20/09/2019

Las 5 razones por las que ‘OT 2018’ no termina de enganchar

28 noviembre, 2018
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Empezó ya hace más de dos meses, pero no termina de conquistarnos. Cuando se anunció que el programa iba a ser renovado, las redes sociales se llenaron de debate. Dos cosas quedaron claras: a nivel de audiencia podía triunfar aún más o no funcionar. La décima edición del programa de TVE parece que no se encuentra en su mejor momento. Porque seamos honestos, estamos a nada de la gala 10 (miércoles, 22:40h en La 1) y se tiene la sensación de que “falta algo”. Si bien es cierto que el programa antes de siquiera emitirse pegó un boom muy fuerte, poco a poco se ha ido apagando.

El 14 de septiembre, cuando se anunciaron los 18 candidatos a entrar a la academia, la burbuja se comenzó a inflar. Las cuentas de Instagram se crearon y los seguidores de los futuros concursantes subían como la espuma. Luis Mas –que no entró en la academia al ser puesto en duda en la gala 0 y posteriormente no salvado por el públicó– alcanzó la cifra de más de 76.000 seguidores en tan solo cinco días, sin siquiera haberse realizado la Gala 0. “La audiencia no va a tener tanto éxito, pero el directo lo va a petar”, “Van a tener aún más audiencia que el año pasado”… y un largo etcétera de predicciones que todavía eran muy difíciles de responder con certeza. Lo que el público sí tenía muy claro es que era demasiado pronto para unos nuevos 16: las comparaciones iban a ser inevitables, los lazos personales y musicales establecidos en la pasada edición ya estaban consolidados y no iba a ser fácil de relajar. Ni siete meses habían pasado desde la final de OT 2017: un fenómeno televisivo y social de magnitudes tan grandes necesitaba un tiempo de asimilación.

En las primeras dos semanas las redes y el programa ardían. Los seguidores se multiplicaban por segundos: algunos como Natalia o Miki consiguieron alrededor de 200.000 followers en apenas días de concurso. Los RT’s en Twitter de seguidores que compartían momentos del 24 horas alcanzaban una dimensión multidisciplinaria. La media del 24 horas era abismal: 30.000 espectadores. Entonces, se comenzó a apostar por una edición que sería mejor que la anterior. Se decía que “había más talento” o que “eran chavales más majos”, pero la euforia duró un par de semanas. Los miércoles todo el mundo esperaba que “pasara algo” porque las galas iban pasando y todavía no sucedía nada que conmoviera el público y que hiciera explotar esta edición. Llegó la gala 3: “Con esta gala OT 2017 explotó”, en referencia a la conocidísima City of Stars de Amaia y Alfred. Sabemos que las comparaciones son odiosas, pero todo el mundo esperaba (y se sigue esperando) una actuación que le ponga la piel de gallina a todo el mundo, o que sea tan icónica que no haya nadie a quien no le guste. Hemos tenido actuaciones destacables como Toxic, La llorona, Feel it Still o Stone Cold, pero ninguna ha tenido la suficiente repercusión mediática fuera de la burbuja de OT.

Gala 4, gala 5… y así sucesivamente. Los concursantes fríos, no conseguían (o consiguen) transmitir ni emocionar. Además el propio programa tampoco lo pone fácil cuando las galas duran cerca de dos horas y media: mucho relleno y poca música, y cuando hay mucha música (hasta tres invitados por gala) el público se satura. No hay dinamismo en plató. El equipo de realización tampoco ayuda. Planos horrorosos, no enfocan cuando tienen que enfocar o lo hacen de otra forma ayudando de manera nula al concursante. Mucho menos lo hace el de sonido, ¿al equipo técnico se le olvida que es un talent de canto en directo?

Y el hecho de que no se haya repetido favorito nunca (a excepción de Miki en las galas 5 y 9), al contrario del año pasado, que se solía repetir el mismo top 3 con «la triple A», y haciendo que Amaia saliese favorita hasta tres veces, y Aitana y Alfred dos cada uno. Es otro aliciente de que no hay ningún concursante que termine de enganchar.

De polémica en polémica y tiro porque me toca. OT 2018 ha ido prácticamente a polémica por semana: “Mariconez” o “estupidez”, el despido de Itziar y la vuelta de los Javis, el papel de Brisa Fenoy con las decisiones finales antes de comenzar siquiera la gala, el “broncOT” de Noemí Galera a los concursantes… No han sido pocos los líos en los que se ha sometido el programa, y la mayoría han sido provocadas no por los propios concursantes (aunque también), sino por causas ajenas a estos.

Ahora, a poco más de tres semanas para que la décima edición quede por finalizada, parece que a niveles generales se han perdido las ganas. Empezó como un auténtico despliegue que sorprendió a muchos pero que poco a poco ha ido desinflándose. La audiencia en las galas no sube del 1.800.000, el canal 24 horas en Youtube no supera (en audiencia media) los 19.000 espectadores cuando al principio conseguía el doble. Veremos cómo acaba esto, pero no tiene buena pinta… Si el año pasado cada semana más gente se unía al encanto de Amaia, Alfred y compañía, parece que está vez, por estos motivos y más, lo tienen más complicado.

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