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Dua Lipa convirtió Studio 2054 en lo más parecido a un club soñado en plena pandemia

28 noviembre, 2020

No cabe duda de que hay mucha ambición, tanto artística como comercial, en Future Nostalgia, el último proyecto de Dua Lipa. Sin duda, el álbum pop que siempre asociaremos a la cuarentena, y la gira que nunca llegamos a ver en 2020 debido a la irrupción de la pandemia, reconvertida en Studio 2054.

Su compañía se ha resistido a dejar que Future Nostalgia se quede en una experiencia abortada debido a las circunstancias. Ha continuado dándole vida a lo largo de este año, con la esperanza de que, finalmente, Dua Lipa podrá presentarlo en vivo, en condiciones en 2021. Tras contar con The Blessed Madonna para convertirlo en un álbum apto –aún más– para las pistas, convertido en Club Future Nostalgia, ahora lo ha presentado, vía streaming, como Studio 2054.

Ya hemos visto cómo artistas pop muy distintas han apostado por el streaming como vía de promoción de sus últimos proyectos. De Róisín MurphyKylie Minogue, en las últimas semanas hemos podido ver shows online que nos han recordado las muchas ganas que hay de conciertos en directo.

El más ambicioso, y promocionado, ha sido, de lejos, Studio 2054 de Dua Lipa. Y ha funcionado, a pesar de las limitaciones que siguen mostrando estos streamings que no logran replicar la emoción de un concierto en directo. Este tampoco lo buscaba, pues estaba concebido como un show televisivo musical a la antigua usanza. Ya desde sus texturas, el ‘directo’ de Dua Lipa apostaba por un tono deliberadamente retro.

Como si de un Tocata de los 80 se tratara, y con profusión de sponsors –que, obviamente, han hecho posible una apuesta tan ambiciosa como esta–, Studio 2054 funcionó como artefacto promocional de la era Future Nostalgia, que parece tener vida para rato. Si no terminó de emocionar es por verse excesivamente medido. Curiosamente, su gran virtud –todo estaba perfectamente estructurado y ensayado– se convirtió en un peor enemiga –la ausencia de espontaneidad le restó frescura–.

Desde luego, ofreció lo que prometía: ideales coreografías, efectos sorpresa gracias a la estudiada movilidad, dinamismo imparable y una Dua Lipa reinando, ente cambios de vestuario y una soltura que ha ganado a base de mucho curro. Su apuesta por The Blessed Madonna como maestra de ceremonias desde la cabina fue otro plus. Y la presencia de numerosos invitados de primera solo tuvo sentido gracias a los presenciales. Porque las intervenciones, vía pantallas, de Elton John –el momento en que habrías ido a la barra en un concierto–, Bad Bunny o Miley Cyrus no terminaron de funcionar –en el caso de la última, vía lo que parecía un descarte de su vídeo conjunto, Prisoner–.

Las intervenciones de Kylie Minogue –química total–, FKA twigs –necesitamos su tema juntas ya, a juzgar por lo escuchado– y Angèle –esa tensión sexual no resuelta engancha– sí sumaron puntos al show. Porque aportaron una espontaneidad muy necesaria para que Studio 2054 se viese como un show vivo. Y en conjunto resultó de lo más disfrutable, a pesar de que, desgraciadamente, las circunstancias no permiten que sintamos que Dua Lipa vivió algo parecido a lo que debía ser una noche en Studio 54.

Con todo, se agraden propuestas como esta. Con la compañía perfecta –si seleccionas bien a un máximo de cinco personas– y la distancia necesaria –incluida la de la pantalla– para verlo con seguridad, a Dua Lipa se la disfrutó. Y, visto lo visto, no pudo inventar mejor promoción de cara a su gira del año que viene.

Paso a paso, mantiene vivo el espíritu de Future Nostalgia, porque está claro que no piensa permitir que la pandemia deje el proyecto solo como un gran álbum y un show en streaming. Hasta que no comparta en vivo la energía que probó tener desbordante ayer, está claro que no parará. Y seguiremos esperando que llegue el momento de celebrarlo a lo grande, cuando las pantallas sean un extra y no el único medio de acercarse al sueño de Dua Lipa por convertir el mundo en un gran club.

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