Crítica: 'Anastasia', directamente de Broadway a la Gran Vía

Impecable. Ese podría ser el calificativo que mejor defina este musical que llega a Madrid directamente de Broadway sin pasar por Londres.

Crítica: 'Anastasia', directamente de Broadway a la Gran Vía
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

20 octubre, 2018
Se lee en 2 minutos

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Impecable. Ese podría ser el calificativo que mejor defina este musical, que llega a Madrid directamente de Broadway sin pasar por Londres. Porque sí, Anastasia se estrena en la Gran Vía tras su puesta de largo neoyorquina hace más de un año.

Un montaje espectacular que combina los decorados corpóreos con unas impresionantes pantallas, que cambian a un ritmo vertiginoso, trasladando la acción de un lugar a otro en segundos. La escena del tren es, sencillamente, impresionante.

Combinar decorados tradicionales con las nuevas técnicas de mapping –bien sea con pantallas de este tipo o con proyecciones–, es una opción mucho más eficaz que aquellos montajes que solo usaban la realidad virtual, como ocurría en el mareante montaje de Woman in Black londinense de la obra de Lloyd Webber, que solo se basaba en estas técnicas sobre un escenario vacío. El ‘maridaje’ decorado corpóreo con nuevas técnicas de proyección, cuando está bien hecho, funciona, como en este caso.

Luego está el elenco. Madrid es, hoy día, un paraíso para los actores de musicales. Estamos ante una capital del género que ya casi habla de tú a tú con Londres o Nueva York. Y, desde luego, muy por encima de otras ciudades europeas.

El cast de Anastasia es espléndido. Jana Gómez (en el rol principal) es una delicia. En todos los sentidos. Pero no se quedan atrás Íñigo Etayo (Dimitry), Carlos Salgado (Gleb), Javier Navares (Vlad), Silvia Luchetti (condesa Lily) o Angels Jiménez (condesa viuda). Un reparto de lujo.

Crítica: 'Anastasia', directamente de Broadway a la Gran Vía

No nos engañemos. No estamos ante una obra que marque un antes y un después en la historia del musical. No es un espectáculo como El Rey LeónBilly Elliot, por poner dos ejemplos de shows que han dejado huella en este cambio de milenio. Tampoco un Fantasma de la Ópera, Cats, Evita, Los miserables o cualquiera de los clásicos de los 70/80 que cambiaron el curso del lenguaje del teatro musical con respecto a los clásicos de una primera era dorada, donde Gershwin o Cole Porter eran las estrellas.

Estamos ante una obra impecable, que deja un buenísimo sabor de boca, y cuenta de una manera edulcorada una historia –la de los Romanov y el mito de Anastasia– que lleva décadas seduciendo a millones de personas, y que sido llevada al cine en numerosas ocasiones.

La Gran Vía se viste de gala para acoger en estreno a nivel mundial de un show de Broadway fuera de Manhattan. Eso, lo que realmente significa, es que los amantes del musical estamos de enhorabuena.

El espectáculo es impecable y el público disfruta a tope. Prueba superada. Las marquesinas brillan como nunca. Show must go on, porque como dice otra máxima del mundo del espectáculo, There’s no business like show business. Eso sí que son palabras mayores.

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