20/10/2019

CRÓNICA: Así fue el fiestón de cumpleaños de Jennifer Lopez en Fuengirola

9 agosto, 2019

No iba Jennifer Lopez a celebrar su 50 cumpleaños como un mortal cualquiera. Además de las fiestas privadas con sus amigos, se ha montado una gira global, It’s My Party, que está suponiendo algo así como unas vacaciones de lujo pagadas. Y encima remuneradas.

En su paseo veraniego de lujo, hizo parada ayer en Fuengirola (Málaga). No permitió el acceso a la prensa, suerte que nosotros habíamos pagado nuestra entrada Y pudimos comprobar lo generosa que está siendo al compartir los fastos de cumpleaños, y su arte, con los fans. En un momento en que la música latina se ha convertido en la que domina las listas y las playlists del mundo, está muy bien que J.Lo se reivindique a sí misma como una de las precursoras del fenómeno. Visto el repaso a su carrera de It’s My Party, en un show que roza las dos horas –e incluyó seis cambios de vestuario de la diva–, no cabe duda también de la importancia de la neoyorquina de origen boricua a la hora de popularizar también el r’n’b teñido de hip-hop.

J.Lo se ha creado todo un imperio a su alrededor, y ayer lo compartió con los 14.000 presentes en todas sus facetas. De ahí que el show comenzase con trailers y mensajes de los patrocinadores, sin rubor. Promocionó antes de empezar la próxima temporada de su talent show World of Dance, su próxima película, Hustlers, y también la marca que viste a todo su equipo en la gira –gracias a esa pieza sonó su clásico, no siempre reivindicado como merecería, Play–.

Entonces comenzó la fantasía. Un monumento al exceso que bebe mucho de Las Vegas, con bien de dorados en las proyecciones, catorce bailarines –seis mujeres y ocho hombres– y una J.Lo pletórica que lo dio todo. Arrancó con la reciente Medicine, que merecería ser un gran hit aunque no lo esté siendo, y que hace muy bien en promocionar como ella sabe, con coreografía de ensueño y mucho golpe de melena, siempre en movimiento gracias a esos ventiladores que toda diva sabe que necesita en su espectáculo. Dividido en segmentos temáticos, It’s My Party comenzó con la sección urbana, en la que sonaron desde Love Don’t Cost a Thing a Get Right, pasando por Ain’t It Funny, Dinero y, como no, Jenny From The Block. El público se quedó con menos aliento que ella.

Eso no impidió que, de manera espontánea, le cantara el Cumpleaños feliz. Ella, con un divertidísimo spanglish –recordemos que incluso en nuestras entrevistas con ella siempre pidió que fuesen en inglés– se fue soltando y saliéndose del férreo guion del show. El cariño del respetable le llegó bien pronto, y en varias ocasiones señaló su brazo para mostrar que tenía la piel de gallina. Si en la primera parte del show apostó por monos con mucho strass y, a ser posible, mostrando parte de su celebrado booty —al que dio todo el protagonismo necesario durante buena parte del concierto–, tras la tercera pausa para coger aliento llegó la “J.Lo gran dama latina”.

Enfundada en un imposible vestido/tarta de merengue con bien de tules, lanzó un mensaje inspiracional en que recordó que ella también ha tenido momentos difíciles, pero que de todo se sale. Y que anoche quería celebrar ante todo los buenos. Y agradecer a sus fans que siempre hayan estado ahí para sostenerla, incluso cuando la caída había sido grande –¿estaría pensando en Gigli?–. También dijo: “mami siempre estará aquí, como mis fans”, dando una pista de lo que estaba por venir.

Comenzó a cantar Limitless, el tema compuesto por Sia para que ella lo cantara en su película Jefa por accidente–, e introdujo una parte de Titanium, también de Sia. Cuando recuperó Limitless, no tardó en salir su hija Emme –enfundada en camiseta con el título– a cantar una parte a dúo con mami. Y qué bien canta la niña. Uno de esos momentos melodramáticos que siempre funcionan en el show de una estrella de su calibre, y muy bien resuelto, además. Ah, y no faltó el homenaje a Selena, a la que encarnó hace más de dos décadas para el cine, de la que recuperó Si una vez (“una de mis canciones preferidas de ella, aunque en la película no la canté”, recordó).

Llegó entonces la parte dedicada a la autoafirmación femenina. Si J.Lo a veces confunde con los mensajes de sus canciones, a los 50 tiene claro que toca dejar bien claro que ella predica con el ejemplo y que lo suyo es celebrar a las ‘independent women’.  De ahí que cantara, claro, Ain’t Your Mama –de las más celebradas por el público hasta ese momento (dado que España fue de los países en que más éxito tuvo, sorprendentemente), a la que siguió All I Have.

Vuelta al camerino a cambiarse e interludio musical a base de J Balvin y Taki Taki. Sí, se avecinaba la tormenta latina. Calentó al personal con Te gusté, su colaboración con Bad Bunny, y ya se vino el recinto abajo con El anillo, donde el derroche de poderío fue imponente, cuando era evidente que la recta final no iba a dar tregua al baile. Explosión de flúor en vestuario, láseres verdes y, claro, la versión housera de Hex Hector de Waiting for Tonight, a las que siguieron Dance Again y On The Floor. Toma ya.

A los  50, Jennifer Lopez volvió a demostrar en Fuengirola que es una showwoman de primera, y que, pese a quien pese, en lo suyo no hay quien le tosa. Porque pocas como ella pueden defender con esa energía un show de variedades high class como es It’s My Party, en que caben guiños al sonido soulero de la Motown, a la salsa y al hip-hop, y todo encaja a la perfección.

J.Lo es una artista cuya versatilidad ha sido siempre su fuerte, y en esta lujosa celebración de cumpleaños recordó que un imperio como el suyo solo se consigue con una personalidad magnética. La que ella derrochó ayer. Con su pasión por el exceso perfectamente reflejada en el show. Y con su capacidad para encadilar pisando fuerte intacta. Por eso también hay que felicitarla.

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Shangay

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