06/07/2020

Premios NO-deón: ¿dónde quedó la diversidad de nuestra música?

27 enero, 2020

Por fin va terminando la temporada de premios musicales, cada vez más agotadora, por la cantidad –y escasa calidad– de las galas y celebraciones que intentan hacernos llevadera la cuesta de enero. La que más vidilla ha dado ha sido, sin duda, la de las primera edición de los Premios Odeón, creados de la noche a la mañana por las tres grandes multinacionales del sector, Universal, Sony y Warner, que tuvo lugar el lunes pasado.

El descalabro, a pesar de la cantidad de nombres conocidos que acudieron a la gala de los Premios Odeón, y que estaban nominados, fue espectacular. Cualquier show travesti tiene más glamour y gracia que lo que se vio en el Teatro Real en una fecha reciente de la que no quiero acordarme.

Donde lo que más llamó la atención, y dolió, fue el desprecio rotundo a las minorías, encarnadas por los sellos independientes, ignorados de una manera incomprensible. De acuerdo, estos tienen los Premios MIN, pero no es excusa. También se obvió la opinión de expertos. Vale, los periodistas musicales tenemos el Premio Ruido, pero de nuevo, no es una excusa válida.

En la comunidad LGTBI sabemos lo que es que se nos haya silenciado repetidamente, que la mayoría haya querido obviar una y otra vez nuestra presencia, nuestro talento, nuestros afectos, nuestros logros. Viendo la gala de los Odeón sentí algo parecido a esas ocasiones en que tanto ha dolido la discriminación –por motivos muy distintos, obvio–. Y muchos profesionales del sector independiente lo vivieron al ser silenciados –incluso estrellas de esa ‘primera división’ que celebraba haberse conocido la hicieron pública–. ¿Qué necesidad?

De igual manera, ¿qué necesidad de negar la existencia de tantos grandes profesionales que contribuyen a que nuestra música urbana o electrónica vivan un gran momento? ¿Porque no encajan en su visión de lo ‘normativo’? Preguntas sin respuesta por parte de quienes perpetraron una gala que tuvo más de viaje en el tren de la bruja que de celebración festiva de la –buena– música. El horror se vivió en el patio de butacas y en los salones de casa, y nadie se lo merecía.

Hay tanto que celebrar que ¿para qué amargarnos? Solo los Razzie cinematográficos rebosan mala baba, y son ‘galardones’ de lo más trasnochados… Celebremos lo bueno que tenemos, y hagámoslo unides. Porque, ya se sabe, la unión hace la fuerza. Y, por favor, discúlpense, señorxs responsablxs de los Premios Odeón por poner al mismo nivel este año a Rosalía –¡ganadora de un Grammy!– que a Beret y Morat. NO se puede.

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Shangay

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