30/10/2020

El día en el que el colectivo LGTBI+ ‘dio la nota’ en Chueca en pleno Orgullo (y no dio titulares a Vox y ni a Abogados Cristianos )

5 julio, 2020
Léetelo en 8 minutos

Hay que ver, el colectivo LGTBI siempre dando la nota. Parece que no aprendemos. Ahora, con el Orgullo de Madrid –el mayor de Europa y uno de los mejores del mundo– que este año hemos vivido en casa por la pandemia del coronavirus.

En pleno desconfinamiento, con los rebrotes del coronavirus copando los titulares, nosotros otra vez dando la nota. Desde que comenzó eso que de forma tan absurda el Gobierno central ha llamado desescalada, cada vez que hay un ‘evento hetero’ más o menos masivo, este sale en todos los informativos porque no se guarda la distancia social recomendada, o porque hay percances de algún tipo. Por otro lado, cada vez que se acerca una de las miles de fiestas populares que en verano peinan España –de norte a sur y de este a oeste– salta la misma noticia en todos los telediarios. Siempre hay algún descerebrado (mejor dicho, algunos) que se pasan las normas por sus respectivos forros en estos eventos tan poco LGTBI. Pero ahora, en el Orgulloel colectivo LGTBI, nada, a su bola: dando la nota.

Fue llegar el Orgullo, y los gais, bisexuales, lesbianas, transexuales, intersexuales, no binarios de Madrid, volvieron a dar la nota. Al final, los ultras que nos odian van a tener razón. Este año, el Ayuntamiento de Madrid no presumió de bandera LGTBI amparándose en la sentencia del Supremo para contentar a Vox y a Abogados Cristianos. El año pasado, sin sentencia, la desplazó.

Este 2020 hizo un paripé absurdo de una campaña de banderolas que, la verdad, creo que nadie ha visto. Una campaña que también ‘vimos’ en marquesinas y mupis digitales por toda la ciudad durante estos días, o en banderas o iluminaciones en Cibeles. Lo de vimos es un eufemismo…, porque entre que fue tan discreta y que no pudimos salir en el Orgullo, pues verla, lo que se dice verla, la debieron ver muy pocos. Justo en el momento en que más visibilidad necesitaba el evento más multitudinario que se celebra en la capital. La prueba más clara de ello es que este año, por primera vez, ningún medio nacional se hizo eco de la visibilidad del Orgullo del Ayuntamiento de Madrid, cosa que no ocurrió con las casas consistoriales de ciudades menos simbólicas de España.

Aspecto de la calle Gravina, en el corazón de Chueca, el sábado del Orgullo a las diez de la noche.

El alcalde, Martínez Almeida –que tan buena imagen ha conseguido por su buena gestión de la crisis de coronavirus al lograr consensos con todos los grupos políticos–, ha perdido una oportunidad de oro para hacer lo mismo con el colectivo LGTBI. Una pena. Madrid es una ciudad diversa y el mundo LGTBI de la capital también lo es. Este año que no había ruido en las calles era el momento para poner los puntos sobre las íes en determinados temas y dar ese tan necesario paso en el PP. Begoña Villacis –vicealcaldesa, de Ciudadanos, y de quien no depende el Orgullo–, tampoco supo aprovechar este momento histórico, por el que prefirió pasar como de puntillas. Todo muy de perfil bajo. El año pasado sufrieron un vergonzoso e intolerable acoso en la manifestación –un hecho que, personalmente, considero que es repugnante e inaceptable–, y este año han debido pensar que lo mejor era castigar al colectivo con el ‘látigo de la indiferencia’. ¡Hala, todas en el mismo saco!

No ocurrió, sin embargo, igual con el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio Aguado, ni los consejeros de Ciudadanos en el Gobierno autonómico. A todos ellos también les agredieron en el pasado Orgullo. Pero su actitud este 2020 fue muy diferente a la del Ayuntamiento. Y ellos también tienen el apoyo de Vox en la Comunidad y tienen al mando a una representante del PP que muestra cero interés por el Orgullo.

Aguado colocó la bandera en la sede de vicepresidencia y en otras consejerías, como Cultura, donde Marta Rivera de la Cruz tuneó la entrada de la andamiada sede en la calle de Alcalá. Lamentablemente, esos edificios no tienen ni la visibilidad ni el simbolismo que tiene el Ayuntamiento de Almeida, siendo como es –aunque este año de forma simbólica– el anfitrión del evento.

Sí que la tiene el Metro de Chueca, donde Aguado cambió de forma permanente el ‘triángulo’ de entrada, que ya presumirá siempre de los colores que han hecho mundialmente famoso al barrio madrileño más LGTBI de España.

La emblemática Plaza de Chueca, símbolo de la vida LGTBI de España, en plena noche del sábado del Orgullo.

Fue tan de tapadillo, de cubrir sin más el expediente, la campaña LGTBI del Ayuntamiento de Díaz Almeida que lo que salió en las televisiones al día siguiente fue la proyección que la Embajada estadounidense hizo en la Puerta de Alcalá por el 4 de julio. Es decir, el día del Orgullo de Madrid, uno de los más importantes del mundo –que este año no se ha podido celebrar en las calles–, la noticia fue que la Puerta de Alcalá celebró el 4 de julio yanqui. Además, esos gestos no costaban dinero, por lo que esa disculpa, la de que no hay presupuesto por el tema del COVID-19, no vale.

La única conclusión que podemos sacar es que, al final, Vox y Abogados Cristianos han ganado la partida, al menos por este año. Es de sobra conocida la implicación –y la participación– de Villacís en el Orgullo de Madrid. Un evento en el que participaba activamente desde antes de dedicarse a la política. Pero, por las circunstancias que hayan sido, su voz no se debió escuchar en el Palacio de Cibeles. Almeida ha dejado patente que solo quiere conciliar en los temas que le interesan. Ahí no estamos nosotros. Por decirlo con acento chulapo, ya que estamos en Madrid: es lo que hay.

En la Comunidad de Madrid los de Ciudadanos sí que quisieron (y supieron) marcar distancias con la presidenta Díaz Ayuso. Una presidenta que, en plena semana del Orgullo tuvo la desfachatez de decir que no era el momento de hablar de la LGTBIfofia porque «este asunto ahora no le quita el sueño a los autónomos, a muchos artistas o auxiliares de vuelo, o cualquier sector, sea cual sea su condición: lo que quieren es poder abrir». Lo dijo sin despeinarse. Tal cual. Y lo hizo en la Asamblea de Madrid. Para ella, el mundo LGTBI «crea víctimas como modo de vida».

Pues pese a todo eso anteriormente relatado, los maricas, bolleras, transexuales, intersexuales y demás personas que conformamos el diverso (en todos los sentidos, incluido el político) colectivo LGTBI volvimos a dar la nota el día del Orgullo. Y dimos la nota porque, al día siguiente, no hubo ni una sola noticia destacada en los medios sobre botellones en Chueca, ni protestas por las palabras de la presidenta de TODOS los madrileños.

Tampoco hubo líos en los bares que han podido abrir, en la Plaza de Chueca, a las diez de la noche del día del Orgullo; era, simplemente, una plaza más de Madrid, con gente tomando algo tranquilamente. Lo mismo ocurría en la de Pedro Zerolo, donde no pasó nada que no pase ningún fin de semana del desconfinamiento, fuera del Orgullo, en cualquier plaza de una zona de copas de España.

Eso sí, en todo Chueca había gente presumiendo de los colores del arcoíris, que para eso es un barrio de referencia a nivel mundial. Esos colores que el Ayuntamiento de Almeida nos racaneó para dar prioridad a los de la bandera de EE UU, un país que estos días es ‘ejemplo’ mundial por su lucha contra el COVID-19. Y cuyo presidente se pasó por todos sus forros las normas en el acto institucional que celebró en la Casa Blanca ese mismo día.

La calle Pelayo, a la misma hora de un día en que el colectivo LGTBI volvió a demostrar su compromiso con la responsabilidad y el civismo.

La pregunta es: ¿por qué hicimos esto de dar la nota? Pues igual solo para llevar la contraria a Vox y a Abogados Cristianos, que se han quedado sin noticias de esas que tanto les gustan. Cada domingo post-Orgullo, los medios se hacen eco de las protestas de los partidos más contrarios a la que sin duda es la principal fiesta de Madrid hoy en día. Las toneladas de basura, el ruido, los botellones son, siempre, su principal argumento. Y ahora, cuando más necesitan esos argumentos, resulta que son los heteros –en las fiestas o acontecimientos ‘heteros’ que no se pueden celebrar por la pandemia– los que nos quitan nuestros titulares. Somos más malas que Muriel.

Al final, Ayuso va a tener razón: somos «unos victimistas» a los que nos gusta dar la nota. No tenemos remedio. Siempre la tenemos que liar. Es una lástima que Begoña Villacís no haya luchado más porque nuestros colores estuvieran bien representados en el Ayuntamiento y en las calles de Madrid o, al menos, desmarcarse del timón del capitán Almeida.

¿El año que viene? Ya lo cantó Alaska, ¿a quién le importa?

x

Shangay

Toda la actualidad LGTB + Cultura + Sexy + Ocio. Contenidos exclusivos cada semana en tu correo.