La ópera y la zarzuela dedicaron muchos años, décadas, del pasado siglo XX a jugar a ‘épater le bourgeois’ y a ‘épater a los castizos’ respectivamente. Ya bien entrado el siglo XXI, ambos, los castizos y los burgueses, están ya más empachados que epatados; llevan muchos años epatados, y ya no necesitan ni Omeoprazol. Por ello, desde hace ya unos años, las reinterpretaciones de los libretos se centran en ponerse al día según códigos actuales como sostenibilidad, igualdad, denuncia social de acoso…
Marina Bollaín, directora de escena de esta función es, además, la encargada de actualizar el libreto de Ventura de la Vega de esta zarzuela castiza de Barbieri que, sin embargo, se basa en una comedia francesa y que ahora regresa al Teatro de La Zarzuela. Para muchos musicólogos Jugar con fuego es la primera zarzuela grande de la historia del género, con tres actos, en la línea de la ‘opéra-comique’ que triunfaba en esos años (se estrenó en 1851 en el Teatro del Circo de Madrid) en el país vecino. Una categoría, la zarzuela grande, que tantas alegrías nos dio en años posteriores.

Una estupenda Ruth Iniesta da vida a la Duquesa de Medina en Jugar con fuego en el Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.
Ambientada en el Madrid popular de una verbena dieciochesca en la ribera del Manzanares, la historia narra la típica comedia de enredo entre marqueses, duquesas y las clases populares, pues era habitual que la nobleza disfrutase de estas fiestas –como bien se refleja tanto en crónicas como en pinturas de la época– junto a los madrileños más castizos. Eso, exactamente, es lo que pasa hoy en el fútbol: empresarios (¿los verdaderos nobles de ahora?), famosos de las revistas del corazón (¿la nueva aristocracia), ricos sin más (la burguesía de toda la vida) y los aficionados del pueblo se juntan en estadios como el Bernabéu, en el que supuestamente se sitúa esta adaptación. Si la obra hiciese gira, perfectamente podría ser el campo de fútbol de la ciudad en la que se encuentre ese escenario.
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En esos estadios se juntan las élites con trajes y modelazos, con los ciudadanos en chándal y pantalón corto. Como ocurría en las verbenas del Madrid del XVIII (pero también de XIX y de principios del XX). Por ello la idea de adaptar estos vodeviles decimonónicos –con personajes tan transversales, otro término hoy en día de actualidad– no está falta de sentido.
Soberbia Ruth Iniesta
Lo que resulta curioso es que en todas esas ‘actualizaciones’ a nadie se le ocurra trasladar la acción al Madrid castizo de hoy, en el que las verdaderas ‘modernas’ actuales, que rompen con todas las etiquetas tradicionales, comparten barra –bebiendo limoná con sus parpusas y chalecos– con las chulapas y chulapos de toda la vida, una comunión absolutamente perfecta en la que nada chirría; una realidad a la que los libretos originales de ciñen como un perfecto guante hecho a medida. A veces la realidad supera a la ficción.
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'Jugar con fuego', de Barbieri, regresa al Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.
'Jugar con fuego', de Barbieri, regresa al Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.
'Jugar con fuego', de Barbieri, regresa al Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.
'Jugar con fuego', de Barbieri, regresa al Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.
'Jugar con fuego', de Barbieri, regresa al Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.
'Jugar con fuego', de Barbieri, regresa al Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.
'Jugar con fuego', de Barbieri, regresa al Teatro de La Zarzuela. Foto: Elena del Real.
Ruth Iniesta, que comenzó este curso lírico en Les Arts de Valencia con Fausto, regresa al escenario de La Zarzuela y lo hace triunfando a lo grande. Atacó con tal delicadeza y canto exquisito su romanza Un tiempo fue que en dulce calma que el fantasma del bis sobrevoló durante muchos minutos la preciosa sala de la Plazuela de Teresa Berganza. Se le tuvo que haber concedido. Seguramente se consumará en las próximas funciones. Es de justicia.
La soprano encabeza un reparto que, en la noche de estreno, fue compacto, sólido y perfecto para esta divertida zarzuela de enredos amorosos: un estupendo Alejandro del Cerro como su enamorado Félix; José Antonio López, el ‘acosador’ marqués de Caravaca, soberbio en la romanza y coro finales, la conocidísima ¡Quién me socorre! y David Lagares, como el duque, padre de la duquesa. Un cuarteto perfecto para el final del primer acto, junto al estupendo coro del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró.
Una espectacular escenografía de Blanca Añón sitúa, en la adapración de Bollaín, los tres actos en la cantina del estadio previo al partido, la sala VIP en el descanso y la salida del campo tras el final (en el original son la ribera del Manzanares, un salón del Palacio del Buen Retiro y un manicomio). Por utilizar lenguaje futbolístico, la noche del estreno la directora jugaba en casa, y cuando un equipo juega en su campo, la grada siempre anima. Salvo unos contados (y sonoros) abucheos, la afición premió la propuesta. Es lo que tiene jugar con fuego: a veces uno se quema y, a veces, no. Como bien lo reflejó Vital Aza en El rey que rabió, «el rey está rabioso, o no lo está»; es la magia (y la grandeza) de la zarzuela.


