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Rocío Molina y Sílvia Pérez Cruz desnudan su amor extremo en el escenario

27 septiembre, 2018
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Todo es extremo en Grito Pelao. Absolutamente todo. Es flamenco extremo, cante extremo y amor extremo. Y el amor más grande (y por ello extremo) que pueda haber: el de una madre a un hijo. Esto es Grito Pelao. Además de arte puro al desnudo –sin filtros, que se diría ahora en Instagram–, que estos días representan la bailaora Rocío Molina, su madre, Lola Cruz, y la cantaora Sílvia Pérez Cruz en los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid. Y con todas las localidades agotadas.

Rocío Molina quería ser madre. Y para ello recurrió a la inseminación artificial. Quería contarlo a todo el mundo de la mejor manera que sabe: bailando. “El miedo que sentí al pensar en tener un hijo sola y sin un amor acompañante…”, dice la bailaora al público desde el escenario al poco de comenzar.

Ese es el punto de partida de este espectáculo que fue concebido exclusivamente para ello: para contar el poder, la fuerza, el amor incondicional de la maternidad a través de una mujer que va a ser madre y se desnuda, literalmente, a nivel emocional, artístico y físico, en escena. Es la historia de “una lesbiana sin pareja que quiere tener un hijo“, dijo Rocío Molina en una entrevista publicada en El Mundo.

Precisamente por ello está también en el escenario su madre, Lola Cruz, que cuenta la relación entre ambas. Y Sílvia Pérez Cruz, también madre de una hija que, con su cante y su arte, pone ‘la otra voz’ necesaria para completar un espectáculo redondo y maravilloso. Extremo en todo: en arte, estética, baile, cante y desnudez de sentimiento. Quizá solo una duración un poco excesiva (dos horas) lastra un poco el resultado. Pero es visualmente tan hermoso que no le resta el mínimo interés.

 Al ser una obra concebida para ser representada en durante el embarazo de Rocío Molina, es un espectáculo vivo. Cambiará según avance el embarazo, pues cambia el cuerpo (y el estado de ánimo) de la bailaora. Estrenado en el Festival de Avignon el pasado verano, llega ahora a Madrid tras pasar por Sevilla. Dejará de representarse cuando llegue –en breve– a París. Rocío está ya de siete meses y está todo programado así.

Rocío Molina es una grande entre las grandes. Premio Nacional de Danza en 2010, ese mismo año logró poner, literalmente, a sus pies a Mikhail Baryshnikov, que se arrodilló ante ella en el escenario del City Center de Nueva York. Con este espectáculo consigue dar otra vuelta de tuerca (más) al flamenco más clásico. Sin perder de vista la tradición (ella misma lo dice), pone un pie en la vanguardia más radical (perdón por la obviedad) con un espectáculo que es un ejemplo de transgresión social, artística y estética.

Cuando nazca su hija, Grito Pelao será historia. La belleza de lo efímero, el poder de lo extremo, la fuerza del amor, la sinceridad de la desnudez quedará en la retina de los afortunados que hayan podido verlo. Con una madre y una abuela así, esa futura criatura tiene una ‘responsabilidad’. Qué mejor regalo puede tener alguien cuando llega a la vida. Desde luego, cuando su hija nazca, crezca y vea (en grabación) o alguien le cuente este espectáculo, sabrá que tiene un misión por cumplir.

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