16/10/2019

Elecciones 28 abril: cuatro personas trans, cuatro votos diferentes. La diversidad del voto transexual

21 abril, 2019
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La vida da sorpresas. La crispación que se respira en los ambientes políticos y de activismo LGTBI no existe al juntar a cuatro personas transexuales de muy diferente signo político. Nos propusimos el reto de convocar a votantes trans de los cuatro partidos mayoritarios con representación parlamentaria (Partido Popular, Partido Socialista, Ciudadanos y Podemos) y lo que surgió fue la buena química entre la diversidad. La que no se ve en los telediarios. Tanto que se ha mantenido tras este reportaje en un grupo de WhatsApp que se llama ‘AmiguEs Shangay’.

“Es obvio que los únicos que han luchado por nuestros derechos han sido los partidos de izquierdas, pero eso no implica que las que hemos transicionado tengamos la obligación ideológica de votarles” [Eva, PP]

¿La clave? “Para mí es totalmente respetable que haya personas que puedan votar a otros partidos, mientras no ataquen mi forma de vida. Igual que espero que me respeten otros votantes. La única forma de evitar esta forma de discriminar es pensar que todos tenemos un corazón, y que a todos nos puede doler que nos llamen de forma despectiva maricón, bollera o transexual”, nos dice Beth Giraldo, votante socialista, cuando le preguntamos si no le importaba posar con una votante del PP, el ‘enemigo’ principal y tradicional de su partido.

Una vez más, la sociedad va muy por delante de la política. Por eso, donde unos ven puntos de unión, otros solo encuentran motivos de crispación, de desencuentro. Nadie cambió un ápice su postura después de este encuentro para la entrevista y fotos; pero sí que lograron encontrar esos lugares comunes que pueden servir para tender puentes. Para unir posturas.

Gigi Sevilla, Darko Decimavilla, Beth Giraldo y Eva Díaz, cuatro personas con votos y vidas diferentes: Ciudadanos, Unidas Podemos, PSOE y PP [Foto: www.miguelangelfernandezphoto.com]

Hay una máxima en periodismo que dice que la noticia es que el hombre muerda al perro y no al revés. Por eso, la pregunta que primero sale está clara: ¿es posible que haya trans que voten al Partido Popular? La respuesta es “sí”. Por eso comenzamos con Eva Díaz, una mujer con un voto, digamos, particular, al Partido Popular: “Desde que tengo uso de razón me he sentido mujer. Con siete añitos me recuerdo usando ropa de mi madre. Nací en el 62 –no me importa decir mi edad– y viví una época muy, muy, muy compleja, en la que ser transexual era, primero, desconocido, porque no había formación, y luego absolutamente perseguido, prohibido y negado”, nos dice para luego añadir: “Intenté encontrar mi identidad masculina, y sobrevivir con ella. De hecho me casé y tengo dos hijos, que siguen estando conmigo después de la transición, y llegó un momento de mi vida, a partir del año 2011, en el que la necesidad de ser lo que yo de verdad era fue tan bestial, tan brutal, que comencé el proceso. A finales de 2015 decidí que cambiaba mi nombre y mi identidad a nivel oficial y que dejaba de vivir como Enrique para empezar a ser Eva”.

Pero vamos al grano: ¿cómo se puede ser trans y votante del PP? Grandes risas de Eva antes de responder: “Sí, imagino que sorprende. Pero es que una cosa es mi ideología política, y otra mi condición. Es obvio que los únicos que han luchado por los derechos de las personas transexuales son los partidos de izquierdas, porque la derecha no lo ha hecho nunca. De hecho ahora mismo se sigue apuntado al carro y, sinceramente, suena más a postureo que a otra cosa. En las últimas elecciones voté PP porque el conjunto del programa, quitando los temas LGTBI, eran los que más me convencían. No me supone ningún problema. Creo que se ha luchado por una serie de cosas, pero eso no implica que las que hemos transicionado tengamos que tener obligación ideológica de votar a los partidos que, en su momento, lucharon por la transexualidad o por los derechos LGTBI. Y repito que considero que la postura actual de los partidos de derechas con el tema LGTBI es porque se han visto arrastrados a ella, pues ahora mismo es muy difícil no aceptar o no defender este movimiento. Cambiará en cuanto las personas, en este caso transexuales, vayamos ocupando posiciones de relevancia en la sociedad, no solamente en los partidos políticos. Cuando todo este tema sea suficientemente transversal para que ninguna ideología política lo pueda controlar o utilizar. Me cruzo con muchísima gente, de todas las ideologías. Vivo en Algete, donde casi todo el mundo sabe que nací hombre. Y nunca he tenido problemas. Cuando hablas a las personas de corazón, de tú a tú…. Claro que hay grupos de oposición frontal, pero mi experiencia es que la gente lo acaba entendiendo. En la medida en la que eso sea capaz de elevarse, empezará a ser tan normal que dejará de ser un asunto político”.

En ese momento, Darko, trans no binario que ha estado toda su vida vinculado a la izquierda, escucha y sonríe, pues está sentado justo al lado. “Me ha encantado lo de postureo que ha dicho Eva. Hay postureo en todos. Yo, históricamente, he sido siempre de Izquierda Unida, y cuando se juntaron para las nacionales, pues estoy con Unidas Podemos. Y sí, pienso que hay postureo en todas partes, porque dicen unas cosas y luego, al final, creo que a efectos prácticos no se llevan a cabo unas políticas que son muy necesarias, sobre todo para el colectivo trans”.

“Se puede hablar de NBfobia, que va por la no visibilidad de las personas no binarias dentro del colectivo trans, porque al final somos trans porque no nos identificamos con el género que nos asignaron al nacer” [Darko, Unidas Podemos]

Y Darko sabe de lo que habla. ‘Les’ no ‘binaries’ sufren el rechazo por partida doble, o triple: “Se puede hablar de NBfobia, que va por la no visibilidad de las personas no binarias dentro del colectivo trans, porque al final somos trans porque no nos identificamos con el género que nos asignaron al nacer. Hay mucha gente que no tiene el concepto de persona no binaria, o no lo conoce, y básicamente somos personas que no nos identificamos ni con un género ni con otro (binarismo). Y muchas veces se nos invisibiliza dentro del propio colectivo trans. Y es un gran problema. Incluso a nivel de lenguaje. Porque a las personas trans binarias se les nombra con un género, el masculino o el femenino, y es algo que está bastante aceptado. Pero el neutro cuesta mucho. Hay muchas personas que lo intentan, y se nota. Pero sigue habiendo mucho rechazo en la sociedad por cambiar y empezar a usar un lenguaje más inclusivo.”

Beth (votante del PSOE) y Eva (del PP), en un momento de la sesión de fotos.

Tiene claro los motivos por los que vota, y a quién lo hace: “Se ha propuesto una ley estatal trans, muy necesaria, que están apoyando tanto Podemos como PSOE. Pero que no nos incluye a las personas no binarias. Y a mí parece un gran error. Habría que hablar del colectivo trans en genérico y no de hombres y mujeres trans. Es como todo: no creo que haya nadie que esté de acuerdo al cien por cien con las políticas de un partido. A mí hay cosas que no me gustan y personas que no trago. Por ejemplo, a Pablo Iglesias. No me gusta nada, desde el principio. En mi opinión, ha sido un error tanto el cartel como llamarse Unidas Podemos y salir cuatro hombres. Lo mismo que decía Eva sobre el postureo en el PP. Creo que son errores muy graves. Hay cositas muy sueltas, pero faltan referentes LGTBI. Este reportaje me parece muy interesante, porque se está dando voz a un colectivo que normalmente no la tiene. Y quiero dar las gracias por ayudar a visibilizar no solo a las personas trans, en este caso mujeres –me parece muy interesante empoderarlas– sino también por dar la oportunidad a personas no binarias de participar en estos espacios, porque no siempre tenemos acceso a ellos”.

“Les voto porque proponen una España de futuro, moderna, dejando atrás un montón de situaciones muy traumáticas para mirar hacia el futuro” [Gigi, Ciudadanos]

Sobre que haya personas que voten a partidos que están en sus antípodas, nos dice: “A nivel personal, sí que me cuesta entender que haya gente de derechas LGTBI, pero puedo llegar a entender que cuando tú votas a un partido te fijas en el conjunto, y no solo en las políticas sociales. Yo antepongo las políticas sociales a las económicas. Por eso me decanto por votar a la izquierda, aunque luego pueda coincidir con alguna de sus propuestas económicas”.
Respecto al uso de las siglas LGTBI en la vida política, aporta su visión Gigi Sevilla, votante de Ciudadanos, un partido que ha estado en el punto de mira tras ser acusado de pinkwashing en la manifestación de Colón.

Albert Rivera sale con la bandera y se le critica. Lo hizo para distanciarse de los grupos que habían allí y mostrar que es un partido de centro liberal. Si con eso se consigue que parte de la población LGTBI se sienta representada, si nosotros comenzamos a irradiar esa libertad y ese ejemplo para toda la comunidad latina, hispana… En este momento somos un faro para toda Latinoamérica. Pienso que Ciudadanos lo va a hacer muy bien. Les voto porque proponen una España de futuro, moderna, dejando atrás un montón de situaciones muy traumáticas para mirar hacia el futuro. Convertir a España en lo que fue, lo que ha sido, un país grande, poderoso, que ha irradiado cultura, ideas, tecnología, conocimiento… ¿Por qué no nutrirnos de ese pasado? Como afiliada a Ciudadanos, considero que ellos tienen un proyecto bastante interesante en todo lo que es inclusión LGTBI en la sociedad. Y el respeto y la tolerancia”, asegura.

Gigi está afiliada a Ciudadanos, y Darko, trans no binario, vota a Unidas Podemos.

Gigi fue hasta hace poco votante del PSOE: “Antes era simpatizante, pero con el señor Zapatero, que fue un desastre total, se me quitaron todas las ganas. La experiencia que yo he visto en Latinoamérica y el modelo de marxismo en Europa son un desastre total. Lo que está ocurriendo en Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia… es desastroso para la población. Y en nombre de la igualdad están sometiendo a la población a una represión brutal y a unas condiciones de vida que no se merece el ser humano”. Cuando le recordamos que es el único partido que, por ahora, se ha mojado de verdad por los derechos LGTBI, nos dice: “Por supuesto, pero también fue por Carla [Antonelli] y por Pedro [Zerolo], que fueron los que llevaron adelante toda la lucha, que él apoyó. ¡Bienvenido y lo aplaudo! Pero lo que no aplaudo es la posición de diálogo con los tiranos latinoamericanos. Una democracia no dialoga con un tirano, y es lo que él está proponiendo”.

Es entonces cuando le pedimos su opinión a Beth Giraldo, votante del PSOE de toda la vida. “Es el único partido que ha legislado sobre los derechos LGTBI, ni más ni menos. Es el partido que legalizó el matrimonio homosexual, el que luchó contra la discriminación, el que peleó contra el recurso del PP, el que hizo la ley que regula la transexualidad… El único partido que ha estado siempre de nuestro lado”. Ella, como el resto, tiene claro que el colectivo trans es el más perjudicado: “Dentro del colectivo hay bastante transfobia, por desgracia. Que haya transfobia en el mundo LGTBI, que ha sufrido discriminación histórica, y que nos digan que las mujeres que no estamos operadas no somos mujeres… Nos ha pasado, hace unos meses, eso es un ataque contra la gente de tu lucha”.

“Es el único partido que ha legislado sobre los derechos LGTBI, ni más ni menos. Es el partido que legalizó el matrimonio homosexual” [Beth, PSOE]

El Partido Socialista, sin embargo, se ha distanciado de cierta parte del colectivo al rechazar la gestación subrogada. Ella lo tiene muy claro: “Es el juego de la democracia. Si en un congreso salió aprobado que el Partido Socialista iba estar en contra… Además, yo lo comparto, la utilización del cuerpo de una mujer por dinero, ¿se haría libremente? Yo lo veo complicado, es lo mismo que la prostitución. Regular algo así es complicado. Siempre estaré en contra”.

Hay otro denominador común en este reportaje: la edad adulta en la que han hecho la reasignación de género. Ante la pregunta de poder hacerlo en la adolescencia, Beth es muy clara: “Es lo mejor, dar bloqueadores a los niños para las hormonas. A mí, por ejemplo ‘la láser’ me duele muchísimo. Si les ahorras todo eso… La identidad de una persona se forja entre los dos y tres años”. Eva opina exactamente igual que Beth sobre que ese tema: “Es una gozada, una felicidad”.

Gigi, sin embargo, discrepa: “Yo en ese punto no estoy de acuerdo. La adolescencia se ha prolongado hasta los 25 años. Un decisión tan importante no se puede tomar a la edad de doce…. Yo no quisiera tomar una decisión de esta índole con las indecisiones de la adolescencia”, asegura tajante. Beth se lo rebate: “Pero si se toma a esa edad es porque el niño lo tiene muy claro. Yo lo tengo claro de toda la vida”.

Recurriendo al lenguaje inclusivo que reclama Darko, ‘todes’ están de acuerdo en por qué aceptaron hacer este reportaje: “Pensé que era rompedor, algo que se tenía que hacer. Y sí que falta gente que eche narices a la vida”, asegura Beth. “Me gustaría pensar que algún día no hará falta hacerlos, pero soy pesimista”, dice Darko. “Siempre seremos una parte de la sociedad muy exótica, que llamamos la atención por todo lo que podemos aportar”, añade Gigi. “Sí, llegará el día. ¡Pero no lo veremos nosotras!”, zanja Eva.

Mientras esperamos a que llegue, nos quedamos con la maravillosa experiencia de que es posible el buen rollo en la diversidad. Gracias a ‘todes’. De corazón.

Beth Giraldo, PSOE

«Mi transición fue tardía, empecé a los 20 años. Hay mucha gente que la empieza más tarde, y cada persona tiene su momento», nos dice. Asegura que no le supuso un mal trago: «Yo no he tenido ningún problema, ni en mi familia ni en mis amistades, ni en la política… En nada. Siempre están los típicos cafres, es cierto, pero no… Nada de problemas. Y quien mejor se lo ha tomado, a pesar de su edad, fue mi abuela. Desde que se lo dije no ha dejado de acompañarme ni un solo día al médico. Da igual el día o la hora. Lo mismo que al psiquiatra, porque yo tuve que pasar análisis psiquiátrico».

Asegura que ahora mismo está sin trabajo: «Estoy en el paro, buscando. Trabajé en la cafetería de un hospital, de cara la público y muy bien. Yo no voy diciendo por ahí que soy transexual, es algo que pertenece a mi intimidad, y si quiero lo digo, o no. Depende. Con todo el personal sanitario, que era a quien atendía, no tuve problema alguno».

Cuando le propusimos hacer este reportaje, lo tuvo también muy claro: «Pensé que era algo rompedor, que era algo que se tenía que hacer. Y sí que falta gente que le eche narices a la vida. Es una desgracia que en el mundo LGTBI, que ha sufrido discriminación histórica, haya transfobia. Y que nos digan que las mujeres que no estamos operadas no somos mujeres… Nos ha pasado, hace unos meses, y eso es un ataque contra gente de tu lucha».

Defiende la postura de su partido contra la gestación subrogada: «Es que es el juego de la democracia. Si en un congreso salió aprobado que el Partido Socialista iba estar en contra…Y yo lo comparto, la utilización del cuerpo de una mujer por dinero, ¿se haría libremente? Yo lo veo complicado, es lo mismo que la prostitución. Regular algo así es complicado. Siempre estaré en contra», nos dice tajante cuando le preguntamos con esta posición que ha despertado ciertas reticencias en parte del colectivo gay.

Darko Decimavilla, Unidas Podemos

«Tengo 31 años y me identifico como persona no binaria desde hace poco tiempo. Antes usaba la etiqueta de persona no normativa, porque veía que no encajaba en los cánones de la sociedad, de hombre o mujer. Hace como dos años, conocí en unas charlas, en el Consejo de la Juventud, en la calle Montera de Madrid, a una persona no binaria y pensé ‘pues a lo mejor esto es lo que soy’. Estuve investigando, y al final he descubierto que soy persona trans no binaria. Muchas veces cuesta, porque pierdes privilegios. Primero los pierdes al identificarte como trans, y luego ya como no binaria… Es un proceso complicado, porque no se entiende que haya personas trans que no queramos hacer esa transición. A mí he han criticado el que no me opere. Me dicen que no soy una persona trans. Yo creo son opciones completamente válidas, y que no hay que obligar, ni hacer una presión social a las personas para que se cambien, porque estoy súper convencido de que muchas personas hacen la transición no por estar ‘cómodes’ consigo ‘mismes’ sino por la sociedad. Es un gran problema».

Sobre la aceptación social por ser como es, nos dice: «Sí que es verdad que en los últimos dos años he estado en paro, pero el último trabajo que he tenido antes ha sido en Chueca y han sido muy comprensivos. Obviamente, no podía ir con la uñas pintadas, porque era hostelería y estaba trabajando con comida. Pero he hablado con ellos con libertad y nunca he tenido problemas. A mis padres, por ejemplo, no les he explicado lo que es persona no binaria. Saben que soy pansexual, que eso sí que lo saben porque se lo he explicado, y hace tiempo, sobre todo con mi madre, sí que hemos hablado de que pienso que los géneros son una imposición social. Y ella piensa que es como una etiqueta que se pone y que luego al final no se usa. En mi casa, la verdad es que no hay ningún problema. Además, en lo que es postura política y social somos de la misma opinión. Ese sufrimiento o presión nunca lo he tenido. Siempre me han educado de una manera muy abierta y no he tenido problemas. He tenido una grandísima suerte, no como ‘todes’ los que han tenido esa oposición en casa. En casa, muy guay; y en el trabajo, aunque ahora estoy buscando, bastante guay también».

Le preguntamos sobre los problemas del lenguaje inclusivo y sobre qué piensa si se le dirigen en género masculino: «Yo es que el hándicap que tengo es que a nivel personal uso los tres pronombres, dependiendo lo que sienta en ese momento. Es cierto que a nivel político suelo usar el femenino, porque creo en la importancia de usar genéricos femeninos. En ámbitos más cercanos prefiero usar la ‘e’. Pero entiendo que sí haya ‘compañeres’ a les que le sienta mal, y se está ejerciendo una presión sobre ‘elles’ bastante dura, incluso dentro del propio colectivo».

Gigi Sevilla

«Toda la vida fui superfemenina, pero es que pensaba que yo era gay. Asumía un rol absolutamente femenino y mis novios siempre fueron chicos que salieron del armario conmigo. Pero llegó un momento en el que tienes ese gusanillo por dentro, en el que piensas, aquí hay algo más, que no estás satisfecho con ser gay, sino que ‘hay algo más’. Ya había vivido todo lo que tenía que vivir. Cuando fui al médico, lo primero que le dije fue ‘yo quiero empezar el tratamiento de hormonas, hacer la transición y soy una persona adulta que no necesita ir a un psicólogo ni nada porque estoy segura de lo que quiero y a estas alturas no me voy a echar para atrás a la mitad del camino. Estoy segura de lo que quiero hacer y lo que quiero desarrollar y como vivirlo’. Y ha sido fantástico, la mejor decisión que he tomado. Yo no he tenido una situación traumatizante ni dura. Gracias a Dios que vivimos en una sociedad democrática que ha avanzado mucho en todo lo que es la tolerancia. Y nosotros, en España, nos hemos convertido en un faro de libertad para la comunidad LGTB mundial».

Gigi es venezolana: «Pero española de adopción. Gigi Sevilla es mi ‘nombre artístico’, el real es Gamal Salazar. Cuando vivía en Estados Unidos me decían Yamal, y yo decía todo el rato ‘with g, with g’. Y me quedé con Gigi [risas] y Sevilla, porque me encanta esa ciudad».

Vive y trabaja en Madrid: «Soy profesora de idiomas para niños y adultos, y coordinadora cultural en la red de bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid. ¿Mi familia? Los más allegados sufrieron un shock, pero otra parte lo que me dijo fue ‘por fin te decidiste…» [risas].

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