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Crítica. ‘Disco’, de Kylie Minogue: la fiesta no terminó

6 noviembre, 2020

Nadie como Kylie Minogue para lanzar en estos momentos un disco de música disco (sí, Disco [Darenote Limited/BMG]) apto para todos los públicos. Que no debería sonar a novedad, pero después del resbalón, a todos los niveles, de Golden, se agradece esta vuelta a territorios seguros que proporcionen satisfacción garantizada. Ha sido un año rico en revivals disco (Róisín Murphy, Jessie Ware, Dua Lipa), todos gratamente satisfactorios, pero sin el alcance universal de este disco.

Kylie se ha negado a dejarse doblegar por la pandemia y retrasar el lanzamiento de un disco cuyo hábitat natural son las pistas de baile, y al escucharlo se entiende por qué. Porque es un su trabajo más sólido, inmediato y accesible de primeras desde Aphrodite, que ha cumplido nada menos que diez años. No había apostado con tanto ímpetu por un álbum 100% bailable desde entonces, y es evidente que tocaba. Porque con él se reafirma en su puesto de princesa pop / disco diva que no tiene intención de que le cuelguen la etiqueta de ‘emérita’ de momento.

Arranca a lo grande con Magic, uno de esos growers mágicos que suenan deliciosamente a Kylie, y que se ha ganado con honores el título de mejor single de Disco hasta el momento. Porque Say Something funciona de maravilla como momento reflexivo en el álbum y como descanso del tributo discotequero a lo grande que es –casi el resto del álbum–. Siendo un corte de espíritu tan retro como el resto, consigue sonar más decididamente actual que los otros once de la edición normal del álbum –aquí no entraremos a valorar los cortes extra de la edición deluxe–.

“Dance”, susurra al inicio de Miss a Thing, como hizo en su día en All The Lovers. No tiene esta canción la vocación de himno de aquella, pero sí un aire a los clásicos de Baccara que embriaga de primera. Es de esas canciones puente en el álbum que resultan impecables. Real Groove cierra, junto a la enérgica Supernova –sin duda, el single más claro que está por salir– y la insinuante Unstoppable, la lista de growers destinados a convertirse, casi con seguridad, en favoritos de muchos fans.

Las cosas empiezan a cambiar con Monday Blues que, junto a Dance Floor Darling y I Love It –más propia de Sophie Ellis-Bextor–, da pie a poner reparos si no te convence la vena más kitsch de Kylie. Te las imaginas funcionando bien en una boda o un Orgullo, pero en estos tiempos en que solo puedes soltar pluma bailándolas –casi– en solitario, y en casa, requieren del momento perfecto para meterse de lleno en ellas. Mucho más fácil lo pone Last Chance, irresistible a la primera, con ese estribillo eufórico que bebe por igual de los ABBA de Voulez-Vous y de los Bee Gees de Saturday Night Fever.

Todos los clichés imaginables aparecen en las letras, a base del universo en torno a las discotecas que tanto echamos de menos. Y sorprenden los guiños a Random Access Memories de Daft Punk –¿acaso no te recuerda el arranque de Dance Floor Darling a Lose Yourself to Dance?– porque nos recuerdan que el nu disco ya es tan retro como el originario de los 70. Sí, el tiempo pasa, aunque este álbum busca que te olvides de ese hecho, que celebres el hoy y ahora a través de un estilo musical que se mantiene tan lozano como Nile RodgersRaffaella Carrà.

Lástima de bajón con el empalagoso cierre que supone Celebrate You. Que sí, que se entendería que sonase al final de una sesión inolvidable para echar al público, pero que en un álbum tan breve provoca una ligera decepción, porque más bien invita a una conga descafeinada. A falta de escuchar los temas de la edición deluxe, mejor correr un tupido velo sobre esta canción, y quedarnos con el resto de Disco, una celebración, y un autohomenaje, que Kylie bien (se) merece.

⭐⭐⭐1/2

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