliseo madrileño con su primer bis en esta sala. Fue con el aria del veneno tras más de siete minutos de aplausos, con un teatro abarrotado que no paró de pedirlo.
Cuando Nadine Sierra terminó de cantar, con una delicadeza exquista, Amour ranime mon courage el público estaba sobrecogido. No era para menos. La soprano está viviendo un momento dorado. En Madrid ya había enamorado con La Sonnambula y, hace justo un año, con La Traviata. Ambas con Xabier Anduaga. No hace falta ser adivino para poder afirmar que forman una pareja de las que se convertirá en leyenda de la lírica.

En este Romeo y Julieta esta con otro de sus cantantes fetiche con el que también tiene una química especial, el tenor mexicano Javier Camarena. Era la última función de las trece que hubo con dos repartos (y tres sopranos para el complicado rol de Julieta), y el tenor mexicano también vivió una velada memorable, que esta vez sí que revalidó sus gloriosas noches de triunfo en el Real que suman tres históricos bises: el primero fue en La fille du régiment (2014), luego, en 2016 arrasó en I puritani y en La favorite (2017). El segundo bis llegó en 2018 con Lucia di Lammermoor, y el tercero, con L’elisir d’amore en 2019. Luego llegaron Il pirata (2019) y Rigoletto (2023). Otros dos triunfos rotundos. También ha dado varios conciertos en 2019, 2021, 2023. A esos triunfos, ahora se suma este Romeo y Julieta.
Nadine Sierra paralizó la sala. Cuando terminó de cantar la maravillosa aria del veneno, el éxito fue atronador. En ese momento, en el montaje de Thomas Jolly –que coproduce el Real con la Ópera de París– los bailarines están en el suelo pues, tras esta escena, continúa el ritmo trepidante que el director francés ha planteado para esta espectacular producción. Pero, en esta ocasión, no pudo ser. El público del abarrotado Teatro Real no paraba de aplaudir y de pedir el bis. El tiempo se paró; la escena, también.
Con los bailarines esperando tumbados en el suelo del escenario, con el público sin dar respiro, el tiempo detenido y miradas cruzadas entre foso y escena que lo decían todo, sin decir nada… el maestro Carlo Rizzi no paraba esperar la decisión de la emocionada soprano. Tras más se siete minutos, ella le hizo un gesto, los bailarines siguieron esperando, tumbados en el suelo, la escena se paró y el reloj se reactivó: Nadie Sierra subió la escalera, cogió la botella del veneno, y se produjo la magia. Esa magia que solo se puede producir en las grandes noches de ópera. De esas en las que uno regresa volando a casa.
Esta última función se emitió en directo desde el Teatro Real a cerca de 150 pueblos de toda España, como parte del programa Semana de la Ópera. Más de 40.000 personas fueron testigos de lo que se vivió en Madrid
Grazie, Nadine! Bravisima! Vuelve pronto a Madrid. Ya te echamos de menos.


