No hay dos sin tres, y con I Masnadieri se cumplió el refrán. Desde la pasada temporada, el Teatro Real nos está regalando grandes sorpresas con óperas de Verdi de esos maravillosos años ‘de galeras’. Obras poco conocidas, en versión concierto, que son auténticas noches de gran ópera en mayúscula. Primero fue Attila, el pasado mes de mayo, y luego llegó I Lombardi alla Prima Crociata, en julio. Ahora, esta maravillosa propuesta de I Masnadieri viene a rematar esta gloriosa faena. Una ópera que Verdi, en sus años más ‘internacionales’, estrenó en Londres en 1847, y que llegó al Madrid, a este mismo Teatro Real, solo siete años más tarde, en 1854.

La ópera de Verdi I Masnadieri, en versión concierto en el Teatro Real con Lisette Oropesa (Amalia), el tenor Piero Pretti (Carlo) el barítono Nicola Alaimo (Francesco), el bajo Alexander Vinogradov (Maximiliano), el tenor Alejandro del Cerro (Arminio), el bajo George Andguladze (Moser), el tenor Albert Casals (Rolla) y el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, bajo la dirección musical de Franceso Lanzillota. Foto: Javier del Real.
Con casi todas las entradas vendidas desde hace meses, el regreso de la maravillosa soprano Lisette Oropesa al Real era el mejor reclamo para esta ópera, de libreto, digámoslo así, imposible, basado en una obra de Fiedrich von Schiller de historias caballerescas, castillos, bandidos y castigos divinos. Mi querido amigo y colega José María Marco, una de las personas más cultivadas que conozco, dice que parece que Verdi compuso el papel de Amalia para la soprano estadounidense. La noche del estreno se comprobó que perfectamente podía ser así.
Lisette Oropesa y el Teatro Real
Tras su bis en la histórica Traviata del posconfinamiento, volvió ahora a deslumbrar con otro de esos ‘momentazos’ que se recordarán en la historia del coliseo de la plaza de Oriente, bisando la cabaletta del aria Carlo vive. Lisette Oropesa es divina, en Madrid es adorada y, una vez más, demostró su poderío tanto canoro como escénico, incluso en una representación en versión concierto. El Teatro Real es una de sus salas fetiche (aquí debutó su primera reina donizzetiana con Maria Stuarda) y es un regalazo que Madrid sea una de sus plazas preferidas.
Un reparto de antología fue clave para tan gran éxito. Había sed de una ‘ópera-ópera’, y quedó saciada con una inmensa ovación a todos. El estupendo barítono Nicola Alaimo en un jumpin de tan ultimísima hora que no tuvo más que un ensayo a piano con el maestro, fue otro de los grandes triunfadores. Sustituía a Mattia Olivieri por enfermedad, y su Francesco estuvo también al borde del bis. El bajo ruso Alexander Vinogradov (Massimiliano) y el tenor italiano Piero Pretti (Carlo) completaron el magnífico cuarteto protagonista con el que se nos ofreció esta preciosa y monumental ópera. Los tenores españoles Alejandro del Cerro (Arminio) y Albert Casals (Rolla) y el bajo georgiano George Andguladze (Moser) redondearon un elenco redondo, por ser redundantes y decirlo claro.
Un elegantísimo Francesco Lanzillotta, a la batuta de una estupenda y verdiana Orquesta Titular del Teatro Real, fue otro de los puntos clave para una noche de tal éxito. El solo de violonchelo de la obertura ya marcó el camino para una noche de gran ópera, en la que el Coro Titular del Teatro, a las órdenes de su director, José Luis Basso, nos hizo recordar aquella escena de Senso, de Visconti, por lo que podemos decir, con orgullo: ¡Viva Verdi! Así, como lo disfrutamos en el Teatro Real el pasado 10 de febrero en la noche de estreno, sí. Una noche de ópera como las de antes. De las grandes. Queda una segunda función, el día 14.

Lisette Oropesa consiguió un nuevo bis en el Teatro Real con I Masnadieri, de Verdi. Foto: Javier del Real.


