18/09/2019

Crítica de ópera: ‘Agrippina’ nos lleva al reino de Oz

18 mayo, 2019
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¡Duelo de divas! Desde el primer momento nos quedó claro: primero salió a escena Joyce DiDonato y, poco después, Franco Fagioli. Y el contratenor del momento llevaba unos chapines de rubíes, como Dorothy cuando iba camino a Oz… Y al reino de Oz nos llevó esta Agrippina que se representó en el Real en una única función, que fue inolvidable. Y también todo un duelo de contratenores.

La ópera de Händel, más de tres horas y media de música, necesita un reparto como el que se subió al escenario del Real. Máxime si es en versión concierto. En este caso, los guiños escénicos de los cantantes ayudaron a su desarrollo. La diva del Metropolitan, la mezzosoprano Joyce DiDonato, se lució como la estrella que es. Incluso se permitió el desliz de columpiarse en una entrada ‘pisando’ al oboe y empezando a cantar fuera de tiempo. Ella, con tablas más que sobradas, le dio paso con un maravilloso gesto con su mano, a medio camino entre las folclóricas y las diosas. La estrella volvía a Madrid tras su triunfo la pasada temporada en Dead Man Walking, con un papel radicalmente distinto. Ella es así, pasa del barroco a la ópera contemporánea sin pestañear.

Frivolidades aparte, el cast del Real fue de primer orden. Fagioli es uno de los contratenores estrella en todo el mundo y vive su mejor momento. Lo dio todo. Y en todos los sentidos. La trama también da mucho juego para ello. Las conspiraciones de Agrippina (DiDonato) y su hijo Nerone (Fagioli) para conseguir el trono imperial frente a los deseos de Claudio (el bajo Renato Dolcini, estupendo) de que le suceda Ottone (un soberbio Xavier Sabata; el contratenor español se llevó la primera, merecidísima gran ovación de la noche. Está lanzado y va a dar mucho más que hablar en los próximos años) son una mina explosiva. El amor que este siente por Poppea (la soprano Elsa Benoit), a quien también ama Claudio, hace el resto.

El contratenor español Xavier Sabata (Ottone), que se llevó la primera gran ovación de la noche, con la diva estadounidense Joyce DiDonato (Agrippina). [Fotos: Javier del Real]

El duelo de divas en escena DiDonato/Fagioli nos dejó momentos antológicos con una gran complicidad/rivalidad. El cantante argentino está por encima del bien y del mal, y quiere disfrutar. Se nota. Y que disfrutemos nosotros. Y lo hicimos. Hace del exceso su mejor tarjeta de presentación; su simple salida a escena es ya un gran show, un derroche de glamour revestido de pluma barroca. Ella, por su parte, ejerce de diva. Pero una diva nada trasnochada, sino de hoy en día. Y saca también toda su pluma barroca en sus escenas conjuntas. Un exuberante recital de excesos que sabe conectar con el público que abarrotaba la sala, que era como una antesala del Orgullo.

Con el papel casi agotado desde hacía meses, esta función era uno de los bombones de la temporada. La orquesta barroca Il Pomo D’Oro y un contundente reparto lleno de estrellas auguraban una noche mágicamente barroca. Y así fue: más de tres horas de maravillosa música de Händel en las mejores manos y gargantas.

Como bien dieron a entender los chapines rubíes de Fagioli, todos seguimos el camino de baldosas amarillas y llegamos al reino de Oz. Eso sí, después de tantos excesos, al llegar a casa, también dijimos, como Dorothy: “There’s no place like home”.

El reparto al completo junto a Maxim Emelyanychev, director de la Orquesta Il Pomo D’Oro, en los apoteósicos saludos finales.

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