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Alex de la Croix celebra la diversidad en Bilbao: "Es un honor que otras personas queer aprendan de mis actos"

Alex de la Croix es una artista polifacética que vive un momento dulce gracias a 'Te estoy amando locamente' y 'La que se avecina'. Viajamos a Bilbao con ella para conocerla mejor y disfrutar de una ciudad que celebra la diversidad.

Agustín Gómez Cascales

Agustín Gómez Cascales

He viajado en limusina con Mariah, he tomado el té con Beyoncé, he salido de fiesta con J.Lo y he pinchado con RuPaul. ¿Qué será lo próximo?

8 noviembre, 2023
Se lee en 11 minutos
Alex de la Croix x Miguel Ángel Fernández para Shangay / 12
Alex de la Croix x Miguel Ángel Fernández para Shangay / 12

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La primera visita de Alex de la Croix a la emblemática ciudad de Euskadi le ha permitido comprobar que los contrastes de Bilbao son parte importante de su encanto, así como la manera en que acoge a las personas LGTBIQ+.

Alex de la Croix se define como «viajera loca», directamente. Y es que la gaditana apenas para quieta en Madrid, su base de operaciones.

Álex de la Croix para Shangay

Total looks: Paloma Wool

Sin ir más lejos, Alex de la Croix llegó a Bilbao tras haber desfilado en 080 Fashion Week, con parada intermedia en Zaragoza para participar en un evento. No dudó en apuntarse a esta visita turística, porque ella era la primera sorprendida de no conocer todavía Bilbao, y le apetecía mucho.

Hospedados en el emblemático Hotel Ercilla, tuvimos mucho tiempo durante las paradas previstas en nuestra agenda para ir charlando, mientras descubría esos lugares clave que ayudan a enamorarse a primera vista de la ciudad. «Como casi siempre me veo con una maleta en la mano, soy experta en hacerlas, me quedan increíblemente organizadas», asegura Alex. «Es más, siempre lo compro todo doble, para tenerla siempre preparada. Dos neceseres, dos peines, dos champús… Solo me falta tener dos planchas de pelo, que será lo próximo», dice entre risas.

Como buena otaku (‘friki’), viaja a Japón siempre que tiene oportunidad («también estoy estudiando el idioma»), y aprovecha su visita a una de las más emblemáticas ciudades de Euskadi para coger aire. «Porque en breve viajaré a Buenos Aires, y de allí a Miami. Viviría así siempre, de un lado a otro. Aunque me gusta tener mi casa en Madrid como base, con todas mis mierdas muy ordenadas«.

«Bilbao me fascinó desde el primer momento por los contrastes enormes que ofrece en cada rincón»

De tapas en la popular Plaza Nueva, reflexiona sobre este año tan loco que lleva. «Creo que la culpa la tengo yo, que me paso el día manifestando mi deseo de viajar», dice entre risas. » A Barcelona, Alicante y Almería voy siempre que puedo. No entiendo cómo todavía no había estado en Bilbao, y eso que estuve de rodaje en Barakaldo. Claro, que he estado en Lombok, en Indonesia, y todavía no conozco Galicia…». Pues solucionado. «Bilbao me fascinó desde el primer momento. Obviamente, por su arquitectura y por los contrastes enormes que ofrece en cada rincón, con la manera tan exquisita en que modernidad y tradición se funden«.

Alex agradece que se la mime como urbanita y como amante de la naturaleza que también es. «Me encanta lo limpia que está. Hasta el punto de que en un momento iba a tirar sin darme cuenta una colilla al suelo y ha sido como ‘¡no!». Otro detalle le embriagó: «La gente, de primeras, es muy silenciosa, y eso lo valoro muchísimo. Llámame señora mayor si quieres, pero es así», y explota de nuevo a reír.

Alex de la Croix para Shangay

No podía faltar en la ruta una parada en el Museo Guggenheim Bilbao, lógicamente. Y hasta el tiempo la respetó en Bilbao, porque siendo poco amante de la lluvia, el Puppy de Jeff Koons la recibió con un sol brillante. Al echar la vista atrás, también ha sido un año espectacular para Alex… y lo que queda, dado que es ahora cuando se estrena la nueva temporada de La que se avecina, en la que vuelve a estar. «Menuda mocatriz estoy hecha», y tan orgullosa de definirse como tal. Su inquietud artística ha quedado más que demostrada desde que se dio a conocer en la cultura underground madrileña como cofundadora de La Juan Galllery.

Continúa desarrollándose como artista audiovisual, pero este año ha apostado muy fuerte por la interpretación. «Estoy más actriz que nunca, sí. He pasado por distintas profesiones dentro del ámbito cultural, pero cuando llegué a Madrid tuve claro que quería hacer cine, fuera como realizadora o como guionista. No me planteaba la parte actoral para nada», confiesa. «No entraba en mi plan, ni tenía preparación académica ni mentalmente lo veía».

«Menuda mocatriz estoy hecha»

Apasionada del humor, en un principio se veía realizada en ese sentido grabándose a sí misma haciendo sketches y parodias. Gracias a la magia de las redes sociales, comenzaron a aparecer propuestas para que probase suerte como actriz profesional. La primera y más llamativa, la de entrar a formar parte del reparto de La que se avecina, una serie tan veterana como celebrada por sus fieles fans.

Ahora se estrena la segunda temporada en la que participa. «Es un trabajo muy enriquecedor también para mí como cineasta», asegura De la Croix. «Porque interpretando para otros directores, y pasando tantos día rodando también aprendo mucho, y cojo soltura». Tras estrenar el corto Privilegiada en 2022, se dispone a presentar próximamente un mediometraje, Domingo de gramos, cuyo guion firma junto a Sara Ruiz Ferrer, con la que también lo protagoniza. «Ha sido una experiencia chulísima, porque he podido hacer lo que me ha salido del mismísimo coño, literal». La manera en que lo define no tiene desperdicio: «Es como si Euphoria la protagonizasen Paz Padilla y Carmen Machi».

No tiene ningún miedo a tirarse al vacío cuando un proyecto le apasiona, aunque siempre procura que sea con red, o con alguna seguridad de que su intuición no le falla. Por eso no dudó en posar para nosotres desde la terraza del Ercilla o en varios de los puentes que flanquean el Guggenheim, sobre la ría. «Que haya sido capaz de hacerlo, a pesar de mi terror a las alturas, quizá funcione como metáfora de mi manera de actuar en la vida», deja caer camino de Getxo, donde apetecía un buen paseo por la playa. También de su incipiente carrera como actriz, que le está brindando oportunidades que agradece por varios motivos: «Por lo que aprendo, por lo que suponen a nivel económico y porque son un portal a la visibilidad muy grande para ocupar espacios a los que es complicado acceder«.

Por eso está tan agradecida por la oportunidad que supone, como persona trans disidente, formar parte del reparto de La que se avecina, al que se incorporó en la temporada 13, y de la que ahora Telecinco estrena la 14. «Qué importante dar vida a un personaje que no tiene nada que ver con uno anterior en la serie que tenía tintes tránsfobos», denuncia. «Ocupar ese espacio de manera lícita, aceptada tal y como soy, me parece un paso importante, no solo para mí, también para toda la comunidad«.

Una experiencia que la ha marcado, por lo especial que ha resultado, ha sido formar parte de Te estoy amando locamente, la emotiva película de Alejandro Marín que reivindica, con enorme sensibilidad, la memoria histórica LGTBIQ+ de nuestro país. Un film que cuenta con un brillante reparto coral encabezado por Ana Wagener y Omar Banana, a los que acompañan, entre otros, Alba Flores, Jesús Carroza, La Dani, Lola Buzón y la propia Álex. «Solo nos está dando alegrías», dice, con razón. «Creamos una superfamilia, y fue chulísimo rodar en Andalucía, mi tierra, y con un equipo casi 100% queer, de los gaffers a las runners. ¿Rodar con un equipo queer andaluz, y joven, con idénticas ganas de contar una historia que sucedió cuando aún no habíamos nacido, tan importante para nuestros derechos como comunidad LGTBIQ+? ¡Qué fuerte! Conocer a personas históricas del movimiento que vivieron lo que cuenta la película, y que han colaborado en ella, también fue muy especial«.

Alex de la Croix para Shangay

Su largo recorrido en la cartelera la ha convertido en uno de los grandes sleepers de las temporada, que permite a Alex de la Croix lucir su vis cómica, y que le podría dar una alegría enorme cuando se anuncien las candidaturas a los Goya, a los que está propuesta en la categoría de mejor actriz revelación. Una nominación por la que confiesa que está haciendo campaña, porque le parece muy importante llegar a formar parte de la terna final. «Es que sería la primera actriz trans visible que opta a una de esas candidaturas, me parece muy fuerte», dice con rotundidad. «En un país en que somos pioneros en cuanto a derechos y libertades LGTBIQ+, me parece un paso importante que haya por fin una persona visible trans nominada».

Está a las puertas de lograrlo, pero afirma por activa y por pasiva, porque lo repite varias veces, que su objetivo no es ganar. «Que gane la mejor, pero no es en lo que pienso», asegura Alex. «Solo quiero acceder a ese espacio, y que todas las terfs se nos echen encima por estar ahí como actriz. Y que se hable en todos los medios de ello; estamos en un momento importante, y a la vez complicado, para todo lo queer, y la película llegó en el momento necesario. Este sería un paso más». Y por eso asegura estar avasallando a todos los académicos que conoce sin rubor: «Amore, por una vez, ¡discriminación positiva!».

«Puedo convertirme en la primera actriz trans visible que opta a una candidatura a los Goya, muy fuerte»

No fueron pocas las veces a lo largo de nuestras idas y venidas por Bilbao que reconocieron a Alex. Algunas personas se limitaban a observarla, otras sí le pedían una foto. Ella, encantada. «Que la gente me pare por la calle sin saberse mi nombre me parece muy divertido». No todas las actrices reaccionarían así, pero ella está disfrutando de esa popularidad –consciente de que es efímera– y de que la reconozcan como «la de La que se avecina. Ese efecto de la tele mainstream me ha traído una visibilidad que permite que mi discurso llegue a más sitios by eso es muy positivo«. Ahora solo espera otro efecto igual de positivo: «¡Que me lleguen más contratos!», dice entre risas, pero muy en serio. Hace reír con la serie a un público mainstream, y es un paso más para este referente de la disidencia trans que nunca pensó que se convertiría en tal. «Es algo que nunca me había planteado, y cada vez lo hago menos, porque siento que ya no puedo más. Siento que ya es algo que debe ser para las nuevas que vienen detrás».

Y es que asegura estar cansada de que toda su narrativa tenga que girar en torno a lo queer. «Ya no tengo ganas de tener que pedir continuamente que respeten mis pronombres, por ejemplo, a quien me atiende en la recepción de un hotel». Porque, desgraciadamente, el misgendering sigue siendo habitual, a pesar que en su DNI aparezca bien claro que es mujer y se llama Alejandra. «Yo no estoy aquí para educar a nadie, y estoy harta de poner la otra mejilla. Es un honor que se me considere un referente y que haya gente que aprenda en función de mis actos, pero siempre que sean personas queer que pasen por lo mismo que yo. Al resto no tengo por qué estar dándoles lecciones de cómo hay que hacer las cosas, porque no es que yo sepa más que nadie».

Alex de la Croix para Shangay

Alex de la Croix recuerda que la mayoría de personas del colectivo LGTBIQ+ aprenden a base de palos, y de transitar un camino tortuoso. «Vivimos una constante discriminación, sufrimos por las peleas familiares, porque te odias en algunos momentos, sientes disforia… Y cuando pasas todo eso, forjas tu verdadera identidad». Alex creció en una familia en la que había más personas queer, y gracias a ella vivió en un ambiente más abierto al diálogo de lo habitual. ¿Tuvo un referente directo? Sí, y muy cercano, en su propio pueblo, Puerto Real, en Cádiz. «Mi amiga Paula Nabo. Éramos las más frikis y listas del instituto, sí lo digo. Las dos adolescentes emo que en vez de fumar porros leían a Judith Butler. Con ella he aprendido muchísimo sobre mi identidad, porque hablábamos de la disidencia, el feminismo y lo no normativo antes de que esos términos estuviesen naturalizados«.

Su pasión por la cultura se convirtió en un espacio seguro que la marcó de por vida. Ante la cantidad de momentos incómodos que vive cuando viaja, asegura que cada vez reacciona con mayor hostilidad. «¿Es que la gente solo te lee como mujer cuando llevas un vestido?», se pregunta. «Pues hay muchas más capas que leer. Si un día no cumplo ciertos códigos femeninos porque no me apetece (porque la ropa considerada hegemónicamente de mujer, aunque me encanta, es incómoda), sé que toca misgendering. ¿Tanto cuesta preguntarte tus putos pronombres? Es absurdo que me siga encontrando con esto constantemente». Si visitamos Bilbao con ella no fue casual. Euskadi lidera el proceso de capacitación al mercado LGTBIQ+. Basquetour, la Agencia Vasca de Turismo, cuenta con Queer Destinations para continuar mejorando el trato que se da a los turistas LGTBIQ+ en cualquier circunstancia. Porque, efectivamente, es fundamental que se dé un trato digno y respetuoso a absolutamente todos los turistas de la comunidad, y es algo que en Euskadi se han tomado muy en serio.

A pesar del armazón que se ha construido, confiesa que le sigue doliendo, y teme que siempre vaya a ser así, por fuerte que sea. Y es que en ocasiones lo sufre cuando menos se lo espera. «Imagina que Telecinco, la cadena para la que trabajo, porque emite mi serie, saca un día en Informativos, en pleno prime time, un reportaje en el que me entrevistan por La que se avecina, y rotulan «Alex de la Croix. Actor». No se lo podía creer. «Ahí se me resquebrajó la burbuja en que vivimos las personas queer. Fui consciente de lo hostil que es el mundo mainstream, porque desconoce nuestras realidades». Publicó un comunicado en sus redes denunciándolo, y varios medios se hicieron eco. «Si hubieras leído los comentarios en esas noticias, flipas; me tuve que enfrentar a una doble crítica, también por parte de cuñaos anónimos. Es que las personas trans vivimos magulladas, nos nos dejan existir».

Alex, como mujer valiente que es, no se rinde, ni mucho menos. «No me considero miedosa, pero como te decía antes con respecto a las alturas, cuando algo me asusta hago por superarlo». Solo hay dos cosas con las que no puede y por suerte, en Bilbao no vio ninguna: «Las montañas rusas y las mantis religiosas».

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