14/12/2019

Relatos gays de fin de semana: ‘Dráculas’

19 enero, 2019
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El mal tiempo se avecinaba al otro lado de la ventana, pero los dos cuerpos se tumbaron en el sofá bajo la manta. Uno de ellos, el más fuerte, pasó su brazo por encima del otro y lo atrajo levemente hacía sí. En la televisión ponían Drácula, en blanco y negro.

Las imágenes se proyectaban sobre ellos al igual que sobre el resto del salón. De tanto en tanto, el que estaba detrás dejaba de mirar la película y miraba con cariño a su acompañante. Bela Lugosi se relamía los labios en la pantalla mientras él contemplaba con el mismo deseo el cuello de su compañero.

En la pantalla, el actor dejaba entrar en su castillo a una dama. La noche se había apoderado del otro lado de la ventana y ahora solo la luz del televisor iluminaba sus cuerpos. Grises, blancos y negros se reflejaban en ellos. La lengua lamió los labios y con deseo se acercó lentamente hacía el cuello del acompañante.

La tímida damisela no opuso resistencia, al igual que el joven que, en el sofá, se dejaba besar poco a poco. La lluvia comenzó a caer sobre la ventana y, lentamente, al igual que la lengua en la piel, fue dejando un reguero húmedo en el cristal. El cuello sabía ligeramente a sal y los labios succionaron la piel con ansia y con deseo. Por un momento, solo por un momento, pensó, al igual que en la película, en morder el cuello a su acompañante.

Bela yacía sobre el cuerpo de la chica, una gota de sangre se el escapaba por la comisura de los labios y él, sin saber por qué, quiso hacer lo mismo. Un leve gemido dio pie a que la manta acabase en el suelo sin más testigos que la lluvia golpeando los cristales. Nadie volvió a mirar la película aquella noche. Las manos buscaban carne, los labios buscaban carne y en el televisor el pobre Bela Lugosi se estiraba en su ataúd totalmente solo.

Las bocas notaron un regusto a sangre. Bela, en la pantalla, sonrió complacido.

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