17/06/2019

‘El sueño de una noche de verano’ (o un disparate en el Teatro de La Zarzuela)

3 febrero, 2019
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Es, para muchos, muy difusa la línea que separa la ópera de la zarzuela. Y este montaje de El sueño de una noche de verano puede aún confundir más. Esta obra de Gaztambide fue entrenada como ópera cómica en tres actos en 1852 el desaparecido Teatro del Circo. Ahora regresa al Teatro de La Zarzuela como zarzuela en dos actos, y con un libreto completamente renovado.

Así como los libretos de ópera no suelen ‘tocarse’ –y cuando alguien se atreve a hacerlo, se suele montar un buen ‘circo’ en el patio de butacas–, con los de opereta o zarzuela no suele ocurrir igual. Cierto es que muchas veces son infumables. Pero también lo son los de muchas obras de repertorio de ópera, y ahí siguen montaje tras montaje. Aunque cierto es, también, que muchos de esos montajes son infumables, tanto por rancio-casposos como por absurdos de modernidad. El melón está abierto.

Musicalmente, estamos ante una obra que suena a Italia por los cuatro costados. Donizetti viene a la cabeza no solo por los acordes, sino también por el tema. Recordemos la maravillosa trilogía donizettiana sobre las reinas Tudor. Tiene todo el sentido. Gaztambide compuso esta obra en una época en la que en Madrid se imponía la ópera italiana. En el Teatro Real –recientemente construido esos años sobre el anterior teatro de ópera de Los Caños del Peral– ‘reinaba’ ese género por imposición, nunca mejor dicho, ‘real’: lo deseaba (ordenaba) la mismísima Isabel II. Este hecho tenía encendida la ira de los compositores españoles. Y ya se sabe que, cuando hay ira encendida y crítica, surgen pequeñas obras maestras, como la posterior y genial El dúo de la africana (1893), que no es otra cosa que una maravillosa sátira a La africana, de Giacomo Meyerbeer, que no paraba de representarse en Madrid.

Es en ese contexto en el que Gaztambide compone El sueño de una noche de verano, un disparate de ópera cómica que no está basada en la obra de Shakespeare, sino en Le Songe d’une Nuit d’Été, una parodia musical de la misma que se había estrenado en París pocos años antes. La obra es una sátira encubierta a la propia reina Isabel II, pues juega con la confusión de nombres con el la reina inglesa Isabel. Gozó de cierta fama en el estreno, incluso más en Europa, donde la obra de Shakespeare era mucho más conocida que en España. Luego cayó en el olvido.

Cuatro años más tarde de este estreno, el propio Gaztambide (junto con varios socios más) levantó, con su dinero, el Teatro de La Zarzuela para dar acogida y dignidad a la creación española, ya que el Real no abría sus puertas a nuestros compositores. Curioso que el año pasado se reviviera esa situación con el intento de fusión entre ambos coliseos.

Es a este teatro al que ahora llega esta recuperación, con un libreto completamente nuevo, que es un disparate ambientado en la Roma que refleja Fellini en La dolce vita. Esto da libertad a Raúl Asenjo para que sobre el escenario –por el que tanto luchó Gaztambide– pasen personajes tan anacrónicos como William Shakespeare, Orson Welles, Guillermo del Moro (es decir, del Toro), una princesa  y una condesa italiana, la reina Isabel de Inglaterra o el propio Falstaff verdiano y shakesperiano. Fellini, Ava Gardner, Visconti, Perón o el mismo Franco están en boca de todos los personajes.

A nivel teatral estamos ante una superproducción de Marco Carniti que fue ideada (y medio gestada) por el fallecido Gustavo Tambaschio. A él están dedicadas todas las funciones. Todo ocurre en un soberbio decorado que nos traslada a la romana plaza de España. Desde el encuentro de Welles con Guillermo del Moro hasta las oníricas secuencias que nos llevan a los bosques de Shakespeare, magistralmente resueltas. Musicalmente, tanto la orquesta como el coro, titulares del teatro, están soberbios en esta partitura que más que sonar a ópera cómica española nos recuerda a muchas páginas de Rossini, Bellini o Donizetti.

Y luego llega lo mejor de la función: el espléndido reparto. La canaria Raquel Lojendio es un lujo como princesa Isabella Tortellini y como reina Isabel. Maravillosa también como bailarina en ese sueño de una noche de verano del segundo acto. Santiago Ballerini, brillante en su doble papel como Orson Welles y Guillermo del Moro; Luis Cansino es un soberbio Falstaff y también en su otro rol de Juan Sabadete, y Beatriz Díaz, está estupenda como Olivia de Plantagent. Preciosos dúos y tercetos. El resto del elenco, impecable. Hay dos repartos que se alternan, y es de imaginar que el segundo está a la misma altura.

Un disparate que sirve para recuperar una obra olvidada de un compositor, Gaztambide. Sin él, y sin sus otros de sus compañeros de aventuras y desventuras en ese reinado de Isabel II, en este caso de España, este teatro –tan importante para nuestra historia musical– no hubiera sido posible. Hoy, más que nunca, conviene recordarlo.

Su ópera cómica en tres actos subió por fin a ‘su’ escenario, aunque haya sido como zarzuela en dos actos. Se le debía.

Fotos: Javier del Real

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