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Aaron Lee: “Quiero ayudar a jóvenes LGTBI que han sufrido homofobia como yo”

7 enero, 2021

La suya es una historia de resiliencia que resulta inspiradora. Aaron Lee, violinista, emprendedor y creador de la Fundación Arte que Alimenta, ha decidido compartir, a sus 32 años, la historia de su vida, ejemplo de lo complicado que sigue siendo para muchas personas LGTBI vivir con libertad.

Sufrió bullying desde pequeño, sus padres le repudiaron por ser gay, y Lee tuvo que abrirse camino en la vida solo, acompañado únicamente por su violín. Acaba de publicar su autobiografía, Yo soy el que soy, donde relata todas sus experiencias, con la esperanza de que su testimonio pueda ayudar a otras personas que vivan situaciones parecidas. Asegura sentirse abrumado por la acogida que está teniendo el libro –que se ha convertido en un espectáculo teatral, y se puede volver en Madrid del 8 de abril al 2 de mayo en el teatro Infanta Isabel–. “Me siento muy arropado y me gusta que gracias a estos proyectos vaya a hacer un bien”.

Asegura que si ha tardado más de quince años en compartir sus vivencias, que iba recogiendo en diarios, es porque necesitaba digerirlas y dejarlas reposar. “Enfrentarme a ello de una manera sana y terapéutica me ha servido para quitarme ese lastre. Y para poder decirle a otras personas que pasen por algo similar que no se hundan, quizá pueda consolarles”. El 95% de los beneficios que obtenga del libro ya tienen un destino: “Servirán para financiar un hogar, que se llamará Sylvia Rivera, para que puedan vivir en él mujeres trans que necesiten alojamiento y ayuda”.

Yo soy el que soy, en su versión para los escenarios, será el último espectáculo que se represente en el Pavón Teatro Kamikaze, que, desgraciadamente, cerrará sus puertas con él a finales de este mes. “Protagonizar esta obra de teatro basada en mi libro y estrenarlo en el Pavón Teatro Kamikaze es un honor“, asegura Lee. “Jamás me imaginé que mi historia llegaría a los escenarios tan rápidamente. El teatro es un canal mucho más directo con el público, y esto permite que el mensaje llegue a un mayor número de personas en comparación a un libro”.

Aaron Lee tiene mucha fe en esta adaptación teatral, que amplifica los estímulos de su libro autobiográfico y emociona tanto por su honestidad de su relato como por la manera en que la música lo enriquece. “No hay muchos espectáculos de este tipo”, explica, “ya que muy rara vez se puede ver música (sea o no clásica) en directo (en este caso, interpretada por un piano de cola y violín) entrelazada de la parte dramática. Esto hace que la historia tenga muchísima más fuerza y el público se entregue más“.

Bullying temprano

“Nací en Chamberí, aunque soy de origen surcoreano, y de niño viví en Barcelona. A los diez años, ya viviendo en Madrid, empecé a sufrir bullying en el colegio, por chino, marica y por tener acento catalán, muchos frentes abiertos. Cuando empecé a ser consciente de mi sexualidad, vi lo que podría suponer en el entorno familiar que me llamaran ‘maricón’.

Aprendí a marchas forzadas, de muy pequeño, lo que suponía pertenecer a una minoría racial, y después llego esto. Y la diversidad sexual en los colegios estaba muy en paños menores, los profesores no sabían cómo enfrentarse a un caso de bullying cuando se insultaba a un chico por ser gay o tener pluma.

Mi primera relación sexual, a los dieciséis, surgió en un chat de Chueca.com y fue de lo más almodovariana: en una iglesia católica con un exmonaguillo. No fue esa primera vez que recomendaría a todo el mundo, mejor en un entorno seguro y con tranquilidad”.

Armario abierto, familia cerrada

“A los diecisiete recién cumplidos salí del armario con mi familia. Fue una conversación angustiosa. Se lo dije primero a mi padre, que se mostró de lo más decepcionado. Me dijo que eso no estaba bien, que no se lo dijera a mi madre y que lo mantuviese en secreto. Pero al día siguiente se lo dijo a mi madre, y ya se montó la de Dios. Mi padre llegó a amenazarme con un cuchillo

Ya era triste pensar que yo me había aceptado a mí mismo solo semanas antes, y una vez que había llegado a ese punto, fue una putada ver la reacción de mis padres. Mi madre no era la típica ama de casa sumisa, pero sí estaba, como suele suceder en la cultura oriental, un paso por detrás; y cuando pasó ese altercado con mi padre se quedó en su habitación, escuchando las barbaridades que me estaba diciendo.

Fue muy duro. Sufrí un trastorno alimentario y perdí casi doce kilos en poco más de un mes. Me llevaron a un médico para intentar “convertirme, y me dijo que si yo lo tenía claro no pasaba nada”.

Rumbo (envenenado) a Corea

“Cuando terminé el bachillerato me dijo mi padre que nos íbamos a pasar el verano a Corea, a cambiar de aires y a recibir unas clases magistrales de violín. Fue un engaño para llevarme a una isla, para encerrarme en una prisión, en una celda minúscula, y durmiendo en el suelo en un tatami, junto a mi padre, con el ‘enemigo’. Solo me dejaron llevarme el violín. Me llevaba a iglesias para que hablaran con jóvenes que llevaban una ‘vida correcta’. El violín me ayudaba a no pensar, era mi vía de escape. Sigue siéndolo, porque me centro en la música y no pienso en otra cosa, ni me como la cabeza”.

La autotraición

“Al volver a España sentía que me había traicionado a mí mismo, porque llegué a decir que había cambiado por la gracia de Dios para intentar recuperar mi normalidad. A los dieciocho me había vuelto muy tóxico conmigo mismo. Seguía siendo un buen alumno, centrado en la música, pero por dentro lo estaba pasando muy mal. Y en casa no me dejaban escuchar ni música pop… Salvo a artistas como Alicia Keys, y porque tocaba el piano.

En el EuroPride, en 2007, descubrieron que había estado en el pregón, en la plaza de Chueca, mandaron a un detective a seguirme. Mi vida sexual se había convertido en una vía de escape, y no era sano. No podía vivir una relación correspondida, la situación en la que estaba no lo permitía. Mi vida era una olla a presión, y meses después me echaron de casa. Por fin pude naturalizar el sexo y vivirlo de otra manera”.

Vuelta a empezar

“Estaba arruinado, a veces no sabía ni dónde iba a dormir, no sabía cómo funcionaba la vida… Mi primer trabajo fue como camarero en un restaurante de Chueca. Al poco empecé a conseguir bolos como músico, pero llegó la crisis de 2008, y se cayó todo. Entonces decidí salir a la calle a tocar. Pero no me sentía miserable, sentía que me las tenía que ingeniar para salir adelante, y que era una manera también de prepararme para futuras pruebas como violinista.

Entré en la bolsa de trabajo de la Orquesta de RTVE, y tres meses después, de manera casi accidental, entré en la Orquesta Nacional de España, y eso me cambió la vida radicalmente. Cuando recibí la primera nómina, de 3.200 euros limpios, no sabía qué hacer con tanto dinero [risas]. Ahorré todo lo que pude, porque no sabía qué podía pasar. Gracias a ello, al tiempo me hice emprendedor, y en 2015 me lancé a crear la Fundación Arte que Alimenta, con el objetivo de ayudar a jóvenes del colectivo LGTB que han vivido historias parecidas a la mía”.

Visibilidad diversa para su historia

“A raíz de participar el año pasado en [el programa de Movistar+] Radio Gaga, donde conté mi historia, al ver la repercusión que tuvo me animé a escribir el libro, así que empecé a transcribir mis diarios. Primero reflexioné sobre lo que iba a suponer que mucha gente conociese mi vida, porque siempre he sido muy discreto. Pero pensé que la visibilidad que pudiera lograr con este libro tendría una repercusión positiva para mi fundación, y me decidí.

En la era post COVID, soy un artista sin trabajo, pero por suerte tengo ahorros. Aproveché el confinamiento para terminar el libro. Y con Gaby Goldman, un peso pesado del mundo de los musicales, me junté para tocar; y como surgió algo muy bonito pensamos tocarlo en la presentación del libro. A Zenon Recalde le gustó tanto la propuesta que decidió unirse con nosotros para crear un proyecto que va a ir más allá. Se lo enseñamos a Miguel del Arco, director artístico de El Pavón Teatro Kamikaze, y le gustó tanto que estrenamos este mes un espectáculo, en el que participará también la actriz Verónica Ronda, dando voz a mi historia.

No puedo estar más contento. Con mis padres apenas tengo relación, pero ya les he perdonado. No saben nada del libro ni de la obra de teatro. Igual si un día se hace una película o una serie en Netflix, se enterarán…”.

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Shangay

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