17/08/2018

Category is… el triunfo que supone ‘Pose’ para las actrices transexuales

5 agosto, 2018
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Voy a ser muy subjetiva, la nueva serie de Ryan Murphy, Pose, me parece maravillosa. Voy a ser también muy objetiva: no creo que esté llegando a todo ese público al que debería llegar. Me refiero a que su éxito quizás no vaya más allá de quien ya de por sí empatiza con su argumento. Lo que viene siendo predicar al convencido. Que también está muy bien, porque genera un estatus de reafirmación personal que nunca está de más, pero a quien ha de calar la trama es a ese target completamente opuesto (y no por ello insensible) que desconoce las dificultades con las que conviven aquellas personas que no son blancas, ni heterosexuales, ni cisgénero.

Eso sí, el hecho de que exista dicha serie ya es un triunfo; ahí queda para la posteridad, cual ventana abierta, para todo aquel que quiera adentrarse en una historia que ha seducido por su realismo. Ahora bien, el gran mérito de Pose no es su cuidada iluminación, ni su magistral dirección o su electrizante música: es su selección de intérpretes, y lo que ello significa. Mujeres transexuales afrontando roles protagonistas, en el que ha sido el mayor casting de chicas trans. En definitiva, actrices desconocidas pero absolutamente efectivas.

Les diré por qué es un logro; la historia del cine y la televisión está plagada de personajes trans que han sido interpretados por mujeres cisgénero, como si no hubiese otra alternativa posible. Y esto no quiere decir que Victoria Abril, Felicity Huffman, Carmen Maura, Fanny Ardant o María Barranco no estuviesen fabulosas en sus respectivas actuaciones. Recientemente, Scarlett Johansson se ha retirado del proyecto en el que iba a interpretar a un hombre trans, como ya hiciese Hilary Swank años atrás, después de recibir una oleada de críticas. La actriz es consciente de que puede optar a multitud de papeles, cediendo el personaje a alguien que probablemente nunca tendrá una oportunidad a la inversa.

Pero es de justicia reconocer que no son las actrices las que crean tales personajes ni se erigen como candidatas ideales. Tal cometido recae generalmente en la figura del director de casting, cuando no en manos del productor o director. Ellas se limitan a aceptar un papel frente a la incógnita de si tendrán trabajo el día de mañana.

Esta justificación sirve por igual para cuando la elección ha recaído sobre un hombre, siendo el más reciente el caso de Paco León y su respectiva polémica. De buena se libró Terence Stamp en Priscilla, reina del desierto. Las veces que se ha contado con una mujer trans para una serie o película siempre ha sido para decir tres frases, que generalmente podían hasta rozar la humillación del personaje, siempre encuadrado en una inverosímil escena de cuartos de baños, ejerciendo la prostitución o bajo el manido juego de la confusión.

Luego nos extraña que las pocas actrices trans que conocemos no deseen hablar de ello. Aparte de que elijan poner márgenes a su privacidad, estoy segura de que no es una cuestión de renegar de sí mismas, sino más bien una huida a ese encasillamiento que supondría su tumba en una industria tan mermada como el cine español.

Tengo muy claro que el hecho de ser una mujer trans (y hago la alusión en femenino porque es notable el número de veces en que estas son retratadas, frente a los casos más puntuales del sexo masculino) no le convierte a una en actriz excelente. Debe ser difícil buscar una minoría dentro de la minoría, pero ahí está Pose para demostrar que es posible. O la buena acogida de la oscarizada Una mujer fantástica. Realismo y dignidad se dan la mano cuando hay una historia que contar. Quizás Scarlett Johansson, meditando para su dimisión, fue consciente de las notables actuaciones de Daniela Vega o Laverne Cox, cuando pocos apostaban por ellas.

Eso sí, estoy convencida de que el verdadero triunfo llegará cuando a los directores de casting se les ocurra llamar a una actriz trans para desempeñar el papel al que podría optar cualquier otra señora, interpretando a una mujer cisgénero. O simplemente que ni se cuestione la identidad del personaje. Más que nada para poder argumentar aquello de que la realidad supera la ficción.

VALERIA VEGAS ES ESCRITORA Y ARTICULISTA. SU ÚLTIMO LIBRO PUBLICADO ES ¡DIGO! NI PUTA NI SANTA.

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