25/10/2020

Crítica de ópera: ‘Je suis narcissiste’, ¿ópera contemporánea o vodevil?

7 marzo, 2019
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Sí, es posible. La ópera contemporánea puede ser un vodevil. Y divertida. El Teatro Real se lanza a la piscina coproduciendo esta ópera de Raquel García-Tomás junto a Òpera de Butxaca, el Teatro Español (sala en la que se representa) y el Teatre Lliure de Barcelona. Y se tira a la piscina porque – hablemos claro y sin eufemismos– consigue quitarse de encima esa pátina de aburrimiento que siempre va implícita a cualquier nueva creación en el mundo de la lírica.

(Fotos Javier del Real)

García-Tomás compone una partitura sin complejos, mezclando estilos y formas. Pero, lo más importante, lo hace pensando en el espectador. Llevamos décadas en las que los compositores han estado ‘creando’ para satisfacer sus egos, ¿su narcisismo? O el de sus amigos, o el de los ministros de Cultura de turno, que subvencionan sin pensar en la taquilla. Parece que, afortunadamente, las cosas están cambiando y podemos volver a disfrutar en los teatros de ópera en estos estrenos absolutos.

Nos los contaba el mismísimo Philippe Jaroussky. Cuando le preguntamos [con motivo del estreno de Only The Sound Remains] por esta falta de comunión con el público, nos contestó: “Quizás durante treinta o cuarenta años hemos tenido mucha música súper especial, súper difícil y súper experimental. Creo que ahora la música contemporánea se ha acercado más al público. Es posible que sea necesario un poco más de tiempo para que este vuelva. Hay muchas razones para ese divorcio. Uno, que la música fue más como una demostración. Muy difícil de tocar, explorando todos los sonidos, con juegos, asociaciones… Una cosa, digamos, más demostrativa. Hay ahora toda una generación de compositores que aprovechan toda esa experimentación previa, pero vuelven a un campo en el que el público pueda entender”.

La música de Je suis narcissiste no es solo ‘escuchable’, sino que es muy agradable, completa. Mezcla partes sinfónicas con electrónica y, además, está al servicio del libreto, de lo que se cuenta. Los cuatro cantantes –estupendos actores además– están magníficos. Elena Copons da vida a Clotilde, la protagonista, una mujer que ve cómo su mundo se derrumba y todo a su alrededor son esnobs narcisistas, estereotipos del mundo en el que vivimos. Toni Marsol, como Giovanni, es el médico que la psicoanaliza. María Hinojosa da vida a las múltiples mujeres que pasan por la obra; y Joan Ribalta, a los hombres. Y, ¡milagro! A los cuatro se les entiende sin necesidad de leer los subtítulos. Todo un logro. ¡Bravo por ellos!

El libreto es una sucesión de tópicos que reflejan la absurdez que nos rodea con demasiada frecuencia. Y, por qué no decirlo, lo absurdamente que nosotros mismos nos comportamos también con demasiada frecuencia. Desde el compromiso social, solidario y cultural (magnífico el cuadro de la performance) hasta la dieta eco y vegan. Todo cabe. Y cabe bien. Como esta ópera contemporánea es un vodevil, pues los personajes entran y salen con un ritmo frenético, que no decae en la hora larga que dura la función.

Pero, claro, un vodevil necesita de puertas para que los personajes entren y salgan. Aquí las puertas, invisibles, están en una magnífica apuesta escénica de Marta Pazos, que ya sorprendió a la crítica con el Sueño de una noche de verano que puso en escena en el Centro Dramático Nacional hace unos meses.

Pazos apuesta por una escenografía que juega con el color y la luz. Y lo hace magistralmente. Con una estética muy años cincuenta consigue un ritmo que casa a la perfección (que ‘marida’, podría decir cualquier personaje de la ópera) con el libreto y la música. La comunión entre la escena, la historia y la música es absoluta. Y en ello ayuda mucho también el trabajo de Vinicius Kattah al frente de quince músicos de la Orquesta Sinfónica de Madrid (Titular del Teatro Real). Luego, hay un nada pequeño detalle que no podemos dejar de lado: el fantástico vestuario de Pier Paolo Álvaro, quien también firma la llamativa caracterización de los personajes.

Un espectáculo divertido, ingenioso, de altísimo nivel, que hace que, por fin, nos lo pasemos bien en un estreno de una ópera contemporánea. Sin complejos, sin tonterías. Y sin máscaras: dejemos el narcisismo para cuando tengamos que ponernos la careta de cultos y pedantes. Ahora, en el Español, es momento de echar una risas. Y de disfrutar de una magnífica ópera.

Llevamos varias esta temporada en Madrid: La casa de Bernarda Alba, en La Zarzuela; Only The Sound Remains, en el Real. Tenía razón Jaroussky, las cosas están cambiando. Ojalá.

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