16/07/2018

Orgullo y prejuicio(s)

7 julio, 2018
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Llega el Orgullo. Un año más. Y en el caso de Madrid van ya 40. Mucho han cambiado las cosas desde aquellos primeros tiempos, que este plumilla no conoció, pues con diez años aún vivía (orgulloso, todo sea dicho) en la preciosa isla de La Palma.

El término Pride ni siquiera se intuía en mi vocabulario. El que sí formaba parte de mi ADN, sin embargo, era Congratulations. El single de Cliff Richard era mi preferido, y mi hermana Marichu, harta –hartísima, en realidad– de que fuera el único que sonara en mi picú comediscos, ejerció de ‘lanzadora de discos’ e hizo que volara lo más lejos posible de nuestra casa (esto es literal). Algo corría ya por mis venas cuando, en mis primeros diez años de vida, no paraba de cantar “Congratulations and celebrations…”  diez años después de que el cantante indio británico fuera derrotado por Massiel en Eurovisión en 1968.

Entonces, hace cuarenta años, se llamaba Orgullo Gay, y nada tenía que ver con lo que es ahora. Pero entonces, al igual que ahora, el Orgullo ya estaba lleno de prejuicios. Y no, no era (ni es) un homenaje a la novela de Jane Austen, que sería algo bonito (además de muy mariquita). Los prejuicios venían (y vienen) por desconocimiento o por maldad (que es peor). Yo mismo, que ahora confieso que me apasionan estos días, estaba entonces lleno de prejuicios. Quizás también lo estoy hoy, y no me doy cuenta.

Los prejuicios no son buenos. No dejan analizar las cosas con distancia, ni con la necesaria visión caleidoscópica, tan importante en la vida. El pensamiento único solo ha dejado malos ejemplos. El derecho (y el deber) a discrepar, a no estar de acuerdo, no tiene nada que ver con estos prejuicios. Discrepar es muy necesario precisamente para que ese pensamiento único no anide en nuestra existencia.

El caso del Orgullo levanta demasiados recelos entre los que no lo comparten o conocen. Prejuicios de quienes no lo han vivido (ni visto) siquiera desde la barrera. En España somos muy latinos y nos encanta posicionarnos, opinar incluso de lo que no tenemos ni zorra idea. Si tradicionalmente todo el mundo hablaba de política y fútbol cual tertuliano televisivo (esos que sí ‘saben’ de todo), ahora el Orgullo se ha colado como tema sobre el que media España sienta cátedra.

Por un lado es bueno. Pues si algo busca el este acontecimiento es eso: visibilidad. Pero aquellos que opinan que no es necesario un Orgullo LGTB porque no existe uno heterosexual, viven desconectados de la realidad. Hay que recordar que todavía hay (muchas) personas que no se atreven a vivir su vida por miedo. Y muchas veces, ese miedo es a los prejuicios.

Hoy muchos afortunados podemos gritar, como Cliff Richards, “Congratulations, ¡qué buena suerte!”. Pero hay personas (muchas también) que no.

Por ello, salvemos esos prejuicios (que incluso muchas veces vienen de dentro) y salgamos a las calles. Disfrutemos desde nuestra diversidad (no por ser LGTBI tenemos que pensar igual, tener los mismos gustos) y vivamos un feliz Orgullo.

En Madrid estamos de cumpleaños. En 2019, Nueva York celebra los 50 de Stonewall con su WorldPride. El año pasado Madrid fue un ejemplo para el mundo, y hasta la propia Manuela Carmena nos dice que “Nueva York nos copia, que Madrid se ha convertido en influencer para el WorldPride”.

Y, sí: aún no están puestas todas las baldosas amarillas que nos llevan a un pleno over the rainbow. Y es una pena que nos peleemos los que sí podemos cantar congratulations and celebrations.

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