Para evitar malas interpretaciones, hay a dejarlo muy claro desde el principio: soy fan de Las Campos. Además de ser fan, muy fan, las quiero y son amigas. Pero ello no me impide alabar –de una manera absolutamente imparcial, con criterio y rigor periodístico– el inmenso potencial televisivo que tienen tanto Terelu como Carmen Borrego, las dos hermanas Campos, hijas de María Teresa Campos, y madres de una nueva generación que viene pisando fuerte.
No es la primera vez que lo digo desde estas páginas: si no se puede poner puertas al campo, nadie puede (ni podrá) poner puertas a Las Campos. Como tampoco nadie pudo ponérselas a su madre, la gran María Teresa Campos.
Muchos dirán que no les importa nada ni lo que cuentan, ni cómo cuentan sus problemas familiares. Este verano, el asunto que nos ocupa es la supuesta disputa por la también supuesta venta del piso de su madre en Málaga, así como el ‘distanciamiento’ entre Terelu y su revista del corazón de cabecera. Pero también lo más probable es que, quienes nos critican a los que que nos quedamos hipnotizados cuando las vemos contar sus dramas en la tele (ahora amplificados hasta el infinito por los reels de Instagram), estén al día de todo lo que les pasa.
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Esos mismos que nos miran con superioridad por este tema, justificarán su (vasto) conocimiento del asunto por la cantidad de información que reciben sin (supuestamente) querer recibirla. Falso. Por poner un ejemplo, no creo que haya habido más ‘invasión informativa’ que la que vivimos antes, durante y después del Mundial. Yo, que detesto el fútbol, no sé ni cómo se llama el jugador que marcó el gol que nos dio la segunda copa del mundo. Cuando una cosa no te interesa de verdad, no le prestas atención.

Terelu Campos, como Bárbara Valiente, en Paquita Salas.
No es el caso: Las Campos interesan. Y mucho. Son dos animales televisivos que han creado un lenguaje propio, una forma de comunicar, de expresarse y de mostrarse que bebe de las grandes divas catódicas del siglo XX, y que ellas han sabido llevar a su terreno, hacer suya, ya bien entrado el XXI. Quedó más que demostrado en su reality, Las Campos.
Las Campos, ¿las nuevas folclóricas?
Las Campos son, por decirlo de alguna manera, las folclóricas del mundo de hoy. Es cierto que no cantan, pero la leyenda apócrifa de Lola Flores decía aquello de «no canta ni baila, pero no se la pierdan». Pues Las Campos no cantan, no bailan, no son actrices (aunque Terelu hizo sus pinitos teatrales y debutó en la obra Santa Lola junto a su amiga Lara Dibildos) como eran las folclóricas del siglo XX, pero han reinventado el término, lo han actualizado al mundo de la televisión. Y nadie se las pierde. Las Campos comunican; y lo hacen muy bien.
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El televisivo es un mundo en el que ambas tienen una más que demostrada carrera antes de convertirse en iconos pop, una como presentadora, Terelu, y otra, Carmen, tras las cámaras. Y el mundo de la televisión es un espacio en el que ellas se mueven como pez en el agua.
De ellas sabemos casi todo: conocemos qué cosas les hacen felices, y qué es lo que hace que se salgan de sus casillas. Cuando son felices, lo comparten; cuando se salen de sus casillas, lo sufrimos. Quienes no las conocen pueden quedarse solo con la idea de la imagen que transmiten, con un punto de soberbia y de aires de grandeza (divas, al fin y al cabo). Pero quienes las conocemos de verdad sabemos que son generosas, desprendidas, y que cumplen a rajatabla el precepto de que su mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Y buenas amigas de sus amigos (que, quizá, no son los que comparten con ellas plató). Pero eso forma parte de su vida privada; no tiene porqué saberse. Los iconos pop no tienen que dar a conocer esas cosas. Pero, recordemos a los haters: detrás de los iconos se esconden las personas. Y las personas tienen sentimientos.

Carmen Borrego, en una de sus intervenciones en televisión.
[Otro pequeño spoiler: he hecho muchos posados con ambas. Muchos, y algunos muy jugosos. Y todos, absolutamente todos, gratis. Un dato importante para quienes critican que lo hacen todo por dinero.]
Terelu lleva más tiempo en el lado de la fama. Su programa Con T de tarde, en una cadena autonómica como Telemadrid (en unos años en los que no había redes sociales) la hizo popular en toda España. Un logro. Ese magacín televisivo es un espacio mítico que hoy, veintidós años más tarde [el programa se emitió entre 1997 y 2004], se sigue recordando. Es más, cuando alguien quiere subirse al carro de la fama de Las Campos, utiliza hechos que supuestamente sucedieron en ese plató para conseguir unos minutos de fama. Y, de paso, cobrar algún dinero, porque eso es otra cualidad de las folclóricas: dan de comer a mucha gente.
Carmen saltó al otro lado la pantalla, el de la fama, mucho después. Pero no perdió el tiempo. La hemos visto en realities, y hasta ha hecho de su vida uno (sus operaciones de estética han sido contadas en directo). Hoy otro de los temas de los que ‘toda España’ habla es de los supuestos celos entre ambas por la fama que la hermana pequeña podría haber robado a la mayor.
La tercera generación Campos
Ahora, además, han entrado en la primera línea de fama miembros de la ‘tercera generación’: Alejandra Rubio y José María Almoguera. Personalmente he tenido mucho menos trato con ellos. Pero me declaro también fan absoluto de la primera, a quien han crucificado en la plaza pública de las redes por,¡oh sacrilegio, publicar un libro! Cómo si alguien obligara a alguien a comprarlo, o si la editorial no supiera qué tiene qué tiene que hacer. Alejandra es un personaje fascinante que ha logrado dar una (nueva) vuelta de tuerca a todo y ser la menos Campos de las Campos, siendo una absoluta Campos. Voilà!
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Si Los Javis, deslumbrados por Terelu, hicieron en Paquita Salas todo un homenaje a la hija mayor de María Teresa Campos, no quiero ni pensar lo que podrían conseguir con ese otro fenómeno, mucho más moderno pero no por ello menos pop, que es Alejandra Rubio. Eduardo Navarrete, que es un visionario para estos temas, es otro que supo que en Las Campos había (hay) mucho potencial.
Con esta nueva generación están nuevos personajes secundarios, como Paola Olmedo. Al igual que Pipi Estrada o Bigote Arrocet, la ex de José María está llamada engrosar la lista de miembros que siguen viviendo del clan. Cuando estaban dentro, estos personajes eran defendidos con uñas y dientes por las matriarcas (Pipi era José Manuel y que a nadie se le ocurriese llamarlo Pipi delante de Terelu; Bigote era Edmundo, con una amplia carrera a sus espaldas). Una vez fuera del clan, ellas ya ni los consideran. Pero ellos siguen haciendo caja… y no precisamente por su pasado profesional.
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Igual habría que plantearse nombrar a Las Campos ministras del Trabajo, porque con ellas podrían bajar la lista del paro. Quizá ese fue el verdadero motivo por el que Pedro Sánchez se reunió con ellas en La Moncloa el 23 de septiembre de 2023. Sería una fantasía.
Está confirmado: nadie puede ni podrá poner puertas a Las Campos. Ahora solo necesitamos saber qué pasará con el piso de Málaga. Y esperar a ver si se confirma la ruptura entre Terelu y Luis Pliego, director de Lecturas, revista de cabecera de la presentadora en los últimos años. Por lo pronto, en lo que va de verano, nos hemos quedado sin su posado en traje de baño. Eso no puede ser. Nos consuela saber que hay más revistas.
Larga vida a Las Campos, dos iconos pop, dos imparables animales televisivos.

La saga Campos según la IA


