El Orgullo es de Madrid (no de Vox)

Varios asistentes impidieron el paso del grupo de Ciudadanos que participaba en la manifestación por sus pactos con el partido de Abascal.

El Orgullo es de Madrid (no de Vox)
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

7 julio, 2019
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Estaba cantado que se iba a liar. Ciudadanos –un partido que desde su nacimiento ha sido pro LGTBI y ha participado en el Orgullo– ha pactado con Vox en media España. Eso le iba a pasar factura en el primer Orgullo en el que tienen poder (real) en el Ayuntamiento de Madrid. Así ha sido. Y se ha liado parda.

Es evidente que los pactos recientes en el Ayuntamiento, y los previsiblemente futuros, en la Comunidad, con el partido abiertamente de ultraderecha (y homófobo) no iban a caer en saco roto. Máxime cuando los organizadores de la marcha directamente les vetaron y no les dejaron participar oficialmente en el Orgullo de Madrid. Ellos, en su momento, respondieron con una campaña en redes: Al orgullo, vamos. A toda esta polémica se añadió, para caldear más el tema, las recientes declaraciones de los dirigentes de Vox sobre estas fiestas. Personas como Rocío Monasterio aseguraban hace unos días que «el orgullo es una caricatura denigrante».

Aun así, ellos decidieron ir, a modo particular, y llegó el conflicto. Como ocurrió en el Orgullo de Barcelona o en el de Valencia. Pero en el de Madrid –multitudinario y de referencia a nivel internacional– todo tiene un eco mucho mayor. Los asistentes, entre los que se encontraban Inés Arrimadas, número dos del partido, e Ignacio Aguado, candidato a la Comunidad de Madrid, tuvieron que ser evacuados por la policía.

El hecho es que el boicot a la participación no institucional de Ciudadanos hizo que el ritmo de la manifestación –’manifiesta’, como muchos la denominan– se ralentizara hasta límites exasperantes para muchas de las carrozas, que tuvieron que retrasar su salida más de dos horas, con todo lo que ello implica. Montar una carroza cuesta mucho esfuerzo y dinero (que los colectivos destinan para su activismo LGTBI) y hubo que esperar parados, en pleno mes de julio madrileño, a que se resolviera la situación para poder desfilar según estaba pactado y previsto. Todo ello afectó también al resto de eventos que tenían lugar en escenarios como el de la Puerta de Alcalá.

Es más que probable que estos pactos con Vox le pasen factura en las urnas al partido naranja de Rivera, sobre todo después de ceder en temas como desplazar la bandera LGTBI en el Ayuntamiento de la capital a un lado, después de que Vox pidiera que ni siquiera estuviera. Pero también es más que probable que actos como este boicot terminen pasando factura al Orgullo, una fiesta que, nacida de la reivindicación, ha derivado en un evento multitudinario que ha convertido a Madrid en todo un referente de la diversidad, en una capital mundial del turismo del sector.

El Orgullo es de Madrid (no de Vox)

Por ello, después de un nuevo éxito del Orgullo de Madrid, con más de millón y medio de participantes según los organizadores (400.000 según la delegación del Gobierno), da mucha pena que sea Vox quien se lleve los titulares del Orgullo. En libertad, que es por lo que lucha este evento, son las urnas quienes hablan. Y el aislamiento se ejecuta así, no tirando latas de cerveza a quien quiere manifestase libremente. Quienes les hayan votado, sabrán lo que tienen que hacer.

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