26/02/2020

‘Generación Selfi’: Charlie Narcotic, estilista, influencer y más, se autorretrata

16 diciembre, 2019

Nació en Colombia, pasó su adolescencia en Fuerteventura (donde vivía entonces su padre), se fue a estudiar la carrera de diseño de moda –que no terminó– en Valencia y aterrizó en Madrid en 2016. La mayoría de la gente le conoce como Charlie Narcotic, y es un nuevo protagonista de nuestra ‘generación selfi’.

También hay personas que le llaman Charlie Cole –guiño directo a Cheryl Cole: su pasión por Fight For Your Love llevó a amigos suyos a renombrarle–, y sus familiares le conocen como Carlos Alberto Perea. Reverencia Sexo en Nueva York y es un imprescindible de los saraos madrileños, y de mucho más, porque cada vez diversifica más su radio de acción.

Así se define Charlie Narcotic, que tiene 26 años, profesionalmente: “Lo mío es multitasking absoluto: soy estilista, sobre todo con artistas, hago relaciones públicas para marcas (convocatorias de medios, enlace de contactos), soy creador de contenido en Instagram, DJ (junto a Larry Balboa se hacen llamar La rosa narcótica) y trabajo en una discoteca”. Hace aquello a lo que mucha gente de su generación –y más joven– aspira, básicamente, Aunque no tiene ningún problema a la hora de desmitificar el mundo en que se mueve, y que tan bien luce en Instagram.

Todo empezó con un blog

“Me lo abrí a los dieciséis años para contarle mis mierdas y mis dramas a la gente, era la época de ser intensa… Al tiempo, mientras estudiaba la carrera de diseño de moda en Valencia, descubrí el universo de bloggers como Chiara Ferragni o Pelayo Díaz y decidí tomarme el mío más en serio, y centrarlo en tendencias, coolhunting y cosas así.

En el último año de carrera presenté el proyecto de una web para comprar ropa online y me dijeron que eso no era moda ni I+D, así que a tomar por culo la carrera y esas clásicas que enseñaban. Y me fui a Madrid.

Al principio estaba hundida en la miseria, a todos los niveles, incluido el hecho de que estaba enamorado de un tío que era un desastre. Así que decidí hacer un parón. Me encerré dos semanas en mi habitación y solo veía series: Sexo en Nueva York, Girls, Looking… Lloré y sufrí todo lo que necesitaba, aunque suene a cliché, y salí del agujero”.

Gracias, Instagram

“Llegó Instagram, que se comió el mundo blog, empecé a crear contenidos en IG y mi cuenta empezó a llamar la atención de marcas. Empecé a colaborar con revistas también, y quienes estábamos ya muy metidos en IG empezamos a subir poco a poco, gente como Ángela Huete, Fideoindazopa… En ese proceso me di cuenta de que no solo me gustaban los típicos proyectos de ‘te haces una foto y te pagamos’ que me ofrecían, y empecé a sugerir ideas a las marcas: crear comunidad, buscar otras maneras de aportarles beneficios…

En ese camino conocí a Delaporte [es responsable de su imagen]. Me encontré con esos dos chicos que hacían electrónica y que tenían un look cero interesante. Y la imagen y la actitud no depende solo de pasta, también de todo lo que absorbes, y me ofrecí a ayudarles. Llevamos ya dos años trabajando juntos.

Como la música siempre ha sido mi motor vital, también empecé a pinchar. Coincidí en Costa Social Club, que acababa de abrir, con Larry Balboa, que había dejado The Parrots y también pinchaba, y empezamos colaborar juntos [como La rosa narcótica]. Tengo proyectos paralelos que a veces se conectan, y en ocasiones puedo ofrecer un pack completo, algo que para una mente inquieta como la mía es ideal”.

Inquietud permanente

“Me da la vida hacer cosas muy distintas cada día. Hoy es un problema ver a tanta gente joven que solo puede aspirar a puestos de becario, que no tiene oportunidad para avanzar, o a tanta gente que se profesionaliza muy joven y se queda estancada profesional y vitalmente. A mí me encanta llevar una vida tan poco previsible. Aunque es verdad que a veces no te pagan las facturas a tiempo y acabas teniendo que comer con un presupuesto de tres euros durante días…

No conozco esas vacaciones que casi todo el mundo tiene, porque igual una semana tengo varios días libres pero el fin de semana no paro, cosas así, pero está bien. Soy un animal social 100%, me encanta conectar con la gente, y he acabado con un círculo muy dispar. Es guay, porque aprendes de todas tus amigas: artistas, celebrities, profesionales de la moda, DJs…, todas te van enriqueciendo. Por eso llegué de una manera tan natural a ejercer de relaciones públicas.

Eso sí, cuando no puedo socializar más y tengo mis días oscuros, me encierro en mi habitación, me convierto en la cantante de Evanescence y escucho la lista de reproducción más depresiva que tengo, veo series en bucle y solo contesto llamadas de curro”.

Hay que saber decir que no

“La gente tiene la sensación de que no paras y que estás ganando todo el tiempo muchísimo dinero, y no es así. También hago cosas gratis cuando veo que son oportunidades para crecer profesionalmente. En Estados Unidos, una PR como Samantha Jones sí es millonaria… ¡Ojalá, me encantaría ser Samantha!

También hay que aprender a decir que no. Vas currando en esto y te das cuenta de lo importante que es tiempo. Quizá haya un curro que no te haga falta hacer si vas a estar más tranquilo a nivel vital, aunque en casa solo tengas para hacerte ensaladas y beber zumo de naranja. No puedes decir que sí a todo, porque acabas agotado. Y porque necesitas tiempo para hacer tu research, que es fundamental.

Si no tienes un discurso interior y algo que aportar a nivel humano, no puedes evolucionar, y te quedas vacío. Por ejemplo, para mí es muy importante mi comunidad LGTBI, y también procuro compartir mensajes relevantes a ese nivel”.

Orgullo con naturalidad

“Crecí en una familia muy religiosa. Mis padres se separaron siendo yo niño, y me quedé en Colombia con mi madre. Con los años me di cuenta de cuáles eran mis referentes: Carrie Bradshaw, Samantha Jones, t.A.T.u… El primer hombre gay que conocí fue un amigo de mi tía, que le contó delante de mí que tenía VIH. Cuando le pregunté a ella qué era el VIH me dijo que era ‘una enfermedad de los gays’… No existía tanta información como ahora, y, claro, aquello me marcó siendo tan pequeño.

Cuando me enrollé la primera vez con un chico, a los catorce, llegué a casa llorando, me parecía un marrón, y se lo conté a mi madre. No entendía por qué tenía que ocultarlo, y le dije que me gustaban los chicos. Me dijo que era su culpa por no tener una figura paterna en casa. ¿Su culpa? ¡Si eran mis elecciones!

Me vine a España a vivir con mi padre, al que no conocía tanto, y fue duro. Cuando se enteró de que era gay me dijo que hubiese preferido que fuese drogadicto que maricón… En el instituto fui ganando gradualmente en seguridad: haciendo amigos LGTBI, les entraba a los chicos que me gustaban…, fui dejando atrás las inseguridades, y además me independicé pronto.

Ahora, por suerte, hay muchos más referentes LGTBI. Siempre he dicho en mis redes que soy gay, y dejo claro lo importante que es la lucha LGTBI para mí. Hay que discutir sobre los prejuicios, la plumofobia, la transfobia, el machismo, la misoginia…, para contribuir a que quienes vienen detrás lo tengan más fácil. Yo he sido siempre muy echao p’alante, pero no todo el mundo es así, y está bien trasladar esa actitud a la gente que tienes alrededor”.

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Shangay

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