'Tristán e Isolda': el Teatro Real nos embriaga con el filtro (o el veneno) del amor sublime

La historia de amor más bella jamás cantada. Así podríamos definir a esta monumental y maravillosa ópera de Wagner que regresa al Teatro Real de la mano de un repartazo de los que quitan el hipo.

'Tristán e Isolda': el Teatro Real nos embriaga con el filtro (o el veneno) del amor sublime
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

26 abril, 2023
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La historia de amor más bella jamás cantada. Así podríamos definir a esta monumental y maravillosa ópera de Wagner que regresa al Teatro Real de la mano de un repartazo de los que quitan el hipo. Semyon Bychkov a la batuta, y la Orquesta del Real hicieron el resto en una noche que se cerró con una rotunda ovación tras las cinco horas de representación. El filtro del amor que embriaga a los protagonistas consiguió enamorar, de lleno, fuera del escenario.

«¡Salve, Tristán, héroe afortunado!» Regresa Tristán e Isolda al Real y, como vemos, lo hizo a lo grande. Había ganas y eso se notaba en el patio de butacas. Serán solo cuatro funciones (las restantes son el 29 de abril y los días 3 y 6 de mayo) y no conviene perdérselas, porque no es fácil conseguir una función tan redonda con un cast como este, que es el habitual de Bayreuth, templo wagneriano y meca de aficionados de todo el mundo.

'Tristán e Isolda': el Teatro Real nos embriaga con el filtro (o el veneno) del amor sublime

Catherine Foster (Isolda) y Ekaterina Gubanova (Brangäne) la noche del estreno. [Fotos: Javier del Real]

Andreas Schauer ya había triunfado como Tristán en este escenario en 2014. Y también nos había enamorado en la tetralogía con un rotundo Siegfried en plena pospandemia (que fue histórico, con la orquesta en los palcos para guardar la entonces necesaria distancia entre los músicos), cuando medio mundo aún estaba cerrado y solo el Real programaba ópera de manera continuada. Al igual que en El ocaso de los dioses del pasado año 2022 que cerró el ciclo.

Ahora regresa con este Tristán e Isolda que, anunciada en un principio en versión concierto, se presentó con una semiescenificación de Justin Way que fue otra de las grandes sorpresas de la noche. Continúa así el coliseo de la plaza de Oriente de Madrid con esta estupenda racha wagneriana. Madrid tiene sed de Wagner, y el público del Real llena la sala con esa mezcla religiosidad y música que solo consigue congregar el compositor alemán.

'Tristán e Isolda': el Teatro Real nos embriaga con el filtro (o el veneno) del amor sublime

Catherine Foster (Isolda) y Andreas Schager (Tristán), dos de los mejores cantantes wagnerianos del momento.

El primer acto es de Isolda. La soprano británica Catherine Foster –que la noche del estreno sustituyó a Ingela Brimberg, que canceló por enfermedad– nos regaló una de las que no olvidaremos. Con ella, la no menos espléndida Brangäne, su criada, de Ekaterina Grubanova. La propuesta escénica de Way, que consistía en mover a los cantantes con una dramaturgia que conseguía que los personajes fueran creíbles, de manera elegante, sencilla y eficaz, remató este primer acto que se cerró con la primera gran ovación de la noche.

Si Tristán e Isolda es la historia de amor más bella jamás cantada, el segundo acto de esta ópera tiene el más bello dúo de amor de la ópera. Y Andreas Schager y Catherine Foster lo volvieron a demostrar. En el tercer acto, tras el maravilloso preludio,  Un pastor –Jorge Rodríguez-Norton, el único español que pisa año tras año el escenario del Festspielhaus de Bayreuth– da paso a un Schafer con un Tristán sencillamente soberbio, estratosférico, como si no fuera terrenal. Las tres muertes de Tristán están a punto de culminarse, al igual que una noche en la que, tras cinco horas de representación, vivimos una jornada wagneriana de primerísimo nivel.

El espléndido Kurwenal de Tomas Johannes Mayer, así como Franz-Josef Seling (el rey Marke) y Neal Cooper (Melot) fueron también responsables de una noche redonda. Alejandro del Cerro (un marinero) y David Lagares (un timonel) completan el reparto de esta inmensa ópera que, en sus casi cuatro horas de música tiene muy pocos papeles protagonistas. Espléndido, como siempre, el Coro del Teatro Real en el primer acto.

El hecho de poder disfrutar de la música, sobre todo de con este reparto de primerísimo nivel, sin las perturbaciones de algunos directores de escena –que en vez de barcos en Tristán e Isolda ven cualquier otro delirio en sus apuestas escénicas–, fue otro de los pluses de la noche. No hace falta más de lo que vimos con la simple coordinación escénica con la que Wagner volvió al Real por la puerta grande. ¡Bravo!

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