24/06/2019

4 razones por las que la segunda temporada de ‘Paquita Salas’ es un triunfo

2 julio, 2018

Paquita Salas ha regresado triunfante. La segunda temporada de la serie, concebida y dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, ha despertado de nuevo la ‘paquitamanía’, y no es de extrañar.

Con Brays Efe –de nuevo– en estado de gracia, sus cinco capítulos saben a poco, pero tienen tanta chicha que nadie podrá quejarse por quedarse con ganas de más. De hecho, la tercera temporada se comenzará a rodar en breve, así que el mono va durar, seguramente, poco.

Sí, es desternillante; sí, está plagada de cameos impagables… Pero no hay que quedarse en esa superficie, porque Paquita Salas ofrece mucho más. Y el ‘concepto 360’ que tanto defiende Paquita está llevado a sus máximas consecuencias. Hay tanto guiño –más o menos evidente, o secreto, según corresponda–, tanta música evocadora –la incorporación de Rosalía en la sintonía es todo un lujo, y las canciones que refuerzan los momentos más potentes de la serie no pueden estar mejor escogidos–…

Estas son cuatro razones de peso, de entre las muchas que se podrían incluir, por las que esta segunda temporada de Paquita Salas engancha y emociona. Sin spoilers para quienes aún no la han visto, con detalles de peso que invitan a revisarla para continuar buscando homenajes, apariciones inesperadas, detalles del mucho cariño que se nota que ha puesto todo el equipo comandado por los Javis.

1. La fama cuesta

En un momento en que la fama está tan sobrevalorada como devaluada, una serie como Paquita Salas resulta de lo más reveladora y desmitificadora. Nunca han ocultado los propios Javis que su carrera no ha sido un camino de rosas, que ellos como actores saben bien lo que es que intenten forzarte a que no seas como eres, que te entregues a la maquinaria de la industria si quieres triunfar.

En la segunda temporada de Paquita Salas, como en la primera, los Javis muestran –con cantidad de pequeños detalles que van calando en el espectador– lo duro que puede ser para un actor formar parte del engranaje de la industria, que no trata igual a los que provocan histerias colectivas que a los currantes que no gozan de una gran popularidad. Ese regusto amargo que dejan muchas de las situaciones a las que se enfrenta Paquita con sus representados –y exrepresentados– le da mucha verdad, y también emoción, a la serie.

2. Risas que se congelan

Paquita tiene unos –muchos– puntazos que te hacen reír aunque no quieras. Como es el personaje más puro de la serie –lo demuestra con creces en esta temporada–, las reacciones que provoca con sus comentarios, con sus dejes, con sus absurdeces también son igualmente directas. Pero no ocurre igual con toda la gente a su alrededor. Ese director del festival de cine de Tarazona que ni se molesta en reservarle una habitación para ella sola –cuando la Salas es de las pocas que se toma muy en serio esa cita–, esa Mariona [Terrés] convertida en una de las antiheroínas de la temporada como exrepresentada aprovechada de Paquita, los moment[az]os de Ana Milán y Verónica Echegui en el primer episodio…

Los ejemplos son múltiples, porque son variadísimos los momentos en que a la vez que te ríes surge el patetismo y lo que querrías en realidad es llorar. No los enumeraremos para no chafarle a nadie el placer de descubrirlos por sí mismx. No está al alcance de cualquier director, ni de cualquier proyecto, utilizar la comedia para generar una risa agridulce, y los Javis demuestran que cada vez son mejores en ello.

3. Lidi

Pedro Almodóvar ha sido siempre un maestro a la hora de recuperar actrices y actores que quizá habían caído en el olvido para muchos, pero no para él, y siempre ha sido fiel y generoso con sus ‘fetiches’. Calvo [cuya primera entrevista como actor fue con Shangay] y Ambrossi son de esa escuela. Y no son pocos los artistas que se apuntan a su juego, que implica en ocasiones mostrar sus debilidades, olvidarse de la vergüenza que podría implicar el reconocer que, quizá durante una larga temporada, han caído en el olvido –para la cruel mayoría que solo aprecia lo que está de moda–. En Paquita Salas hemos visto muchos ejemplos, pero el de Lidia San José, que cobra gran protagonismo en esta segunda temporada, es el más relevante.

Actriz-niña prodigio, supo lo que es la más auténtica popularidad gracias a series como A las once en casa. Tras años alejada de los focos, su participación en la primera temporada de Paquita Salas sirvió para refrescar la memoria de muchxs. En esta segunda cobra un protagonismo mayor, y autobiografía y ficción se entremezclan en el capítulo que protagoniza, El secreto de Puente Viejo. Su generosidad es mucha, y por eso emociona. Capaz incluso de hacer de actriz negada por exigencias del guion. La manera en que brilla se podría considerar un ajuste de cuentas, aunque yo lo veo más como una muestra de enorme generosidad y de negación de ese ego tan peligroso, tan bien representado en muchos momentos de la serie por distintos personajes.

4. Paquita

Paquita Salas somos todxs. Quien se no sea en algún momento reflejado en ella, que se lo mire. Porque el prodigioso Brays Efe la dota de una humanidad con la que resulta imposible no conectar y empatizar. Gracias a su impresionante interpretación, Paquita resulta una mujer generosa y transparente, cuya vulnerabilidad traspasa la pantalla.

Sí, Paquita resulta en ocasiones ridícula y patética, pero es una luchadora. Y muchos la rechazan por ser diferente, por no encajar en los patrones de lo que resulta cool ahora mismo. ¿Por eso hay que reírse de ella? ¿Despreciarla? Lógico que Paquita Salas se haya convertido en icono LGTBI; está claro que todo aquello que motiva a Los Javis está volcado en cada uno de sus trabajos, y esta serie no iba a ser menos. Hay que querer a Paquita. Quienes ya hemos disfrutado de esta segunda temporada, la amamos aún más que antes. Porque lo merece.

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Shangay

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