15/10/2018

Danzad, danzad, malditos (¿va a cambiar el panorama de la danza en España?)

12 octubre, 2018
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La danza es la hermana pobre de la cultura en España, y lo ha sido de toda la vida de Dios. Y eso que nuestro país es una cantera de bailarines, el mejor Linkedin para los teatros de medio mundo.

Es muy fuerte. Pese a tener dos compañías nacionales de primer orden –la Compañía Nacional de Danza y el Ballet Nacional de España–, ninguna de ellas tiene sede propia. Quizá el germen de esta ‘orfandad’ fuese que no tuviéramos un teatro de ópera estable cuando se fundaron, para que fueran así compañía titular del mismo.

Cuando el Teatro Real reabrió sus puertas (y su escenario) hace 21 años, ambas tenían un largo recorrido y nadie decidió incorporarlas como cuerpos estables de ballet al coliseo, como tienen todos los grandes teatros de ópera del mundo. Sin embargo, la Sinfónica de Madrid figura ya como Orquesta Titular del Teatro Real, y corre el riesgo de perder su centenario nombre, algo que también es una pena.

Por su parte, las compañías privadas han sufrido lo suyo. La de Víctor Ullate lleva tres décadas –están en plena celebración de su 30 aniversario– luchando contra viento y marea para salir adelante. Ha sido el apoyo de la Comunidad de Madrid [de la que ahora es compañía titular] lo que le ha dado aire. Ángel Corella no pudo cumplir su sueño. Una pena.

Precisamente, la sede de los Teatros del Canal (‘casa’ de Ullate) es el lugar en el que podría germinar una semilla que nos haría bailar a todos. En las impresionantes salas destinadas a la danza que tiene el teatro de la Comunidad de Madrid está el secreto.

Su directora, Natalia Álvarez Simó, está dando caña para ello con el ‘látigo’ que tiene desde esa atalaya. Esta canaria (chicharrera de Tenerife, para ser más exactos) está volcada en la danza. Llegó al teatro como codirectora junto a Àlex Rigola [quien, junto a ella, programó Mount Olympus, el rompedor montaje que dura 24 horas que ilustra este artículo], que decidió dejar el puesto hace un año por las movidas derivadas del procés catalán.

Entonces ella se quedó como directora de ambas áreas, la teatral y la de danza. Además de programar los ciclos que llevan muchos años poniendo a ‘Madrid en danza’ en todas las disciplinas, Álvarez Simó se ha propuesto posicionar el Centro de Danza Canal a nivel internacional como un foco de creación. Como una estructura de apoyo a la danza y a las artes del movimiento.

Las instalaciones son espectaculares, y hay que sacarles todo el jugo hasta dejarlas secas. Pero, lo que es más importante, pretende abrir este Centro de Danza al público, a todos los ciudadanos, y en especial a los más pequeños. A los profesionales, por supuesto, pero también a los mayores, las familias, los amateurs. A todos los curiosos, con el fin de que las actividades generadas y paridas en este espacio lleguen cada vez a más personas.

Sí. Durante años, la danza ha sido la hermana pobre de la cultura. Por eso hay que sacar ese ‘látigo’ que pueda ejecutar esa orden de ‘danzad, danzad, malditos’ con la música de ‘ya que no nos habéis hecho caso, os vamos a hacer bailar’. Igual que en la película de Jane Fonda –ambientada en la Gran Depresión americana, en un tremendo ambiente de miseria–, esta frase puede servir para que la danza se posicione donde merece.

Todavía es noticia en nuestro país un ballet con orquesta en directo. Hay muchas personas que no han podido disfrutar de una experiencia como esa, pues muchas compañías tienen que viajar con música pregrabada.

España ha sido cuna de muchos bailarines que han vuelto a casa con las mejores compañías del mundo, como gran acontecimiento cultural. Queda camino. Pero, si esto prospera, los malditos van a danzar.

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Shangay

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